“Icario recibió a Dioniso, quien le entregó un esqueje de vid y le enseñó el arte de hacer vino”. El mito, recogido por Pseudo-Apolodoro, sitúa el origen del vino en Grecia como un acto de transmisión: de dios a hombre, de conocimiento a terruó. Pero también como advertencia. Los primeros que lo probaron, incapaces de entenderlo, creyeron haber sido envenenados y mataron a quien lo había compartido.

Siglos después, Grecia vuelve a aprender —y a enseñar— el vino. Durante décadas, sus botellas fueron poco más que un mal recuerdo turístico, asociadas a tabernas descuidadas y sabores planos. Hoy, sin embargo, el país vive una resurrección silenciosa, impulsada por pequeñas bodegas, negocios familiares que han recuperado variedades autóctonas, técnicas ancestrales y una relación íntima con el paisaje. Sobre esa transformación se construye el viaje que propone Variety Cruises, una compañía griega que cada septiembre organiza un crucero que no solo recorre islas, sino que sigue el rastro de su revolución enológica.

El alma del proyecto es el británico Tim Clarke, historiador y experto en vinos, que en los años noventa detectó algo que pasaba desapercibido: el vino griego estaba cambiando, pero de forma fragmentada. “De repente podías venir a Grecia y encontrar vinos muy interesantes, muy distintos, pero estaban dispersos por todas partes”, explica Clarke a El Independiente. En un país definido por el mar, la solución era evidente: unirlos navegando. “Grecia es mar. La única manera lógica de hacerlo era en barco”.

Así alumbró este crucero a bordo del M/S Panorama, un velero de pequeño formato que durante ocho días conecta Atenas con algunas de las zonas vitivinícolas más dinámicas del país. Lejos del turismo masivo, el itinerario apuesta por una escala íntima: pocas decenas de pasajeros, puertos pequeños y visitas a bodegas donde el relato no está guionizado. “No se trata de ir a grandes nombres, sino de hablar con gente que tiene una visión y que empieza desde abajo”, resume Clarke. En ese principio se sostiene todo el recorrido.

A bordo de un velero que serpentea entre las islas del Egeo, Clarke ha diseñado un itinerario que es, en realidad, una arqueología líquida: un recorrido por la Grecia que vuelve a contarse a sí misma a través de sus viñas. Durante ocho días, la travesía enlaza seis escalas clave: Tinos, Syros, Santorini, Milos, Monemvasia y Nemea. Cada una ofrece una lectura distinta del vino griego contemporáneo. Todas, juntas, componen un mapa en plena transformación.

Tinos | Francisco Carrión

Tinos, la isla de las 700 iglesias donde el vino resiste

Bodega: Volacus

Tinos es, ante todo, una isla de fe. Sus colinas están salpicadas de iglesias, ermitas y pueblos de mármol que miran al mar con una sobriedad casi monástica. Hay feligreses que incluso recorren tramos de la isla de rodillas en busca de una ayuda y de un milagro. Pero bajo esa capa espiritual emerge otro relato: el de una viticultura que ha sobrevivido a condiciones extremas.

En este paisaje de viento constante y suelo granítico se levanta Volacus, una de las nuevas bodegas que mejor simboliza el nuevo pulso del vino griego. Sus viñedos crecen entre rocas dispersas, en un entorno que obliga a la vid a luchar por cada racimo. El resultado son vinos tensos, salinos, de marcada mineralidad. “Es una isla con una larga tradición vinícola, que se remonta a cuando en la edad media los venecianos gobernaban la isla y exportaban vino local a Europa”, relata Eirini Dellatola, una de las precursoras del negocio iniciado en 2009.

Aquí el visitante no encuentra un discurso prefabricado sino un proyecto en construcción. Tinos representa el inicio del viaje en su sentido más literal: la fase germinal de una revolución vinícola que todavía se está definiendo. En Tinos siete bodegas tratan de recuperar el aliento.

Syros

Syros, la revelación fuera del radar

Bodega: Ousyra

Si Tinos es aspereza, Syros es elegancia. Capital administrativa de las Cícladas, su arquitectura neoclásica y su aire urbano la distinguen del resto del archipiélago. No era, hasta hace poco, una isla asociada al vino.

Por eso la visita a Ousyra funciona como un descubrimiento. El proyecto, liderado por Edward Maitland-Makgill-Crichton, ha colocado a Syros en el mapa enológico en tiempo récord. “Fue el gran hallazgo del viaje”, reconoce Clarke. “Ver lo que están haciendo y la calidad que han alcanzado tan pronto resulta impresionante”.

Ousyra trabaja con variedades locales y técnicas que miran al pasado —incluida la vinificación en ánfora— pero con una mentalidad contemporánea. Syros encarna esa nueva Grecia del vino que surge en lugares inesperados, lejos de las denominaciones históricas. “No es fácil pero es un proceso divertido, donde todo es artesanal con variedades locales”, admite Maitland-Makgill-Crichton.

Turísticamente, la isla ofrece además un respiro: plazas abiertas, cafés frente al puerto, una vida cotidiana menos condicionada por el turismo de masas. Un equilibrio que el vino, aquí, todavía no ha roto.

El crucero de Variety Cruises

Santorini, el mito y la presión del éxito

Bodega: Estate Argyros

Santorini es el icono. Sus acantilados volcánicos, sus pueblos encaramados al vacío y su luz blanca la han convertido en una de las imágenes más reconocibles del Mediterráneo, con legiones de turistas que no comulgan bien con su hábitat. Es también una de las regiones vinícolas más singulares del mundo.

La visita a Estate Argyros permite entender por qué. Sus viñas centenarias, cultivadas en forma de cesta para protegerse del viento, producen algunos de los mejores Assyrtiko del país: vinos de acidez vibrante, profundamente minerales, capaces de envejecer durante décadas.

Aquí el vino es inseparable del paisaje. Pero también del turismo. Santorini ejemplifica la paradoja del éxito: la fama que ha impulsado sus vinos es la misma que amenaza con desbordarlos. Clarke lo observa con cautela: el reto ya no es solo producir calidad, sino preservar la autenticidad en un entorno cada vez más saturado.

Bodega de Konstantinis | Francisco Carrión

Milos, del pasado minero al futuro vinícola

Bodega: Konstantakis

Milos es una isla de contrastes. Sus playas de agua turquesa y formaciones rocosas parecen esculpidas por la luz, pero su historia reciente está marcada por la minería. Durante décadas, la extracción dominó la economía local.

Hoy, ese paisaje se transforma. En Konstantakis, una bodega familiar, el visitante asiste a esa mutación: antiguos terrenos industriales convertidos en viñedos que expresan el carácter volcánico de la isla.

Milos introduce una idea clave en el viaje: el vino griego no solo recupera tradiciones, también reinterpreta territorios. No todo es herencia. También hay reinvención.

Un viñedo en Monemvasia

Monemvasia, donde el vino vuelve de la historia

Bodega: Monemvasia Winery Tsimbidi

Pocas escalas tienen la carga simbólica de Monemvasia. La ciudad fortificada, incrustada en un peñón frente al mar, parece detenida en el tiempo. Sus murallas, sus callejuelas y sus iglesias evocan un pasado en el que esta costa fue un nodo comercial clave.

Aquí nació la Malvasía, uno de los vinos más prestigiosos de Europa durante la Edad Media. Su desaparición fue casi total. Su recuperación, una empresa quijotesca.

La visita a Monemvasia Winery Tsimbidi permite asistir a ese proceso. La bodega ha rescatado variedades locales y técnicas antiguas para devolver a la Malvasía su lugar en el mapa. Clarke sigue este proyecto desde hace años y lo considera uno de los ejemplos más sólidos del renacimiento del vino griego.

Monemvasia no es solo una parada. Es una declaración de intenciones: el pasado no se contempla, se reconstruye.

Bodega de Semeli. | Francisco Carrión

Nemea, el peso de la tierra

Bodegas: Gaia y Semeli

El viaje culmina en el Peloponeso, lejos ya de la fragmentación insular. En Nemea, la principal región de tintos del país, el paisaje se vuelve más agrícola, más continuo, más profundo.

Las visitas a Gaia Winery y Semeli Winery permiten explorar la agiorghitiko, la uva emblemática de la zona. Vinos estructurados, con capacidad de guarda, que contrastan con los blancos afilados de las islas.

Nemea es la prueba de que el renacimiento del vino griego no es solo marítimo. También se está gestando en el interior, en regiones que durante años quedaron al margen del foco internacional.

El regreso de un país en una copa

A lo largo del viaje, entre cubierta, viñedos y baños en calas inaccesibles, se dibuja una conclusión clara: Grecia ha vuelto. Sus vinos, durante décadas relegados, ocupan de nuevo un lugar en el mapa global.

Pero Clarke insiste en que el verdadero valor no está en el reconocimiento exterior, sino en la forma en que se está produciendo ese regreso: proyectos pequeños, variedades autóctonas, técnicas ancestrales reinterpretadas. Y, sobre todo, personas. “Prefiero a alguien apasionado antes que a alguien que repite un guion”, aclara. Porque en esa pasión —en la conversación directa con quien cultiva, vinifica y explica— es donde el vino recupera su sentido original.

Dioniso -el dios griego del vino; Baco para los romanos- era también el dios del éxtasis, de la transformación y del desorden creativo. Quizá por eso este viaje no es un itinerario cerrado, sino un proceso en marcha. Grecia no está simplemente produciendo vino. Está volviendo a contarse a sí misma. Y lo hace navegando. “Lo interesante siempre ocurre cuando hablas con quien realmente está haciendo el vino. Una copa es una forma de entender un lugar”.

“Wines of Greece”, un crucero enológico por Grecia

Empresa organizadora. Variety Cruises
Naviera griega especializada en cruceros de pequeño formato (máximo 50 pasajeros), con sede en Atenas y centrada en itinerarios boutique por el Mediterráneo y otros destinos. Puedes consultar el itinerario completo y disponibilidad aquí:
Wines of Greece cruise

Itinerario básico

Salida y llegada: Atenas (Marina Zeas, puerto del Pireo)

Duración

8 días / 7 noches

Ruta tipo: Atenas – Tinos – Samos – Santorini – Milos – Monemvasia – Nafplio/Nemea – Atenas

Dónde quedarse en Atenas

Athens Retro, es un hotel boutique totalmente nuevo con solo 16 habitaciones en el centro de la ciudad.

Herodion Hotel, un hotel junto a la Acrópolis, a un paso a pie del centro de Atenas.

Cómo volar a Atenas

Aegean Airlines, la aerolínea griega, ofrece vuelos diarios desde Madrid y otros aeropuertos españoles.

Más información: Discover Greece