El aceite de oliva continúa siendo uno de los productos imprescindibles de la cesta de la compra en España. Se utiliza para cocinar, aliñar ensaladas, preparar salsas o freír y, pese a que su precio ha obligado a muchos hogares a mirar más que nunca la etiqueta, sigue ocupando un lugar fijo en las despensas. La variedad de botellas, formatos, marcas blancas, sellos y denominaciones que se acumulan en los lineales puede hacer que la elección parezca más complicada de lo que es.
No todo depende del precio ni de escoger la marca más conocida. De hecho, una encuesta de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), realizada entre 1.015 personas de 25 a 79 años, revela que el tipo de aceite es el factor más importante al comprar para el 78% de los consumidores. Después aparecen el precio y el origen, mientras que la marca tiene un peso mucho menor en la decisión.
La clave, por tanto, pasa por entender qué se está comprando, revisar los datos que aporta el envase y conservar el producto adecuadamente una vez llega a casa. Estas son las pautas que conviene seguir antes de meter una botella en el carro.
El tipo de aceite es lo primero
La primera recomendación de la OCU es clara. Hay que fijarse en la categoría que aparece en la etiqueta. El aceite de oliva virgen extra, conocido por las siglas AOVE, es el de mayor calidad dentro de los aceites de oliva vírgenes. Se obtiene de aceitunas únicamente mediante procedimientos físicos. Además debe presentar una acidez máxima de 0,8%, además de un aroma afrutado y ausencia de defectos en la cata.
El aceite de oliva virgen también procede directamente de la aceituna, aunque puede presentar algún defecto sensorial leve y admite una acidez mayor. Por su parte, la denominación "aceite de oliva" corresponde a una mezcla de aceite refinado y aceite de oliva virgen; es una alternativa útil para cocina diaria, pero no equivale a un virgen extra en perfil sensorial ni en categoría. La normativa española distingue expresamente entre aceite de oliva virgen extra, virgen, refinado y las mezclas de refinado con aceites vírgenes.
Por eso, si la prioridad es disfrutarlo en crudo, en tostadas, ensaladas o platos donde su sabor tenga protagonismo, el AOVE es la opción más recomendable. Para guisos y frituras, el resto de categorías también puede encajar según el presupuesto y el uso previsto.
El origen ayuda a decidir
El segundo aspecto que conviene revisar es el origen. La OCU aconseja comprobarlo especialmente cuando el comprador busca un aceite vinculado a una zona productora determinada. El 83% de los consumidores que adquiere aceite habitualmente en cooperativas considera importante la procedencia del producto.
El etiquetado debe incluir el origen geográfico, aunque no siempre ofrece el nivel de detalle que busca el consumidor. Si aparecen referencias a una provincia, una almazara, una cooperativa o una denominación de origen protegida, se facilita la trazabilidad y se ofrece una pista adicional sobre la procedencia del aceite. Jaén, por ejemplo, destaca como la provincia con mayor presencia entre quienes compran aceite en cooperativa.
Comprar directamente en cooperativas es otra posibilidad, sobre todo para quienes buscan cercanía con el productor. Según la OCU, el 22% de los encuestados recurre habitualmente a este canal, donde pesan la percepción de calidad, el apoyo directo al agricultor y la relación calidad-precio.
La marca no debe decidir sola
La popularidad de una marca de aceite de oliva no garantiza por sí misma que sea la mejor elección. La OCU subraya que el tipo de aceite y su procedencia pueden ser más relevantes que el nombre comercial. De hecho, en uno de sus análisis de AOVE de supermercado, cinco de los diez aceites mejor valorados eran de marca blanca y resultaban, de media, 1,5 euros más baratos por litro.
Para comparar de forma justa, conviene mirar siempre el precio por litro y no únicamente el importe final de la botella. Un envase grande puede parecer más caro, pero tener un coste unitario inferior; aun así, solo merece la pena si se va a consumir con rapidez y se puede guardar bien.
También es recomendable comprobar la fecha de consumo preferente. Superarla no implica que el aceite sea inseguro, pero con el tiempo puede perder intensidad aromática y ofrecer sabores más planos o rancios. Si el envase incorpora fecha de cosecha o de envasado, aporta una referencia adicional de frescura, aunque no siempre es un dato obligatorio.
La conservación empieza en el lineal
Una buena compra puede empeorar si el aceite se expone a luz y calor durante demasiado tiempo. La OCU recomienda conservarlo en casa protegido de ambos elementos, preferiblemente en un armario fresco, seco y alejado de la placa, el horno o una ventana soleada.
Por esa razón, también resulta preferible evitar botellas transparentes expuestas directamente a la iluminación del supermercado. Los envases oscuros, opacos o en lata ayudan a limitar la incidencia de la luz, uno de los principales factores que acelera la oxidación del producto. Tras cada uso, la botella debe quedar bien cerrada.
Elegir un buen aceite de oliva no exige memorizar marcas ni pagar siempre el precio más alto. Basta con priorizar un AOVE cuando el uso lo requiera, revisar el origen, comparar el coste por litro y cuidar el producto desde el momento en que entra en la cocina.
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