Es un Lord inglés que primero exploró el subsuelo de Bilbao y ahora ha alcanzado el cielo. A mediados de los años 90 abrió la puerta de acceso al metro de la ciudad, los "fosteritos" que llevan su nombre. Ahora, tres décadas después, el nonagenario arquitecto de Mánchester ha regresado para sellar el salto al cielo del centenario Museo de Bellas Artes de Bilbao. 118 años después de su inauguración, la pinacoteca bilbaína que comparte con su vecino el Museo Guggenheim el pálpito del arte en la ciudad que vivió del óxido y el acero, ha ampliado sus estancias. Lo ha hecho creciendo dos alturas, con una estructura que "vuela" y "flota" sobre el viejo museo y que le ha permitido crecer hasta los 6.000 m² de espacio.

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Cuando Miguel Zugaza quiso hacer realidad su sueño de hacer crecer al Bellas Artes no pensó en cómo hacerlo. Eso se lo dejó a los arquitectos, a las propuestas que se presentaron para darle firma. De entre las 57 propuestas presentadas, la de Norman Foster, un viejo conocido de la ciudad, no solo le dotaría de prestigio, sino también de una propuesta rompedora, capaz de conservar la historia y el edificio -con sus sucesivas ampliaciones- existente y hacerlo crecer hacia arriba en una suerte de "puente" entre los dos edificios actuales.

Así nació 'Agravitas', una estructura con dos niveles capaz de brindar al museo una galería diáfana de 1.500 metros cuadrados, con una gran terraza exterior. Junto a ella, otra planta que sobrevuela el museo y con la que alcanzará un 60% más de espacio expositivo.

118.000 obras en el Museo de Bellas Artes

El Museo de Bellas Artes de Bilbao cuenta con una colección de 118.000 obras de arte a las que, con motivo de esta ampliación, sumará tres obras donadas por los Foster, Norman y Elena: la escultura 'Sappho', de Anselm Kiefer, y dos obras del británico Anthony Caro, 'Toronto Flats' y 'Low Line Flats'. La primera de las obras se exhibe en la plaza del museo y las otras dos en una de las terrazas ganadas con la ampliación.

El corazón que distribuye el acceso a todos los edificios se ha convertido en una suerte de plaza incorporada al museo, en la que sobresale la escultura que en recuerdo de Juan Crisóstomo de Arriaga hizo Francisco Durrio. Una obra hasta ahora ubicada en el parque de Doña Casilda de Bilbao y que ahora el Bellas Artes se apropia e incluye dentro de sus accesos.

Foster, premio Pritzker en 1999 y Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 2009, completa así un sello de identidad más en Bilbao. Llegar hasta aquí no ha sido sencillo. Las obras se adjudicaron en 2019 y han sido necesarios siete años, varios problemas de construcción y un presupuesto disparado -45 millones de euros, frente a los 18,6 millones iniciales- para que lo que Foster imaginó haya podido hacerse realidad.

La ampliación, que ayer inauguró el lehendakari Imanol Pradales, se basa en la construcción de una galería con aspecto "flotante" sobre el complejo museístico. Se elevará casi sin afectar a su estructura sobre los edificios de 1945, 1970 y 2001. Con un diseño moderno y sin apenas apoyos en el suelo, la sensación de ingravidez es el elemento más característico de esta moderna y esbelta estructura. Techos altos, de entre cinco y ocho metros, y la entrada de luz natural dibujan las nuevas salas, prácticamente diáfanas y con una gran flexibilidad en su estructura.

Pradales: "Hemos considerado el arte como algo accesorio"

Durante el acto de inauguración el lehendakari, Imanol Pradales, instó a elevar la cultura "al mismo nivel" que la vivienda, la sanidad o la educación: "Hemos considerado el arte como algo accesorio", ha lamentado, "algo que se debe tener en cuenta cuando las necesidades verdaderamente importantes ya están cubiertas".

Por eso agradece la labor a quienes "se rebelaron" contra esa idea y demostraron que el arte "no es un adorno" del que se pueda prescindir. El lehendakari ha definido el museo como un espacio "para conectar con nosotros mismos y con otros lugares del mundo", reservado al pensamiento, la belleza, la crítica y la imaginación, y ha recordado la respuesta del escultor Eduardo Chillida cuando se le preguntaba por su trabajo: "Yo no represento, yo pregunto".