Entre el mediterráneo y el atlántico, Tarifa no es una isla ni mucho menos un lugar deshabitado, especialmente en julio y agosto. El otrora temible viento de levante -aliado perfecto en tiempos de piratas berberiscos y corsarios para saquear y huir a toda velocidad- se ha convertido ahora en uno de sus mayores atractivos, haciendo de su entorno natural un codiciado botín donde autenticidad y sostenibilidad conviven en la misma ecuación vacacional.
Familias, jóvenes, y no tan jóvenes, aspiran a alojarse en esta zona tensionada por los estragos del turismo, como el resto de la costa nacional. Su ubicación dentro del Parque Natural del Estrecho ha evitado que la especulación inmobiliaria haya arruinado una forma de entender el disfrute de las playas y el paisaje, inclinando la balanza de la oferta hotelera hacia los campings, una opción que permite vivir una experiencia que solo el que la prueba comprende.
No obstante, aunque las ansias de libertad y el afán por convivir en contacto directo con el medio ambiente permanecen intactas en todos los rangos de edad, el movimiento hippie ya queda lejos. Decía Robert Louis Stevenson que "jóvenes o viejos, todos estamos en nuestro último crucero"y lo cierto es que aspectos como la comodidad, la calidad de las instalaciones y el acceso a servicios propios de un hotel son cada vez más apreciados por cualquier tipo de viajero, aunque sin renunciar a la experiencia de vivir, y también dormir, en plena naturaleza conservando la esencia de viaje iniciático que conlleva toda aventura.
Bajo esa premisa, Taiga, empresa especializada en campings resorts, ha inaugurado la versión renovada del camping de Valdevaqueros. La oferta de alojamiento incluye desde las tiny homes, diseñadas para acoger hasta seis personas con un nivel de detalle difícil de igualar, hasta los nuevos bungalows, ambos equipados con cocina completa, climatización y baño privado. A esta propuesta se suman los evocadores glampings, que parecen sacados de una película de Wes Anderson y presumen de nombres tan sugerentes como Oasis, Kala, Siroa o Bruma. Todos los alojamientos disponen de terrazas de uso privado, colchones de primera calidad, toallas, sábanas y edredones de inmaculado algodón blanco.
Por otra parte, las parcelas pensadas para los aventureros que viajan en caravana, autocaravana o camper cuentan con servicios renovados de luz, agua y desagüe, además de acceso a todas las nuevas instalaciones y servicios.
En las zonas comunes, independientemente del alojamiento elegido, se puede disfrutar de una piscina con la playa al fondo, así como de otros equipamientos de tendencia como una pista de petanca o un escenario de eventos listo para utilizar.
Valdevaqueros dreamin'
Si las playas de California eran el sueño de los jóvenes del Medio Oeste estadounidense en los años 60, hoy media Europa anhela enfrentarse con los vientos tarifeños con su cometa en ristre en el paraíso kitesurfero de Valdevaqueros. De hecho, no es raro encontrarse por allí entrenando o dando un paseo con su perro Fly a Gisela Pulido, la célebre campeona del mundo de kitesurf que dejó su Barcelona natal para establecer su residencia en Tarifa, conquistada por unas condiciones de viento excepcionales, con ráfagas que soplan cerca de 300 días al año.
Por eso, entre las experiencias disponibles durante la estancia en el Taiga Valdevaqueros, destacan las clases de kitesurf y wing foil, aptas desde los 10 años de edad y hasta que el cuerpo aguante, a cargo de Subcielo, la escuela regentada por Manuel y Victoria. Encargados personalmente de la formación, esta pareja ha convertido el Taiga Valdevaqueros en su particular hábitat junto a su pequeño perro bodeguero, más que bienvenido gracias a la política pet-friendly del establecimiento. En este escenario, los novatos se agarran al chicken loop, el sistema de seguridad que anula la fuerza de la cometa de inmediato, mientras los riders más experimentados ejecutan trucos como el pop o el front roll. Entre unos y otros pueden mediar unos cinco días de curso, pero todos contribuyen a teñir el cielo de colores con sus cometas, creando un relajante y magnético parpadeo sobre el horizonte.
Los que no se animan a caminar sobre las aguas, o directamente a volar por encima de ellas, también pueden optar por otras experiencias desafiantes desde el mismo camping como el avistamiento de cetáceos o paseos a caballo por la playa con vistas a la hipnótica y misteriosa duna móvil de Punta Paloma, en pugna eterna por ganarle la partida al asfalto y punto estratégico para vigilar el estrecho de Gibraltar.
Todas estas actividades abren el apetito de cualquiera y estando en Cádiz es fácil disfrutar comiendo. Sin salir del Taiga Valdevaqueros y con vistas a la playa y la duna, el restaurante Hippie, que tiene poco de jipi, ofrece los platos clásicos de la zona y además propone algunas creaciones con las que epatar, como el brioche de puntillitas fritas bañado en tinta de calamar.
El de Valdevaqueros es uno de los cuatro campings de Taiga en la provincia de Cádiz, junto a Conil, Tarifa Punta Paloma y Puerto de Santa María. Todos ellos se han consolidado como una alternativa diferente para encontrar un refugio de lujo en plena naturaleza durante cualquier época del año.
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