La muerte de Bonnie Tyler vuelve a poner sobre la mesa una de las carambolas más fascinantes, competitivas y, a la postre, millonarias de la historia del pop rock de los ochenta. Un cruce de caminos donde el orgullo herido de un gigante norteamericano y la audacia de una "chica tímida de los valles galeses" se aliaron bajo la batuta del productor Jim Steinman. Esta es la historia de cómo Total Eclipse of the Heart cambió de manos para siempre.

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A principios de los años ochenta, los protagonistas de este drama musical vivían realidades opuestas. Marvin Lee Aday (Dallas, 1947), conocido artísticamente como Meat Loaf, era mucho más que un cantante de rock; era una fuerza de la naturaleza de presencia titánica que combinaba el peso pesado del heavy metal con la teatralidad de Broadway, donde había dado sus primeros pasos en musicales como Hair o interpretando al carismático Eddie en la película de culto The Rocky Horror Picture Show (1975). El vocalista texano venía de tocar el cielo con Bat Out of Hell (1977), un mastodonte operístico y desmesurado que había despachado decenas de millones de copias, convirtiéndose en uno de los álbumes más vendidos de la historia de la música.

Meat Loaf sin voz

Sin embargo, el éxito mutó en pesadilla: presionado por su mánager y las discográficas para seguir exprimiendo la gallina de los huevos de oro, el cantante sufrió un bache anímico profundo y, de forma fulminante debido al agotamiento físico y psicológico, perdió la voz en mitad de su gira mundial de 1978. Lo más curioso es que no era una lesión física. El cantante visitó a los mejores especialistas de Nueva York y todos coincidían en el mismo diagnóstico: sus cuerdas vocales estaban sanas, el problema era puramente psicosomático y mental. Su propio subconsciente había "apagado" su voz como un mecanismo de defensa para protegerlo del colapso, el estrés y la monstruosa presión en la que vivía atrapado. Para colmo, las tensiones financieras y una maraña de demandas legales provocaron una severa ruptura con su mano derecha y creador de su inconfundible sonido, Jim Steinman.

Detrás de la cortina de aquel exceso wagneriano se escondía la mente de Steinman (1947-2021), un compositor, pianista y productor obsesionado con la grandilocuencia cinematográfica, el drama gótico y el romanticismo adolescente. Steinman no concebía las canciones como simples melodías, sino como sinfonías de rock operístico plagadas de coros épicos y crescendos dramáticos. Aunque su alianza con Meat Loaf fue la más icónica, su inconfundible sello como creador de éxitos no se limitó a él: a lo largo de su carrera trabajó estrechamente con artistas de la talla de Barry Manilow (para quien compuso el éxito Read 'Em and Weep), las estrellas del goth-rock The Sisters of Mercy (produciendo himnos como This Corrosion), Barbra Streisand y, más adelante, Celine Dion, firmando para ella la colosal balada It's All Coming Back to Me Now.

"¡Esa canción era para mí!"

Mientras tanto, en el Reino Unido, Bonnie Tyler buscaba desesperadamente dar un volantazo a su carrera. Aunque ya había saboreado las mieles del éxito con baladas de corte country-rock como Lost in France o It’s a Heartache, se sentía encasillada. Ella anhelaba un sonido épico, catedralicio y desmesurado; exactamente el sonido que Steinman había diseñado para Meat Loaf.

En 1982, Tyler decidió cambiar de discográfica y viajó a Nueva York para convencer a Steinman de que fuese su productor. El compositor, impresionado por el rasgado torrente de voz de la galesa, decidió abrir un cajón muy especial.

La leyenda urbana dictó durante años que Meat Loaf había rechazado Total Eclipse of the Heart. La realidad, como la propia Tyler matizaría tiempo después, fue mucho más prosaica: Meat Loaf nunca quiso soltarla, pero tampoco podía cantarla.

Destinada a un musical gótico, Steinman había empezado a esbozar la canción bajo el título provisional de Vampires in Love. Originalmente concebida para el siguiente proyecto de Meat Loaf, Renegade Angel, la pieza quedó en el limbo debido a la afonía del cantante y el rechazo de los ejecutivos de su discográfica, a quienes el propio Meat Loaf calificaría años más tarde de "morons" (imbéciles) por dejar escapar semejante hit.

Cuando Steinman le ofreció la canción a Tyler, la sintonía fue inmediata. La grabaron en Nueva York en apenas nueve tomas, con el canadiense Rory Dodd en lo que muchos han creído erróneamente que era un dueto con el propio Meat Loaf. La reacción de este al enterarse de que su joya de la corona se mudaba a Gales pasó a la historia de las rivalidades pop. "Estaba jodidísimo con Jim por haberle dado la canción a otra persona", rememoraba Tyler en una entrevista a The Telegraph en 2023. "Me decía: '¡Esa canción era para mí!'. Y yo le contestaba: 'Mala suerte, ahora es mía'".

Un éxito de proporciones astronómicas

El impacto de aquella transferencia musical transformó por completo las trayectorias de ambos artistas. Lanzado en 1983 dentro del álbum de Tyler Faster Than the Speed of Night, el sencillo fue un tsunami. Alcanzó el número uno en EEUU y el Reino Unido, vendiendo más de tres millones de copias físicas. Hoy supera, además, los 1.350 millones de visionados en YouTube.

Curiosamente, el disco conectó con el público habitual de Meat Loaf: los dueños de las tiendas de discos de la época reportaban asombrados cómo los "heavies" habituales entraban a comprar el álbum de Tyler. Mientras, él, privado de las canciones de Steinman, se vio obligado a editar Midnight at the Lost and Found (1983) con composiciones de terceros. El resultado fue catastrófico: apenas vendió 700.000 copias frente a los 6 millones del disco de Tyler.

De la rivalidad a la redención en el 'Infierno'

Pese al monumental enfado inicial de Meat Loaf, el tiempo y la admiración mutua limaron las asperezas. Lejos de alimentar un rencor eterno, los dos vocalistas terminaron forjando una sólida amistad, unidos por el cordón umbilical del imaginario musical compartido de Steinman. Tanto fue así que en 1989 unieron fuerzas en 'Heaven & Hell', un álbum recopilatorio conjunto que entrelazaba los mayores éxitos de ambos bajo el sello inconfundible de Steinman. Aunque la crítica de la época lo tachó inicialmente de "innecesario", el disco demostró tener una resistencia comercial asombrosa: siguió vendiéndose silenciosamente durante décadas hasta alcanzar la certificación de platino en 2013 en el Reino Unido por más de 300.000 copias vendidas.

Aquel "eclipse" no solo salvó la carrera de Bonnie Tyler dotándola de la confianza y el estatus de leyenda que la han acompañado hasta sus últimos días. Y más allá: quién duda de que su hit inmarcesible será la banda sonora del eclipse total del próximo 12 de agosto.