Macklemore se ha cobrado su particular victoria moral tras ser expulsado de la gira norteamericana de Ed Sheeran por manifestar su apoyo al pueblo palestino sobre el escenario. El rapero de Seattle ha anunciado la donación íntegra de su sueldo en el Loop Tour –un millón de dólares– a seis organizaciones humanitarias que operan en Gaza, lanzando además un reto directo al multimillonario Robert Kraft, dueño de los New England Patriots y promotor del veto en su estadio, para que iguale la cifra.

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El gesto de Macklemore remata una semana de infarto para Ed Sheeran, cuya gira se ha convertido en el epicentro de un duro choque sobre la libertad de expresión y la guerra en Oriente Medio. La chispa saltó en Nueva Jersey cuando el rapero interpretó Hind’s Hall –tema dedicado a la infancia gazatí y a las protestas universitarias– y proclamó desde el escenario un rotundo "Free Palestine". La reacción de los lobbies proisraelíes y de magnates como Kraft no se hizo esperar, presionando para apartar a Macklemore del cartel.

Sin embargo, el intento de contención ha provocado un monumental efecto dominó. En cascada y en señal de protesta, el resto de artistas invitados del tour han presentado su dimisión: Finneas (productor y hermano de Billie Eilish), la banda danesa Lukas Graham, el cantautor Aaron Rowe y el grupo folk Beoga. Todos ellos han cancelado sus actuaciones argumentando que la industria no puede amordazar a los músicos que denuncian el sufrimiento palestino. Las severas acusaciones de colusión corporativa vertidas por el exfutbolista Colin Kaepernick han terminado de erosionar la imagen de los dueños de los estadios.

La "vacuidad de la neutralidad" de Sheeran

El trasfondo ético del conflicto lo ha analizado con dureza por la crítica musical Laura Snapes en The Guardian. Snapes desmonta el intento de Sheeran de mantener una postura aséptica —el músico británico alegó que deseaba conservar sus conciertos como "un espacio de seguridad, santuario y diplomacia"— exponiendo lo que califica como "la vacuidad de la neutralidad". La periodista recuerda que Sheeran sí se ha posicionado políticamente en el pasado (en conciertos por Ucrania o campañas contra el Brexit) y subraya la dignidad de los teloneros que han priorizado sus principios sobre el beneficio económico.

"Lo que en un principio podría parecer un signo de solidaridad [no cancelar shows para no perjudicar al equipo] ha sido desarmado por un grupo de artistas que entienden que perder oportunidades financieras y profesionales es precisamente lo que hace falta para demostrar coraje y plantarse ante el genocidio y ante los multimillonarios que aplastan la libertad de expresión", apunta Snapes.

Veo tu millón y subo a dos

Por su parte, Robert Kraft ha terminado aceptando el reto lanzado por Macklemore. El magnate anunció en un comunicado que el propio Ed Sheeran le había telefoneado en privado para pedirle que comprometiera dos millones de dólares como ayuda humanitaria para la región, un gesto con el que buscan "construir puentes" y tratar de sofocar el incendio mediático.

Sin embargo, la mayor crisis recae ahora sobre el propio Sheeran, que se enfrenta a una auténtica encrucijada logística. Con el Loop Tour a punto de reanudarse este mismo sábado en el Lincoln Financial Field de Filadelfia, el británico se ha quedado con el cartel de invitados completamente vacío. Pese a la desbandada en cadena de sus teloneros, Sheeran ha dejado claro que no piensa suspender las fechas restantes –que incluyen paradas en Estados Unidos y, más adelante, Sudamérica– defendiendo que no puede dejar desamparados a su equipo técnico ni a los fans. Mientras la promotora del evento, Messina Touring Group, evalúa si actuará en solitario o buscará reemplazos de última hora, Sheeran comprueba cómo su intento de amoldarse a las exigencias de corporaciones para mantener un perfil aséptico ha terminado por fracturar irremediablemente la narrativa de su gira.