La vida sexual y sentimental de los españoles es tan variada en gustos y formas como sus opiniones políticas. Pero hay algunos consensos sobre qué tipo de cosas mantienen las relaciones más estables, los que así las quieren tener. Según el estudio Sexualidad, hábitos y opiniones del CIS, un 85,5% de la población considera que la independencia económica es muy o bastante importante en una relación sentimental, prácticamente al mismo nivel que la convivencia bajo el mismo techo, que valora así el 84,8%. 

Si el dinero da estabilidad en las relaciones, la creatividad sirve para enriquecer la vida sexual. Un 58,5% reconoce haber utilizado alguna vez productos eróticos -juguetes sexuales, lubricantes, aceites u otros objetos- para estimular el placer, y más de la mitad de los encuestados (56,7%) está muy o bastante de acuerdo con que su uso enriquece la vida sexual. 

El sondeo, realizado con una muestra de 4.009 entrevistas telefónicas a población adulta en toda España, muestra que para el 73,5% de los ciudadanos tener una relación sentimental es importante para llevar una vida satisfactoria. Un 69,2% afirma tener pareja en la actualidad, y entre ellos el modelo dominante sigue siendo la pareja monógama: el 97,4% dice tener una relación de pareja con una sola persona, mientras las relaciones abiertas o el poliamor son más marginales. Dentro de ese marco tradicional, sin embargo, el equilibrio económico aparece como condición casi imprescindible: solo un 12,8% considera poco o nada importante la independencia económica en la relación.

En cuanto a cómo se perciben las relaciones afectivo‑sexuales hoy frente a hace 50 años, la gente ve un cambio profundo y ambivalente. Por un lado, se las considera más inestables (78,8% muy o bastante de acuerdo) y generadoras de más incertidumbres (61,8%). Por otro, se perciben más igualitarias entre hombres y mujeres (75,6%) y con mayor libertad individual (81,6%), además de menos influidas por prejuicios (67,3%) y fuertemente transformadas por redes sociales e Internet (73,3%).

La encuesta subraya que la mayoría de los españoles percibe un cambio profundo en la forma de relacionarse respecto a hace medio siglo. Un 78,8% cree que las relaciones afectivas y sexuales son hoy más inestables que antes y un 61,8% opina que generan más incertidumbres, pero al mismo tiempo un 81,6% considera que permiten mayor libertad individual y un 75,6% que son más igualitarias entre hombres y mujeres. También un 73,3% afirma que las redes sociales e Internet han transformado profundamente estas relaciones, y un 64,2% las percibe como más placenteras que hace 50 años.

En el terreno estrictamente sexual, el CIS señala que el 75,1% de los entrevistados ha tenido relaciones sexuales con su pareja o con otras personas en los últimos 12 meses. Entre quienes no han mantenido relaciones en el último año, el principal motivo que alegan es la falta de interés o deseo sexual (16,3%), seguido de la viudedad (13,5%) y los problemas de salud propios o de la pareja (11,2%).

En cuanto a experiencias menos convencionales, un 12,9% dice haber tenido relaciones abiertas en algún momento de su vida, un 7,9% ha practicado dominación o sumisión, un 6,8% fetichismos específicos, un 5,2% poliamor y un 4,7% ha participado en orgías. Aunque estas prácticas siguen siendo minoritarias, para una parte de quienes las han probado forman ya parte habitual de su vida sexual. 

Quién quiere sexo con un robot

El capítulo dedicado a los productos eróticos es uno de los que mejor retrata la normalización del juego sexual en España. De ese 58,5% que ha usado objetos para estimular el placer, los más frecuentes son los aceites, lubricantes y cosmética erótica (92,9%), seguidos de los juguetes sexuales (75,8%) y de la ropa, lencería o accesorios eróticos (61%). La mayoría declara que los ha utilizado sobre todo con una pareja estable: por ejemplo, un 70,7% de quienes usan aceites o lubricantes lo hacen principalmente con su pareja, y un 50% sitúa ahí también el uso de juguetes sexuales, mientras un 36,8% combina su empleo tanto en solitario como en pareja. Los motivos principales son la curiosidad o experimentación (33,9%), la mejora de la satisfacción sexual (26,1%) y la diversión (23,8%), muy por delante de la influencia de redes sociales o recomendaciones médicas. 

Esa apertura hacia los juguetes contrasta con el rechazo amplio a los robots diseñados con fines sexuales. Un 80,6% de los encuestados afirma que en ningún caso estaría dispuesto a tener relaciones con robots humanoides de uso sexual y solo un 4,4% dice que estaría mucho o bastante dispuesto.