Mikel Herrán quiere sacar a la Edad Media del cliché. Ni una edad oscura, sucia, violenta y supersticiosa, ni un decorado de castillos y caballeros de cuento. En su nuevo libro, Sobrevivir en el medievo. Crónica de un viajero por España (Planeta), el arqueólogo y divulgador propone una inmersión en una cotidianeidad que nos cuesta mucho imaginar ya que la tenemos muy asociada al cine y las novelas.
“Sobrevivir a la Edad Media es un poco una combinación de guía de supervivencia para toda esa gente que piensa que si volviésemos a la Edad Media sería todo un desastre y, también, una forma de reconciliarnos con un periodo muy complejo”, resume. La idea que sostiene el libro es clara: la Edad Media no fue un bloque homogéneo ni una larga anomalía entre la Antigüedad y la Modernidad, sino una etapa de mil años en la que millones de personas intentaron, simplemente, vivir. “Es un poco mostrar cómo era la realidad de la gente que vivió, pues todas esas sociedades tan complejas que vivieron durante pues nada más y nada menos que 1000 años”, explica Herrán. Una realidad, insiste, estaba mucho más lejos de la caricatura habitual que de la imagen que han dejado el cine o la televisión.
Uno de los grandes objetivos del libro es desmontar algunos de los tópicos más repetidos sobre el periodo. El primero, la suciedad. El segundo, la violencia constante. “Yo creo que el mayor tópico o uno de los mayores, al menos, que manejamos sobre la Edad Media, es la falta de higiene y otro sería el exceso de violencia”, dice Herrán. Frente a esa visión, recuerda que la vida medieval no estaba definida exclusivamente por la guerra o el abuso, sino por la búsqueda de estabilidad, trabajo, alimento y cierta normalidad.
“Nos fijamos siempre en la guerra, en el periodo medieval como algo marcado por el abuso, la violencia y la guerra y no, o sea, un período verdaderamente miserable. Y no es así”, afirma. La guerra existía, claro, pero no absorbía toda la experiencia de quienes vivían entonces. “Lo que encontramos durante mucha parte de ese periodo es gente intentando sobrevivir, pero sobrevivir al día a día, me refiero, vivir en paz, vivir tranquilos”, añade.
Herrán subraya que las personas medievales tenían otras condiciones materiales, pero eso no significa que no cuidaran su cuerpo. “Nuestros parámetros de higiene son muy distintos a los de la Edad Media, pero hay que tener en cuenta que en una vida sin fontanería en las casas, pues es complicado manejarse de las formas que nos manejamos nosotros”, apunta. Pese a ello, insiste en que había preocupación por la apariencia y la limpieza: “Estaban muy preocupados por su higiene, muy preocupados por lucir bien, por ser presentables”.
La Edad Media ibérica
Otra de las construcciones que hacemos, incompleta, de la Edad Media es cómo se vivió en la península ibérica. Herrán pide revisar a fondo nuestros esquemas es el de la Edad Media peninsular. En España, dice, solemos mirar ese periodo desde una lógica que lo divide en dos grandes mundos, Al-Ándalus y los reinos cristianos, como si fueran realidades cerradas y separadas. Pero la historia fue bastante más porosa. “Yo creo que la Edad Media ibérica es verdad que está como dividida entre dos tierras y a veces por eso no queremos entenderla como parte de su propia cultura”, explica.
Para él, esa separación rígida no hace justicia a lo que ocurrió en la península durante siglos. “Pensamos que Al-Ándalus es una cosa y que los reinos cristianos son otra, pero aunque es verdad que eran culturas distintas, separadas también pues por fronteras religiosas, dentro de Al-Ándalus vivían minorías cristianas, minorías judías y dentro de los reinos cristianos vivían minorías musulmanas y minorías judías también”. El resultado era un espacio de contacto permanente, con intercambios culturales, códigos de vestimenta compartidos y formas de coexistencia complejas.
Herrán evita hablar de convivencia en un sentido idealizado, pero tampoco reduce ese mundo a la confrontación. “No diría una convivencia porque no es una convivencia puramente pacífica, pero sí que había una coexistencia”, señala. Esa coexistencia hacía que incluso los viajeros del norte europeo mirasen la península con extrañeza. “Los europeos que cruzaban los Pirineos en muchos casos se sorprendieran de lo que se encontraban en la península”, recuerda. “Decían que aquí había muchos sarracenos. No entendían cómo se vestían los cristianos”, asegura. Los viajeros de Europa venían de culturas que no estaban tan mezcladas y esta mezcla peninsular no encaja del todo en el relato medieval más estandarizado de Europa. El mismo con el que, gracias al cine y la literatura, hemos levantado nuestro imaginario medieval.
Mikel Herrán y Pedro Sánchez en el medievo
Pedimos a Herrán que viaje a esa Edad Media con sus propia guía y que se imagine allí viviendo. “Me tocaría ser juglar o trobador, que es un poco lo más equivalente que tengo a ser divulgador en ese periodo”, dice. Pero enseguida aterriza la fantasía y saca a relucir el pragmatismo para sobrevivir de verdad. “Yo me iría con todas mis vacunas preparadas e iría con la mente muy abierta, yo creo, para poder sobrevivir”. Sabe que no sería un guerrero ni un campesino. “No hago tanto gimnasio como para dedicarme a lo mejor al trabajo duro del campo o para a lo mejor dedicarme a la guerra”, reconoce. Por eso imagina otra salida: “Tendría que meterme probablemente a monje y vivir escribiendo en un en un monasterio”.
Este es el ejercicio obligatorio de este libro, viajar en el tiempo, conociendo mejor cómo era la vida por eso le preguntamos a Herrán qué político de los actuales podría aguantar mejor ese viaje. Lo tiene claro: “Diría que es tendría que ser Pedro Sánchez porque quiero decir con las cosas a las que él ha sobrevivido a nivel político, yo creo que para él la Edad Media después de la pandemia, el volcán, el apagón, la Dana, todo eso, para él sería, vamos, un paseíto”, afirma. “La peste negra ¿Qué más da? Ya ha manejado una pandemia ¿Por qué no manejar otra?”, remata.
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