Alfonso Ussía Muñoz-Seca ha fallecido este viernes a los 77 años, según ha informado El Debate, cabecera en la que escribía desde 2021 y donde continuó dictando sus columnas hasta el final. Su muerte se ha producido en su casa de Ruiloba (Cantabria). Según relató Ramón Pérez-Maura en El Debate, siguió escribiendo “hasta quedarse sin voz” el pasado martes; dictó sus últimos artículos a su hija Isabel incluso después de recibir la extremaunción.

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Nacido en Madrid el 12 de febrero de 1948 y bautizado como Ildefonso María Ciríaco Cuadrato Ussía Muñoz-Seca, fue hijo de los condes de Los Gaitanes y nieto del dramaturgo Pedro Muñoz Seca asesinado en Paracuellos en noviembre de 1936. Se inició en la escritura a través de la poesía satírica y cursó –sin llegar a concluir– Derecho y Periodismo. Trabajó primero en Informaciones y publicó su primer artículo en Sábado Gráfico antes de incorporarse a ABC y su suplemento Blanco y Negro, donde desarrolló hasta 2004 una de las etapas más extensas de su producción: firmó 2.459 artículos, según la propia cabecera. Escribió también en Diario 16, Ya, Tiempo, Época, Las Provincias, Litoral y en la revista El Cocodrilo, que dirigió. Fue columnista estrella de La Razón entre 2004 y 2020, y desde 2021 formó parte del equipo de opinión de El Debate.

Finura y humor

Fue un columnista prolífico, de estilo reconocible, que cultivó el humor satírico y la crónica política con ironía, fabulación y sentido del idioma. Entre sus personajes más recordados, surgidos la mayoría de su participación en el Debate sobre el estado de la Nación del programa radiofónico Protagonistas de Luis del Olmo, figuran Floro Recatado, el entrenador de fútbol Gorroño, el padre Escolano y, sobre todo, el marqués de Sotoancho, arquetipo del señorito andaluz que protagonizó 15 libros publicados entre 1998 y 2020. Su obra literaria supera los cuarenta títulos, entre los que destacan Coplas, canciones y sonetos para antes de una guerra (1979), Fustazos y caricias (1981), Golfos, gafes y gorrones (1983), Sin acritud (1985), Y con estos... entramos en Europa (1986), los dos tomos de Tratado de las buenas maneras (1992 y 1993), El temblor diario (1999), Del coscorrón a la seda (2003) o Crónica del desastre (2005). Publicó además obras a cuatro manos con Antonio Mingote, como Patriotas adosados o ¡Que se vayan!.

Su trayectoria fue reconocida con numerosos premios: el González Ruano de Periodismo (1995), el Mariano de Cavia, el Jaime de Foxá de Literatura, el Premio de Periodismo Taurino Fundación Wellington (2010), el Premio El Papagayo por Manual del ecologista coñazo, la Pluma de Plata del Club de la Escritura, la Gran Cruz de la Orden del 2 de Mayo, la Medalla de Oro de Madrid (2018) y la Pluma de Oro (2004). Este mismo año recibió en su casa de Cantabria el Premio Cultura de la Comunidad de Madrid 2025 en la categoría de Literatura, entregado por Isabel Díaz Ayuso.

Monárquico insobornable

Monárquico convencido, fue miembro del Consejo de Don Juan, padre de Juan Carlos I. A lo largo de su carrera se vio envuelto en varios procesos judiciales –la mayoría sin consecuencias– por sus artículos, entre ellos uno por el que debió indemnizar junto a La Razón al futbolista Lionel Messi. En 2005 fue elegido por la Plataforma de Colectivos en Favor de la Unidad del Archivo de Salamanca para leer el manifiesto en defensa de la integridad del Archivo de la Guerra Civil. Académico de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Cecilia desde 1986, llegó a presentarse a la presidencia del Real Madrid en 1991.

Tras conocerse su muerte, han llegado mensajes de condolencia desde el ámbito institucional. La presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso –que el pasado mes de agosto se trasladó a Cantabria para entregarle el Premio de Cultura de la Comunidad de Madrid– lo recordó como una figura “a quien vamos a echar tanto de menos”, y lo incluyó entre los nombres que conectan el imaginario cultural hispánico. El alcalde José Luis Martínez-Almeida destacó su “lealtad a su oficio y a sus lectores” y lo definió como “gran escritor y defensor firme de sus principios: la libertad, la Corona y la nación”.

Alfonso Ussía estaba casado con Pilar Hornedo y tenía tres hijos y siete nietos. Con ellos, y hasta prácticamente el último día, mantuvo la costumbre de dictar sus columnas. Vivió la literatura y el periodismo como continuidad de vida, y esa constancia –a veces polémica, siempre reconocible– ha quedado como una de sus señas más nítidas.

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