Treinta años después de que Omega cambiara la relación entre el flamenco y el rock, el escenario del Jardín Botánico de la Universidad Complutense acogió el pasado martes mucho más que un concierto conmemorativo. La celebración del aniversario del álbum de Enrique Morente y Lagartija Nick confirmó que aquella obra que alborotó a los puristas del flamenco y desconcertó a buena parte del mundo del rock se resiste a convertirse en pieza de museo y que Antonio Arias sigue siendo su principal custodio.

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La presencia del líder de Lagartija Nick tuvo además un significado importante más allá de lo musical. El concierto previsto inicialmente para inaugurar el festival de las Noches del Botánico a comienzos de junio tuvo que aplazarse hasta el 14 de julio después de que al músico le detectaran un pequeño tumor en el riñón que obligó a una intervención quirúrgica urgente. Operado con éxito, el músico agradeció en sus redes sociales la labor del personal médico del Hospital Universitario Virgen de las Nieves de Granada que ha salvado su vida y también una gira en la que trabajan más de treinta de personas.

Ese aplazamiento, lejos de enfriar la expectación, terminó reforzando el carácter simbólico de la cita que, a pesar de coincidir con el encuentro de España contra Francia en la semifinal del Mundial de Fútbol, contó con el compromiso de un público entregado que, por unas u otras razones, coreó el Aleluya de Cohen en varias ocasiones.

La actuación de Kiki Morente concentró inevitablemente buena parte de la atención. El menor de los hijos de Enrique Morente asumía el delicado reto de interpretar un repertorio inseparable de la portentosa voz de su padre. Salió airoso de la mano de Antonio Arias quien sostuvo el concierto desde la autoridad de quien había participado en la creación del original de 1996. Su bajo, su voz y su manera de conducir la banda volvieron a reivindicar que el rock de inspiración británica, el flamenco nacido en las cuestas del Albaicín, los versos de la copla andaluza de Lorca al piano y la voz profunda de un judío canadiense no son especies enfrentadas sino con capacidad de entenderse.

Antonio Arias, a la voz y al bajo, en el concierto de las Noches del Botánico de la gira '30 aniversario de OMEGA'. Foto: FerGonzalez

Desde el primer momento quedó claro que la intención no era reproducir el álbum como un fragmento arqueológico. La responsabilidad que asumía el pequeño de los Morente pasaba por interpretar el repertorio desde una sensibilidad distinta, pero manteniendo una intensidad que se apoya en una puesta en escena concebida como una experiencia. La participación del bailaor Israel Galván contribuye a reforzar este planteamiento con una apuesta de baile poco convencional que dialoga con las guitarras, el cante y la poesía, en sintonía con el espíritu libre que hizo de Omega una obra inclasificable.

El montaje, dividido en distintos bloques, fue creciendo conforme avanzaba la noche. Tras unos primeros compases de mayor tensión con Un cantaor debe morir, la fluidez entre la banda y Kiki Morente terminó imponiéndose. La electricidad y contundencia de Lagartija Nick, acompañada en Madrid por la batería del impecable Eric Jiménez, volvió a hablar de tú a tú con el cante, mientras la poesía de Federico García Lorca y Leonard Cohen seguía recorriendo un territorio común.

Los hermanos Morente, Kiki y Estrella, interpretando Pequeño vals vienés. Foto: FerGonzalez

Uno de los momentos más aplaudidos llegó con Pequeño vals vienés, cuando Estrella Morente apareció en el escenario. La complicidad entre los hermanos convirtió una de las composiciones más emblemáticas del disco, versión de ida y vuelta de la adaptación de Leonard Cohen al poema surrealista de Federico García Lorca, en un homenaje al legado del padre que sigue eternamente en vuelo.

La interpretación de clásicos como Omega, Manhattan, La Aurora de Nueva York o Vuelta de paseo (a golpe del desgarrador verso “asesinado por el cielo”) confirmó que son canciones que han dejado de pertenecer exclusivamente a un disco anclado en el tiempo y se han convertido en patrimonio de varias generaciones. Quizá esa sea la mayor victoria de Omega. Treinta años después, sigue siendo una obra contemporánea.

En una época en la que abundan las conmemoraciones nostálgicas, Omega tiene futuro porque "Morante vive". Y Antonio Arias también.


La gira '30 aniversario de Omega' tiene su próxima cita el 24 de julio en el festival Pirineos Sur de Huesca