La salud no empieza en la consulta del médico, sino en la dirección postal. Así lo resumen desde la Equality Health Foundation, una organización estadounidense que ha puesto números a una realidad cada vez más evidente: el lugar en el que vivimos puede condicionar más nuestra esperanza de vida que cualquier marcador genético.

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En Arizona, la herramienta interactiva Zip Code Exam permite calcular la esperanza de vida en más de 30.000 códigos postales, usando datos públicos del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) y el censo. Los resultados son curiosos: en un mismo estado, como Arizona, las diferencias llegan a los 17 años de vida entre barrios cercanos. En algunas ciudades de Estados Unidos, la brecha llega incluso a los 30 años.

Las causas ya no se remiten únicamente a la biología, sino al entorno: acceso desigual a alimentos saludables, atención médica, educación, transporte o espacios verdes. "Tu examen de salud no empieza con un estetoscopio, sino con tu dirección", resume Tomás León, presidente de la fundación Equality Health Foundation.

La brecha también existe en España

Aunque España mantiene una de las esperanzas de vida más altas del mundo, las diferencias entre territorios también son notables. Según datos del Ministerio de Sanidad, en 2022 la esperanza de vida al nacer fue de 83,1 años de media, pero con variaciones de hasta cinco años entre comunidades. Madrid encabeza el ranking con 85,2 años, mientras que Ceuta y Melilla se sitúan en los 80,1 años. Comunidades del norte como Navarra o Castilla y León también superan la media nacional, frente a otras del sur como Andalucía, Extremadura o Murcia, donde se registran cifras más bajas.

Durante la pandemia estas diferencias se estrecharon, pero pronto volvieron a evidenciarse. El patrón territorial se repite: los niveles de renta, el empleo, el acceso a servicios sanitarios y educativos, y la calidad del entorno siguen siendo determinantes de salud, afectando a la esperanza de vida.

 Vivir en un barrio u otro también influye

Las desigualdades no son sólo entre comunidades. En la ciudad de Madrid, el lugar de residencia puede suponer hasta cinco años de diferencia en la esperanza de vida de los hombres. Así lo revela el Estudio de Salud de la Ciudad de Madrid 2022, que muestra cómo los distritos del norte y oeste, como Barajas o Chamartín, presentan mayores niveles de longevidad que otros como Puente de Vallecas o Usera. En las mujeres, la diferencia también es clara: en Vicálvaro pueden vivir hasta 88,4 años de media, mientras que en Centro no superan los 86,4.

Los barrios del sur, históricamente más empobrecidos, presentan peores indicadores de salud, mayores tasas de enfermedades crónicas, más obesidad, y un acceso más limitado a recursos. Un estudio elaborado por Comisiones Obreras en 2024, titulado Atlas de la Desigualdad Territorial en la Comunidad de Madrid, analiza cómo el lugar de residencia condiciona no solo la calidad de vida, sino también su duración.

Tu examen de salud no empieza con un estetoscopio, sino con tu dirección

El informe revela que nacer en municipios del norte de Madrid como Boadilla del Monte, donde la esperanza de vida alcanza los 86,1 años, implica vivir hasta 3,5 años más que en zonas del sur como Parla, con 82,5 años. Esta diferencia se explica, en gran parte, por las desigualdades en las rentas brutas per cápita: mientras en Boadilla y otros municipios del norte (como Pozuelo, Torrelodones o Majadahonda) se superan los 30.000 euros anuales, en el sur (Parla, Fuenlabrada, Móstoles o Aranjuez) las rentas rondan los 14.000-16.000 euros, según el estudio.

A esto se suman tasas de paro más elevadas (casi un 50% superior en algunos municipios del sur), mayor precariedad laboral y una menor cualificación del empleo. El informe destaca también que los territorios con mejores indicadores de renta y empleo concentran más recursos sanitarios, educativos y de ocio, así como entornos más seguros y con mayor presencia de zonas verdes, todo lo cual influye directamente en la salud de sus habitantes

“El código postal influye más que el código genético”

La visión del médico de familia también refleja esta realidad. Los profesionales saben que las condiciones de vida —y no solo los estilos de vida— influyen directamente en cómo se enferma, cómo se cura o incluso cómo se interpreta el dolor. En un mismo cupo médico, puede haber personas sin red de apoyo, con mayor exposición al estrés o con precariedad laboral, todo lo cual impacta directamente en su salud.

Como señala Rafael Cofiño en Atención Primaria, "tu código postal es más importante para tu salud que tu código genético". Esta idea refleja el enfoque que también sigue el Observatorio de Salud en Asturias, que analiza determinantes sociales y activos comunitarios en los municipios asturianos para orientar políticas públicas con enfoque comunitario.

Entre los principales determinantes de salud que tienen en cuenta están: la calidad asistencial sanitaria, los estilos de vida, los factores socioeconómicos y la calidad ambiental, elementos que condicionan directamente la salud de las personas

Iniciativas como el Observatorio asturiano o herramientas como Zip Code Exam en EEUU buscan no solo ofrecer una fotografía de los déficits, sino también detectar los activos en salud de cada territorio. Porque la salud no se reparte al azar: la renta, el barrio, el acceso a recursos y el tejido comunitario son elementos determinantes.

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