La obesidad infantil avanza en más de 180 países y ya afecta a uno de cada cinco menores en el mundo. Según el World Obesity Atlas 2026, entre 2025 y 2027 podría producirse un cambio simbólico en el mapa global de la malnutrición: habrá más niños con obesidad que con bajo peso. De mantenerse la tendencia, en 2040 más de 225 millones de menores en edad escolar convivirán con esta enfermedad y al menos 120 millones presentarán signos tempranos de patologías crónicas asociadas al exceso de peso.

Pese a la magnitud del fenómeno, la percepción social sigue centrada en la responsabilidad individual. Para Magdalena Wetzel, responsable de Políticas y Defensa en la Federación Mundial de la Obesidad, ese enfoque ha condicionado durante años la respuesta pública.

"La narrativa de la obesidad siempre estuvo volcada hacia culpabilizar al individuo", explica. El resultado, sostiene, ha sido un estigma persistente que dificulta comprender la dimensión estructural del problema. "No se basa en la fuerza de voluntad de una persona. Es una enfermedad crónica y multifactorial, vinculada a desigualdades sociales, al acceso al sistema sanitario y a los entornos en los que vivimos".

Un crecimiento que cambia de geografía

El Atlas 2026 muestra que en algunos países con ingresos altos las tasas han comenzado a estabilizarse, pero el crecimiento se acelera en economías emergentes. En países como China o India, señala Wetzel, se observa un alejamiento progresivo de la alimentación tradicional hacia productos altamente industrializados, impulsados por grandes multinacionales con precios competitivos y fuerte presencia comercial.

"En sociedades que tienen mayor estabilización económica, este cambio, ese crecimiento ya se dio hace bastantes décadas, pero ahora lo estamos viendo en los países que están emergiendo", explica.

A ello se suma la intensidad del marketing dirigido a la infancia, especialmente en entornos digitales. "En todos los países, independientemente de su nivel de ingresos, vemos tasas más altas en los niveles socioeconómicos más bajos", subraya.

España: avances parciales y cifras elevadas

España figura entre los países que han logrado reducir la prevalencia en adolescentes en los últimos años. Sin embargo, las cifras siguen siendo elevadas. Según las últimas estimaciones disponibles del Atlas, correspondiente al año 2025, 735.000 menores entre 5 y 9 años viven con sobrepeso u obesidad en España, una cifra que supera los 1,3 millones si se amplía el rango hasta los 10-19 años  .

El impacto en salud ya es tangible. En años posteriores, 154.000 menores podrían presentar hipertensión atribuida al IMC, 71.000 hiperglucemia, 225.000 triglicéridos elevados y 433.000 de enfermedad hepática asociada a disfunción metabólica  .

Aunque las proyecciones apuntan a un ligero descenso hacia 2040, Wetzel considera que es pronto para hablar de una reversión consolidada. Los datos más recientes son anteriores a la pandemia y la evolución del mercado alimentario y farmacéutico puede alterar el escenario.

La narrativa de la obesidad siempre estuvo volcada hacia culpabilizar al individuo

España cuenta con un Plan Estratégico Nacional para la Reducción de la Obesidad Infantil (2022-2030) y otras políticas vinculadas a alimentación escolar o regulación publicitaria. No obstante, la experta advierte de que diseñar estrategias no basta.

"La obesidad, al ser una condición, una enfermedad crónica y multifactorial, implica que son muchísimas las políticas que tenemos que abordar: no solo los entornos escolares y obesogénicos, los precios o el marketing de la industria, sino también el diseño urbano, el transporte activo, la incentivación de la actividad física e incluso la atención sanitaria", manifiesta.

Además, subraya que el error más frecuente es pensar que una única medida basta con un buen diseño. "La implementación debe ser el otro lado de la moneda y tener igual peso que el diseño del plan. No sirve de nada tener un plan si no se asignan los recursos necesarios a cada región o municipio. Además, así como se regulan las políticas, es fundamental que se fiscalicen y que se comprendan desde la experiencia de las personas con obesidad: cómo viven el sistema sanitario y si el tratamiento que reciben es estigmatizante".

Atención primaria y prevención temprana

Para la Federación Mundial de la Obesidad, la prevención no puede activarse solo cuando aparecen complicaciones. "No hay que esperar a que un niño tenga diabetes tipo 2 o hipertensión", afirma Wetzel. El abordaje, sostiene, debe comenzar desde la atención primaria y mantenerse a lo largo del curso de vida, integrando la obesidad como una enfermedad crónica más dentro del sistema sanitario.

En última instancia, insiste, el debate debe desplazarse del individuo al entorno. Porque, concluye, "el sistema está diseñado para que la elección saludable sea la más difícil".