Cuando se sufre un catarro o gripe, se producen molestias leves y unos días de encontrarse mal que no suelen tardar mucho en remitir. Pero no siempre pasa de esta manera, y a veces, una infección respiratoria que podría parecer normal, deriva en complicaciones de importancia. Es crucial ser capaz de aminorar a tiempo los cambios que se producen en los síntomas para evitar que una infección que comienza con características relacionadas con un catarro, conduzca a problemas de mayor envergadura, así como la necesidad de actuar rápidamente porque el organismo comienza a dar señales bien evidentes.

Cuando un catarro deja de ser leve

Un catarro común suele mejorar con el paso de los días, la congestión va desaprendiendo, la tos es cada vez menos molesta y la fiebre va bajando. Cuando sucede lo contrario y el paciente se encuentra peor, tras una aparente mejoría, puede que esté sufriendo una infección más grave, el momento de la recaída está marcado por un acontecimiento que no debemos dejar sin atender.

El impacto tras una gripe o infección viral

La recuperación después de un resfriado se asocia a un sistema de defensas respiratorias más frágil. El daño en las vías aéreas provoca que otros microorganismos accedan de manera más fácil a las vías respiratorias. Además, ya no tiene el mismo nivel de capacidad del cuerpo para hacer frente a los microorganismos que puedan aparecer. Un análogo a esto podría ser el catarro, que no se controla desde el principio y que puede acabar derivando en una afección pulmonar más seria.

Síntomas que indican que el catarro se complica

La disnea no es un síntoma de un catarro que haya que pasar por alto. De hecho, la percepción de la falta de aire, el incremento de la frecuencia respiratoria o la presencia de una tos que no consigue despegar, con la aparición de un esputo espeso, se configuran como una señal de que la infección ha asaltado los pulmones. Estos síntomas denotan que el aparato respiratorio está obligado a trabajar por encima de sus posibilidades.

Fiebre alta y deterioro general

La fiebre leve puede darse como síntoma de un catarro, pero altas temperaturas mantenidas deberían orientarnos hacia otra cosa. La gran fatiga, el dolor de pecho y la debilidad general van a la par con procesos que se presentan como más graves. El cuerpo nos confirma entonces que lleva a cabo una lucha contra la infección sobrepasando el mero catarro.

Alerta con la neumonía

La neumonía bacteriana es considerada frecuentemente dentro del grupo de las complicaciones más frecuentes y más graves que se pueden producir como consecuencia de las infecciones víricas. Las bacterias utilizan la inflamación ya instaurada, el área fértil, para multiplicarse y, como consecuencia de la multiplicación iniciada, el paciente puede experimentar una repentina y rápida diferencia respecto de su estado habitual, generando una constante e intensa sintomatología que requiere de la atención médica.

Medidas desde el inicio

La prevención juega un papel primordial. La aplicación de la vacuna frente a la gripe implica una disminución en el riesgo de presentar infecciones primarias y complicaciones, fundamentalmente en pacientes ancianos o aquellos que presentan patologías crónicas, que son los que presentan una mayor importancia en las complicaciones de la gripe. La forma ideal de prevención consiste en mantener buenos hábitos de higiene, protegerse en lugares encerrados y a la vez concurridos, no quitar importancia a los síntomas persistentes, lo que podría interrumpir cuadros más complejos y permitir un diagnóstico más precoz, lo cual facilitará el tratamiento idóneo para el paciente.

Detectar cuando un catarro se convierte en un mal grave es la diferencia entre una recuperación rápida y una enfermedad más difícil y duradera. Escuchar al cuerpo y actuar inmediatamente protege la salud respiratoria y contribuye a impedir complicaciones que pueden ser mortales.