El Museo del Prado ha presentado este miércoles su programación para 2026 con una idea clara sobre la mesa: crecer sin colapsar. O, dicho en palabras de su director, Miguel Falomir, evitar que la visita acabe pareciéndose a “coger el metro en hora punta”. El récord de 3,5 millones de visitantes alcanzado en 2025 ha confirmado el atractivo de la pinacoteca, pero también ha encendido una señal de alerta interna sobre la experiencia del público.
La respuesta será el llamado Proyecto Anfitrión, un conjunto de medidas todavía en desarrollo para reorganizar la circulación dentro del museo, aprovechar mejor los accesos, limitar el tamaño de los grupos guiados y mantener restricciones ya vigentes, como la prohibición de hacer fotografías. La premisa, según explicó Falomir, no es sumar más visitantes, sino permitir que los cuadros puedan verse sin atravesar “un mar de cabezas y brazos”.
Ese planteamiento atraviesa también la programación expositiva del próximo año. El Prado ha optado por un calendario más temático que nominal, menos centrado en grandes nombres y más en líneas de lectura histórica, geográfica y museológica. Una elección posible, subrayó Falomir, porque la institución no depende de las exposiciones temporales para hacer caja: la mayoría del público acude por la colección permanente, que sostiene buena parte de los ingresos.
Tres reinas y nuevas miradas
Uno de los ejes de 2026 será el refuerzo del programa El Prado en femenino, articulado en torno a tres figuras clave en la historia de la colección: Isabel de Farnesio, Cristina de Suecia y Mariana de Austria. A la actual atención sobre Farnesio se sumará la revalorización de las salas dedicadas a Cristina de Suecia y una exposición específica sobre Mariana de Austria, centrada en la evolución de su imagen pública y política a través de pinturas, esculturas, medallas y manuscritos ilustrados.
La gran exposición del año llegará a finales de mayo con A la manera de Italia. España y el gótico mediterráneo (1320–1420), una ambiciosa muestra que reunirá más de un centenar de obras para explicar la influencia italiana en el desarrollo del gótico español. Pinturas, esculturas, dibujos y textiles procedentes de 56 instituciones –31 nacionales y 25 extranjeras– compondrán un recorrido complejo tanto desde el punto de vista curatorial como logístico, con piezas que nunca habían salido de su emplazamiento original desde el siglo XIV.
Salir del triángulo clásico
El Prado ampliará también su foco habitual con exposiciones dedicadas al Renacimiento alemán –con una muestra sobre Hans Baldung Grien– y con Rilke y el arte español, en el centenario de la muerte del escritor, que pondrá en diálogo su obra con artistas como El Greco o Zuloaga.
Otra línea de trabajo será la reflexión sobre la propia institución. El Prado del siglo XXI revisará la transformación del museo en los últimos 25 años: del salto de dos a 3,5 millones de visitantes, la ampliación de superficie de 50.000 a 70.000 metros cuadrados y la incorporación de más de 13.000 obras a la colección. En ese contexto se inscriben también las exposiciones fotográficas El Prado multiplicado y El universo del artista ante la cámara.
Entre las propuestas más singulares figura la recuperación crítica de El año del hambre en Madrid (1818), de José Aparicio, una obra que fue central y polémica en el siglo XIX, cayó después en el descrédito y acabó relegada a un depósito municipal. “Era infinitamente más valorada que Goya y pasó a convertirse en chiste”, recordó Falomir, como ejemplo de los vaivenes del juicio histórico.
Salón de Reinos: más espacio, menos presión
La presentación de la programación ha servido también para mostrar el avance –por fin visible– de las obras del Salón de Reinos, cuya reforma permitirá ampliar el museo en casi 9.500 metros cuadrados. Tras una fase inicial marcada por problemas estructurales y sobrecostes, el proyecto ha entrado en su tramo más vistoso, con la vista puesta en concluir las obras en 2027 e inaugurar el espacio en 2028.
Con más salas y una circulación mejor pensada, el Prado aspira a resolver una paradoja contemporánea: ser uno de los museos más visitados del mundo sin que la experiencia consista en sobrevivir a la multitud. En 2026, al menos sobre el papel, la pinacoteca ha decidido que crecer no significa necesariamente apretar.
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