Durante años, Greta Alonso fue una silueta en las solapas, una voz en entrevistas por cuestionario y un seudónimo levantado como escudo frente al vértigo de la exposición pública. Refugiada tras su cuenta de Instagram y oculta siempre tras un gorro, una sombra o una foto recortada, la escritora podía intercambiar mensajes con sus lectores.
Pero eso ha terminado con su tercera novela, El asesino de invierno (Planeta) la autora cántabra ha decidido mostrarse: acudir a clubes de lectura, sentarse frente a los periodistas, mirar a los lectores a los ojos. “El momento ha llegado, voy poco a poco, voy muy despacio”, admite, aún con cierta cautela, pero convencida de que ha sido “una buena decisión” que le ha permitido quitarse “un buen peso de encima”.
En 2020, la editorial Planeta compró los derechos de su primera novela y el sueño de publicar se mezcla con el pánico escénico. “Todo este mundo literario yo lo tenía sacralizado, he leído mucho desde niña y para mí los autores eran casi semidioses, eran héroes y yo veía que todo esto me iba a desbordar”, recuerda. Abrumada por la magnitud del engranaje editorial, decide ocultarse. “Me agobié muchísimo y decidí utilizar el pseudónimo a modo de escudo, de pantalla. Eso me sirvió durante un tiempo, pero fue un tiempo muy corto, porque ya con la segunda novela sentía la necesidad de dar la cara”, explica.
Ese parapeto, sin embargo, le duró poco. Con la segunda novela publicada, la incomodidad ya pesa más que el miedo: “Sentía la necesidad de dar la cara. Sentía que esa segunda novela no la disfruté lo suficiente, era como si no fuese mía”. A la tristeza por no vivir el libro como propio se suma “un poco de vergüenza por no ser lo suficientemente valiente como para hablar con mis lectores cara a cara, charlar con los medios y hablar sobre mis personajes y mis tramas”, añade.
La decisión queda tomada en ese momento: si había una tercera novela, llegaría con ella dando la cara, acudiría a hablar con los lectores y también trataría con los medios. “No sé si el hecho de haber dejado el anonimato me va a ayudar a tener más lectores, pero creo que sí me va a ayudar a relacionarme mejor con ellos y a tener su calidez, porque el contacto por vía redes sociales era bastante frío”, confiesa. La prueba ha llegado hace apenas unos días, con su primer club de lectura en Cantabria, centrado en su segunda novela, La dama y la muerte. “Lo he disfrutado muchísimo. He podido estar con mis lectores, he visto cómo querían a mis personajes, cómo los conocían incluso mejor que yo misma y la verdad es que ha sido gratificante”.
Que muestre su rostro no significa que renuncie al secreto de su nombre. Greta Alonso sigue siendo un alias literario, una identidad que ahora le permitirá convivir con otra profesión que prefiere mantener fuera del foco. “No doy mi verdadero nombre porque quiero mantener un poco separada mi vida profesional de mi vida profesional relacionada con la literatura”, explica. Hay una vida “más creativa” y otra “más profesional en mi otro ámbito”, y la autora defiende una línea clara entre ambas.
Ciencia y psicología
Las novelas de Greta Alonso están llenas de ciencia y eso se debe a su formación. “Realmente tengo un perfil científico, es inevitable”, dice. Ese bagaje está ligado a su formación como química y a su interés por la investigación. “Este perfil científico me ha ayudado mucho a escribir mis novelas, todo lo que tiene que ver con la investigación policial, también la práctica forense; ahí se nota mi interés por la ciencia”.
A esa base se suma una formación en Psicología de la que nunca llegó a ejercer. Asegura que eso tiene un peso en la creación de personajes, pero que no es lo fundamental: “Lo que más me ayuda a crearlos es mi interés por el ser humano. Me fascinan las personas, no lo puedo evitar”, admite. De ahí que, en ocasiones, se sorprenda fabulando con desconocidos: “Estoy sentada en una terraza, veo pasar a la gente, me quedo mirando, me imagino cómo serán sus vidas y creo que eso es algo innato, no tiene nada que ver con mi formación en Psicología”. Esa tendencia a mirar y fabular, que arrastra desde la infancia. “Desde niña siempre he tenido mucha imaginación y continuamente fabulaba con asesinatos y crímenes”, asevera.
Su interés por los trastornos mentales y la psicopatía encuentra un cauce más explícito en las tramas. “La formación me puede haber ayudado y las investigaciones que hago sobre temas de trastornos mentales, psicopatía, sí que se notan en mis tramas, pero creo que lo básico es ese interés, ese interés por el comportamiento humano”.
El norte como escenario
Su nueva novela arranca con una imagen poderosa: un cadáver con el rostro envuelto en un sudario antiguo, cosido con objetos de la naturaleza -trozos de panal, cortezas de árbol, dos bolas llenas de ceniza- que remiten a mascaradas de invierno y festividades ancestrales.
En El asesino de invierno, como en sus novelas anteriores, el norte de España sirve de escenario. “En el norte hay una atmósfera que favorece la creación de personajes y la creación de tramas”, sostiene. “Los que vivimos allí, al estar sumergidos en esta atmósfera de una forma continua, tenemos más facilidad para evocar este tipo de tramas”, asegura.
Te puede interesar