Ferrari acaba de presentar el interior y la interfaz de su primer deportivo totalmente eléctrico. Y, con ello, ha puesto nombre a un proyecto llamado a inaugurar una nueva etapa en la casa de Maranello: Ferrari Luce. La revelación ha tenido lugar en San Francisco, sede de LoveFrom, el estudio fundado por Jony Ive, diseñador de productos emblemáticos de Apple como el iPhone original, con el que la marca italiana lleva cinco años colaborando en el desarrollo del modelo. La presentación del vehículo completo está prevista para mayo en Italia.

Luce –luz, iluminación– es algo más que un nombre comercial. Ferrari lo ha presentado como una declaración de principios: la electrificación entendida “como un medio, no como un fin”, y el diseño como lugar de encuentro entre ingeniería e imaginación. No se trata, insiste la compañía, de definir una tecnología concreta, sino de inaugurar una forma de pensar el coche eléctrico desde los valores históricos de la marca.

Esa ambición se concreta, por ahora, en el interior. Y el resultado es extraordinario. El habitáculo del Ferrari Luce se ha concebido como un volumen único y despejado, con formas simplificadas y racionalizadas al servicio de la conducción que recuerdan inevitablemente a la excelente usabilidad de los productos diseñados por Jony Ive para Apple. Hardware y software se han desarrollado de manera conjunta para que arquitectura física y comportamiento de la interfaz funcionen como un conjunto coherente. Los elementos esenciales –cuadro de instrumentos o binnacle, panel de control y consola central– están organizados de forma clara en torno a entradas (controles) y salidas (pantallas), con jerarquías visibles y sin sobrecarga gráfica.

Vuelven los botones (sin renunciar a las pantallas)

La colaboración con LoveFrom explica buena parte de ese planteamiento. El colectivo creativo dirigido por Jony Ive y el diseñador industrial Marc Newson, con estudios en San Francisco y Londres, ha trabajado junto al Centro Stile Ferrari, dirigido por Flavio Manzoni, afinando el concepto inicial hasta adaptarlo a las exigencias funcionales, de empaquetado y de homologación propias de un deportivo de producción. El objetivo no ha sido “reinventar lo que ya funciona”, sino depurar cada solución hasta su forma más esencial.

Frente a la tendencia dominante en los coches actuales, Ferrari ha apostado por una interfaz que prioriza la tactilidad. El Luce combina pantallas digitales multifunción con botones mecánicos, diales y conmutadores de precisión, inspirados tanto en deportivos clásicos como en monoplazas de Fórmula 1, que últimamente han sido desplazados de los turismos comerciales, donde todo son pantallas. La intención es reducir la carga cognitiva del conductor y hacer que cada interacción sea directa y reconocible, sin depender exclusivamente del tacto sobre vidrio.

El volante condensa ese equilibrio entre herencia y actualización. De tres radios y estructura de aluminio vista, reinterpreta los clásicos volantes Nardi de los años cincuenta y sesenta. Está fabricado en aluminio 100% reciclado, pesa 400 gramos menos que un volante estándar de Ferrari y concentra los mandos en dos módulos analógicos. Cada botón ha sido ajustado tras más de veinte pruebas con pilotos de la marca para afinar respuesta mecánica y sonido.

El puesto de conducción definitivo

También el arranque del coche se ha planteado como un ritual. La llave, realizada en Corning Gorilla Glass –un vidrio técnico reforzado, habitual en la electrónica de consumo, diseñado para resistir impactos y arañazos sin perder claridad óptica–, incorpora una pantalla E Ink que solo consume energía al cambiar de color, una primicia en automoción. Al insertarla en su alojamiento de la consola central, la llave pasa de amarillo a negro y activa una secuencia sincronizada de iluminación en el panel de control y el binnacle, marcando el paso de la quietud a la conducción.

El sistema de pantallas se articula en tres puntos: binnacle, panel central y panel trasero. El binnacle, montado en la columna de dirección –una novedad en la gama Ferrari–, se mueve con el volante para optimizar la visibilidad. Utiliza dos pantallas OLED superpuestas y ultrafinas, desarrolladas con ingenieros de Samsung Display, con tres grandes recortes que dejan ver la información del panel posterior y crean una sensación de profundidad poco habitual en un coche de serie.

El panel de control central, montado sobre una rótula, puede orientarse hacia el conductor o el pasajero. Incluye un reposamanos que permite interactuar con los controles sin apartar la vista de la carretera. En él destaca un multigraph de microingeniería, con tres agujas de aluminio anodizado movidas por motores independientes y cuatro modos –reloj, cronógrafo, brújula y launch control–, con transiciones animadas que remiten a la alta relojería.

Un giro consciente hacia el paradigma IA

Los materiales refuerzan la idea de precisión industrial y durabilidad. El aluminio procede de una aleación reciclada al 100%, mecanizada a partir de bloques macizos mediante CNC de tres y cinco ejes y sometida a un avanzado proceso de anodizado que genera una microestructura hexagonal para mejorar resistencia y tacto. El vidrio empleado en consola, shifter y paneles es Gorilla Glass, trabajado con técnicas láser inéditas en interiores de automóvil para lograr gráficos de extrema uniformidad.

Más allá del objeto, el Ferrari Luce se inserta en un contexto más amplio. La implicación de Jony Ive y LoveFrom conecta este proyecto con su giro reciente hacia el hardware vinculado a la inteligencia artificial, escenificado hace menos de un año con su alianza con OpenAI, dirigida por Sam Altman. En Maranello, ese enfoque se traduce en un coche que no quiere comportarse como un dispositivo, pero sí asimilar la claridad, la economía de gestos y la intuición que marcaron una época en la electrónica de consumo.

Ferrari presenta el Luce como el inicio de una nueva estrategia de nombres y como una incorporación “significativa” a su gama. El exterior se conocerá en mayo. Por ahora, el interior define el marco: electrificación sin ruptura estética, innovación sin estridencias y una lectura del futuro que pasa, paradójicamente, por mirar con cuidado al pasado.