Las personas que logran alcanzar edades avanzadas en buen estado de salud no establecen rutinas de alto rendimiento ni entrenamientos de moda en los gimnasios. El secreto de estas personas está en el movimiento es constante y cotidiano, haciendo que el cuerpo esté activo durante muchos momentos del día, sin sesiones específicas. Este tipo de vida se opone al modelo actual de la sociedad, que basa sus pautas en compensar la inercia de las horas de sedentarismo a través de sesiones con ejercicios intensos, normalmente en los gimnasios. El investigador de la longevidad Dan Buettner lleva tiempo analizando este patrón y considera que la clave del éxito no está en la disciplina del ejercicio, sino en un tipo de actividad natural y frecuente.

El hábito para vivir más tiempo

Las personas mayores no perciben la actividad física como una parte separada del resto de su vida. El movimiento se mantiene a través de las pequeñas tareas de la vida cotidiana, como desplazarse, agacharse, cargar objetos de peso moderado o permanecer de pie durante más tiempo. El movimiento de forma suave, repetido y constante puede acabar siendo un potente estímulo constante para fortalecer los músculos o el sistema cardiovascular, sin sobrecargar el cuerpo.

Rutinas que evitan largos periodos sentados

Uno de los factores más determinantes es la ausencia de inactividad: las personas que viven más tiempo evitan el sedentarismo y evitan estar horas sentadas delante de una pantalla. Esto ayuda a poner en marcha el metabolismo y promueve las funciones necesarias, algo que que no se puede conseguir de manera regular, con un entrenamiento específico sólo al final del día yendo al gimnasio.

Cómo vivir más sin entrenamientos intensos

Lo que principalmente distingue la actividad de la inactividad no es tanto el tiempo en que nos ejercitemos, ni la dureza, sino más bien la regularidad del movimiento. Caminar, recorrer a pie distancias cortas, subir escaleras o llevar a cabo tareas del hogar, generan beneficios más duraderos e intensos a largo plazo, que cualquier sesión en un gimnasio. La respuesta biológica del cuerpo es mejor a las estimulaciones frecuentes que a los picos de actividad aislados que podemos obtener en sesiones puntuales de deporte.

El movimiento constante

Este tipo de ocupación diaria contribuye a mantener el peso, mantiene bajos los niveles de azúcar en sangre, protege el corazón, reduce la inflamación, y ayuda a desarrollar la movilidad y a mantener la potencia durante muchos años. La longevidad no se encuentra en saber superar capacidades ni en entrenar al máximo, sino en un ejercicio cotidiano y constante que hace que el cuerpo mantenga una actividad continua sin desgaste.

Vivir más y mejor gracias a un estilo activo

Tener una rutina de movilidad diaria y moderada provoca mucho menos estrés en el organismo que los entrenos intensos, lo que provoca un mejor estado físico, un menor número de lesiones y el envejecimiento tarda más en mostrar sus efectos. La continuidad favorece la presencia de claridad mental, mejora el estado de ánimo de la persona y reduce la presentación de enfermedades relacionadas con el sedentarismo.

Un modelo fácil de mantener con el paso del tiempo

Lo importante de este estilo de vida es que solo hay que incorporar pequeños hábitos en la rutina diaria: caminar más, utilizar menos el coche, levantarse y moverse con frecuencia, y realizar tareas que implican actividad. Estos simples hábitos serán de gran ayuda y aportarán beneficios a largo plazo.

Es decir, para vivir más no hay que someter el cuerpo a trabajos y entrenamientos exigentes, basta con un poco de ejercicio diario que no requiera gran esfuerzo, y que sin duda, se convierte en la mejor garantía para poder alargar la vida.