Si había una tarde en la que debía retumbar la salva de aplausos para Morante de la Puebla tras el paseíllo era la de ayer domingo, cuarta en dos fines de semana consecutivos. No fue así.
-¿Otra vez torea Morante?
-Sí.
En Tarifa -a más de hora y cuarto de El Puerto, mucho mérito, creo; esto sí que es un valeroso póker, de desplazamientos- no daban crédito a tanto viaje con el panamá y variada compañía. Amaneció el domingo ese día que tanto gusta en este rincón, en el Campo de Gibraltar entero, porque las inacabables playas de Tarifa y sus entusiastas tabernas de lista de espera más que de reserva tienen un tirón definitivo para tantas gentes, también entusiastas. Si cae en domingo ese calorazo sin viento, prepárense que viene la grande.
-Con el pedazo día de playa que hace hoy.
-Sí, pero torea Morante otra vez.
-¿Otra vez, chiquillo?
Muchas explicaciones. Y sin homenaje a esta oda contra la laxitud.
Era la cuarta de dos fines de semana consecutivos, y eso no hay sociólogo taurino que lo resista. A Morante no lo sacan al saludar tras el paseíllo; valiente y artista descomunal atizando el carbón del primero, le aplauden rutinariamente. Morante a las ocho y media en El Puerto como quien va a misa de 10 o al chiringuito a las 2. Es la cuarta, y claro que pesan las tardes. Morante es uno de los nuestros y hace lo que tiene que hacer y a lo que nos tiene acostumbrados, sin poner en valor que está siendo extraordinaria esa majeza ajena a la cacareada frialdad del primero de la tarde. Al Genio le da igual el primero que el cuarto. No espera. Derrocha.
Acaba con el cuarto y le sacan a saludar como si fuera la segunda esforzada faena de cualquier festejo, no la octava obra honesta y cabal en dos fines de semana, el octavo toro al que lidia en esta plaza metido de lleno en la corrida, sin sillas, ni banderillas ni mayores despliegues florales ni habaneros. Seriedad máxima, con lo suyo y con lo de sus compañeros. La lidia que no se ve.
David de Miranda, generoso, sí captó y dio la envergadura que se merecía esta cuarta cita de reventón y le brindó el toro del cierre.
Pesan las cuatro tardes en el inconsciente de la clientela. Del sábado 1 al domingo 9 se nota, aunque la gente crea que todo es normal
Pesan las cuatro tardes en el inconsciente de la clientela. Del sábado 1 al domingo 9 se nota, aunque la gente crea que todo es normal. El muletazo no se jalea de la misma forma, la musiquita tarda en sonar y la cosa se queda ahí, bien sin entrar en detalles, con los ojos maravillados por las hazañas de los compañeros nuevos, que arrean que no veas.
En Los Portales, en El Pescaíto, en La Bodeguilla del Bar Jamón y por supuesto en los emporios de Romerijo o el expansivo Er Beti se habla de toros a las once y pico de la noche, que es cuando te ponen el primero sorbo después de tantos kilómetros. Han sido cuatro tardes con enjundia, con calor creciente y de No hay billetes consecutivos. Un exitazo de feria, aunque no lo llamen feria.
Morante anunciará en breve cómo de larga será su temporada, cuando entren los días más inciertos de otoño. El torero está entregado, no regala una sonrisa, nada para la galería. Seriedad que imanta.
-¿No toreará el sábado otra vez, no?
(Cualquiera les habla de la Feria de Málaga). El viento se ha parado en Tarifa.
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