Mucho antes de que la inteligencia artificial monopolizara congresos, titulares y conversaciones cotidianas e incluso antes de que internet alterara la manera de crear, distribuir y consumir música, Jarre ya intuía que la tecnología acabaría convirtiéndose en un lenguaje artístico. Así lo demostró en el primero de sus conciertos en Madrid dentro del ciclo Noches del Botánico.
La impecable producción audiovisual del espectáculo, creado en parte con ayuda de la inteligencia artificial, trasciende de la mera experiencia de la electrónica como género musical y lo convierte en una reflexión escénica sobre la relación entre los mortales y las máquinas. Las pantallas, la precisión geométrica de las proyecciones y la presencia de la leyenda "en su cocina" rodeado de sintetizadores, ritmos y secuencias programados recreaba un verdadero laboratorio donde el sonido parecía materializar la luz.
Mientras buena parte de la música electrónica de hoy en día persigue el impacto inmediato, Jarre construye paisajes sonoros que exigen una contemplación directa de la creación que él mismo propicia desde su púlpito en el escenario gracias a unas gafas que lleva equipadas con cámara.
Todo estaba medido con una precisión matemática producto de la ingeniería de sonido que Jarre convierte en narración emocional. Es su contribución a un género que como él mismo reivindicó desde el escenario "no tiene nada que ver con Estados Unidos, ni con el jazz ni con el rock. Nació en Europa, heredera de la música clásica y de un permanente espíritu de innovación".
Oxygène sigue sonando extraordinariamente moderno casi cincuenta años después de su publicación. Y muchas de las piezas interpretadas en Madrid parecían dialogar con una época que todavía no existía cuando fueron concebidas. Resulta inquietante comprobar que Jarre lleva décadas componiendo música adaptada a un futuro que predice con bastante acierto.
Durante su estancia en España, Jarre ha insistido en que la inteligencia artificial no representa el final de la creatividad, sino una herramienta cuyo valor dependerá siempre de la intención humana. De hecho, desde el escenario reivindicó un nuevo significado para las siglas IA: Imaginación Aumentada. Es la mirada de alguien que ha convivido toda su carrera sospechando que las máquinas acabarían sustituyendo al artista y que, cinco décadas después, defiende que "la tecnología también puede ser poética y orgánica". Cada tema funcionó como constatación de esa reflexión.
En el concierto, distintas generaciones comparten esa misma aproximación a la electrónica. Quienes descubrieron Équinoxe en vinilo aplaudían junto a jóvenes acostumbrados a escuchar música producida digitalmente con ordenadores. La música de Jarre ha envejecido mejor que muchas modas.
Mientras la industria cultural se pregunta sobre la creación algorítmica, Jarre estuvo durante casi dos horas celebrando secuencias electrónicas, haces de luz y melodías que llevan medio siglo demostrando que el futuro no pertenece necesariamente a las máquinas, sino a quienes saben lo que quieren contar.
Jean-Michel Jarre ofrecerá su segundo concierto en el festival Noches del Botánico el viernes 10 de julio.