Sólo El Cid, por un año, le quita a Diego Urdiales el sello de torero más viejo de la Feria de San Isidro, dicho por supuesto con todos los respetos.

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Este domingo va a cumplir 51, así que en su cifra redonda de 50 tacos Urdiales ha paladeado su tarde más redonda en Las Ventas; por tanto, quizá, sólo él lo atestiguará, de sus casi 30 temporadas de matador de toros.

Y ahora hay que explicar esto a quien no entiende mucho, o nada, de toros. Cómo un tío de 50 años lo borda no sólo en el historial de su carrera, sino en comparación con los jóvenes y no tan jóvenes que aspiran al legítimo relevo en el escalafón.

Talavante (38 años) y Castella (43) habían acaparado los mayores elogios de la feria hasta ahora. ¿La razón? La cosa más complicada del toreo: cuajar al toro bravo. Y si es en Madrid, triplicamos la dificultad. Ellos lo han hecho.

Llegó Urdiales en la tarde de Roca, y todo el mundo salió hablando del cincuentón y de la corrida de Juan Pedro Domecq. Porque es fundamental martillear para los que empiezan en esta afición que todo parte siempre del toro, su condición, sus embestidas. Por eso los toros de Núñez del Cuvillo (Talavante), Victoriano del Río (Castella) y Juan Pedro Domecq (Urdiales) han dado gloria, allá cada cual luego con sus gustos.

Urdiales pegó el día del patrón unos suculentos naturales al cuarto de El Torero, en una tarde en la que el termómetro marcaba, estando en el mismo mes, casi la mitad que en este jueves 28 de mayo. Dos semanas de diferencia como si fueran dos meses, un Madrid sin primavera.

Llegó Urdiales en la tarde de Roca, y todo el mundo salió hablando del cincuentón y de la corrida de Juan Pedro Domecq

Ese 15 de mayo, además, Urdiales se coronó con los espadazos, sin mayores consideraciones en la clientela. Extraordinarias estocadas que ayer se repitieron en una ejecución asombrosa por la forma de tirarse al morrillo con una resolución casi instantánea.

Además de la suerte suprema, a sus 50 años Urdiales ha hecho de largo el mejor toreo de capote de la feria. Atontada por los calores -pensemos que sea eso- la plaza no se dio cuenta en su primero, y tuvo que ser en un fastuoso quite al cuarto cuando retumbó el olé de verdad de Madrid.

Urdiales cuajó el toreo a la verónica y pegó muletazos soberbios a su gran lote. En este caso no es que fuera un sueño para él como un tópico, sino que Urdiales empezaba a estar ya fuera de juego por completo en la temporada. Será por viejo.

«Majestad, es un honor poder brindarle esta faena. España es un país maravilloso por sus tradiciones culturales. Para nosotros es un orgullo que sea nuestro Rey, y que esté aquí como su abuela y como su padre. ¡Viva España y viva el toreo!», le dijo en el brindis a Felipe VI, según recoge la crónica de Abc. Después, exhausto con el triunfo, repetía que esto sabe "a gloria", sobre todo por "sentir el toreo".

En esta feria, nadie daba un euro por Diego Urdiales. El domingo celebra los 51, seguro que no va a ser un cumpleaños normal.

En Madrid, en este y en todos los San Isidros, no hay Dios que prevea lo que pueda pasar. Lo mismo por eso siguen los llenos.