Noelia Castillo Ramos, una joven de 25 años de Barcelona con paraplejia, recibirá la prestación de eutanasia este jueves tras un arduo proceso judicial de casi dos años marcado por la firme oposición de su padre. A pesar de los reiterados intentos legales de su progenitor por frenar el procedimiento alegando falta de capacidad mental, todas las instancias jurídicas —desde el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña hasta el Tribunal Supremo, el Constitucional y, finalmente, el Tribunal Europeo de Derechos Humanoshan ratificado la plena autonomía y competencia de Noelia para decidir sobre su propia vida. 

La joven, que ha expresado su deseo de "irse en paz", pone fin así a un conflicto que ha reabierto el debate público sobre los límites de la libertad individual frente a la resistencia familiar en el ejercicio del derecho a una muerte digna.

Noelia revela una biografía marcada por el dolor físico y por una profunda fractura emocional. Aunque la prestación se le concede legalmente debido a una lesión medular irreversible, su deseo de "dejar de sufrir" muestra un factor que la psicóloga Mercedes Bermejo recoge: "Las personas con pensamientos suicidas, no buscan morir, quieren descansar por fin."

Un trasfondo de trauma y soledad

Noelia ha descrito su realidad como un "mundo oscuro" que precede incluso al accidente que la dejó parapléjica. Ella nos habla de sucesos que para ella han sido desgarradores.  La joven nos explica cómo sufrió abusos por parte de una pareja con la que había estado cuatro años, además de otras agresiones sexuales en otros contextos.

Noelia recuerda una adolescencia difícil tras la separación de sus padres, marcada por la pérdida de la custodia y condiciones de insalubridad en su entorno. Antes de solicitar la eutanasia, Noelia ya acumulaba varios intentos de suicidio y estancias en centros psiquiátricos, sintiéndose "sola" y desconectada de un mundo que no le gusta.

La fractura familiar

"¿Para qué me quiere viva, para tenerme en un hospital?". La joven critica la ausencia de su progenitor en los momentos que más lo necesitó y rechaza la frialdad con la que él describe su estado emocional. "La felicidad de un padre no puede estar por encima de la de una hija", sentencia Noelia, quien ha decidido pasar sus últimas horas lejos de la mirada de su madre para ahorrarle ese impacto.

Los últimos deseos 

En un intento por recuperar la autonomía que siente haber perdido, Noelia ha diseñado meticulosamente su despedida. Pasará su última noche con su madre y se ha dado un gran abrazo con su "yaya" (su abuela por parte de madre), la cual ha sido su gran apoyo.

Ha elegido morir en su propia habitación y "morirse mona", cuidando su estética para el final, como un último acto de control sobre su propia identidad. Ella insiste en que no quiere ser ejemplo de nada, solo alcanzar la paz que no ha encontrado. "Simplemente quiero irme y punto".