El Teatro Real estrena una nueva producción de Ariadna y Barbazul de Paul Dukas (1865-1935): un alegato contra el maltrato y contra el miedo a la libertad que lleva a sus protagonistas a preferir la seguridad oscura del verdugo a la incertidumbre de la emancipación.
El director artístico del Teatro Real, Joan Matabosch, subraya que no es una obra frecuente en los escenarios por la enorme exigencia que impone a todos sus intérpretes. “Se hace muy poco por lo difícil que es esta ópera para todos los implicados: es muy difícil para el teatro, pero es dificilísima para el director de orquesta, es dificilísima para la intérprete del papel principal, que es realmente agotador, y también es muy difícil para el director de escena”.
Matabosch recuerda que el libreto es de Maurice Maeterlinck, que parte del cuento de Barbazul de Charles Perrault, pero lo reformula desde un ángulo inesperado. En esta lectura, Ariadna no es una víctima sacrificial, sino una mujer que se niega a vivir en la mentira y a renunciar a la verdad a cambio de seguridad. “El tema de la obra es simplemente el miedo a la libertad, porque la libertad es lo desconocido, tiene sus puntos de interrogación, tiene sus riesgos”, asegura Matabosch.
El giro dramático llega cuando Ariadna abre la séptima puerta, descubre a las esposas vivas y, tras salvar también a Barbazul de la turba, ofrece a esas mujeres la posibilidad de huir con ella. “Realmente todas las esposas de Barbazul que ella iba a salvar… pues ella misma se encuentra con la sorpresa de que a quien tiene que salvar es a sí misma de esa piedad que le inspiran sus pobres hermanas, que prefieren seguir con su maltratador, compartiendo algo que probablemente les resulta más gratificante que arriesgarse a la incertidumbre de aceptar esa libertad que les propone Ariadna”.
La mezzosoprano irlandesa Paula Murrihy, que encarna a Ariadna, considera que su personaje es “una mujer increíblemente fuerte, muy independiente, muy moderna; está guiada por una compulsión moral de encontrar la verdad”. Murrihy destaca que su forma de amar y de relacionarse rompe el molde romántico tradicional que “sabe que va a ser distinta a las otras mujeres, que no caerá en las mismas trampas”. Cuando las demás esposas rechazan esa libertad “no les regaña, no se enfada. De algún modo lo acepta, las respeta y se marcha”, explica la cantante.
El castillo está en la mente
El director de escena Àlex Ollé, uno de los históricos de La Fura dels Baus, propone una lectura en la que el castillo de Barbazul es, en realidad, un mapa mental de Ariadna. “Igual que Pelléas et Mélisande tiene una parte muy psicológica, esto tiene que ver con la ópera o el teatro simbólico: es una pieza que está entre el cuento, el sueño y la pesadilla”, explica.
- Ariadna y Barbazul se presenta en el Teatro Real de Madrid en seis funciones, los días 26 y 31 de enero y 5, 11, 15 y 20 de febrero de 2026.
- El reparto está encabezado por la mezzosoprano Paula Murrihy como Ariadna y el bajo Gianluca Buratto como Barbazul, junto a Silvia Tro Santafé (El aya), Aude Extrémo (Slysette), Jaquelina Livieri (Ygraine), Maria Mir (Mélisande), Rene Rapier (Bellangère), Raquel Villarejo Hervás (Alladine) y Luis López Navarro (Un campesino anciano), con el Coro y la Orquesta Titulares del Teatro Real bajo la dirección musical de Pinchas Steinberg y la dirección de escena de Àlex Ollé.
Ollé se sumergió en el contexto intelectual de Maeterlinck y se encontró con una coincidencia reveladora: “Me interesó descubrir qué se publicó en 1899, que es el mismo año en que Freud publica La interpretación de los sueños”. A partir de ahí, ha construido “una dramaturgia paralela, siendo fiel a la obra al 100%, pero donde haya una base de realidad, y esa base de realidad es el banquete de bodas de Barbazul y Ariadna. El castillo es el espacio mental y las puertas que abre son su inconsciente”.
Para Ollé, las esposas de Barbazul no son casos aislados, sino parte de una multitud de víctimas de otros tantos Barbazules contemporáneos. “He querido que no quedaran solas esas mujeres, sino que estén en medio de otras muchas; pueden ser las mujeres de Barbazul, pero para mí son mujeres de otros tantos Barbazules que están ahí en el mundo”, afirma el director.
“Estas cinco mujeres sufren algo parecido a un síndrome de Estocolmo, prefieren seguir con su maltratador antes que arriesgarse a la incertidumbre de la libertad”, concluye. Las mujeres de Barbazul habitan en ese castillo de terror en el que sólo Ariadna tiene la fortaleza para poder escapar, mientras las demás están atrapadas en la sala de tortura de la mujer maltratada.
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