Un nuevo informe del Consejo Mundial de Monitoreo de la Preparación (GPMB, por sus siglas en inglés) una iniciativa respaldada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Banco Mundial , titulado Un mundo al límite: prioridades para un futuro resiliente ante las pandemias , concluye que, a medida que los brotes de enfermedades infecciosas se vuelven más frecuentes, también se vuelven más dañinos, con impactos cada vez mayores en la salud, la economía, la política y la sociedad, y una menor capacidad para recuperarse de ellos.
El informe de GPMB subraya que el riesgo real e inmediato de otra pandemia llegaría a un mundo más dividido, más endeudado y con menor capacidad para proteger a su población que hace una década, exponiendo a todos los países a impactos potencialmente mayores en materia de salud, sociedad y economía.
El informe avisa de nuestra falta de preparación tras los seis brotes entre 2014 y 2025, que lograron el sello más alto de alarma de la OMS: seis Emergencias de Salud Pública de Importancia Internacional (PHEIC, por sus siglas en inglés), una de ellas terminó en pandemia y a la que hay que sumar una de este 2026 que es la declarada este fin de semana en Congo y Uganda. El informe de Global Preparedness Monitoring Board (GPMB) repasa estas Emergencias de Salud Pública de Importancia Internacional como una década de avisos que no se han aprovechado del todo.
Ébola, 2016
La primera sacudida fue la epidemia de ébola en África occidental, declarada emergencia en agosto de 2014 y levantada en marzo de 2016. Lo que empezó en una zona rural de Guinea se desbordó hacia Liberia y Sierra Leona, con sistemas sanitarios frágiles, mucha movilidad interna y ayuda internacional tardía: más de 28.000 casos y 11.000 muertes la convirtieron en el mayor brote de ébola registrado.
Zika, 2016
En 2016, el foco se desplazó a América Latina con el virus del Zika, cuyo PHEIC se centró en los casos de microcefalia y otros trastornos neurológicos asociados a la infección en el embarazo. La identificación del síndrome congénito por Zika, con malformaciones cerebrales y oculares, crisis epilépticas y un grave retraso en el desarrollo, dejó a miles de familias con una carga médica, económica y emocional que desbordó a los sistemas de salud y protección social.
Ébola, 2019
Tres años después, en 2019, el ébola volvió a la lista con los brotes en Kivu Norte e Ituri, en el este de la República Democrática del Congo. Allí, la respuesta se vio condicionada por el conflicto armado, la desconfianza y los ataques a trabajadores sanitarios: pese al despliegue rápido de vacunas y tratamientos, el balance superó los 3.400 casos y 2.300 muertes, evidenciando los límites de la preparación en contextos humanitarios complejos.
Covid, 2020
La COVID-19, declarada emergencia en enero de 2020, cambió la escala de todo. El SARS-CoV-2 se propagó desde finales de 2019 hasta convertirse en una pandemia planetaria, con más de 20 millones de muertes estimadas y la mayor contracción económica global desde la Segunda Guerra Mundial, pese a la velocidad récord en desarrollar diagnósticos, vacunas y terapias.
Mpox, 2022
El listado se cierra con dos emergencias de mpox o viruela del mono. La primera, entre julio de 2022 y mayo de 2023, fue un brote multicontinental de la clado IIb que afectó a más de 120 países sin experiencia previa en la enfermedad, impulsado por redes de contacto estrecho y viajes internacionales, y que destapó fallos de vigilancia, comunicación de riesgos y acceso a vacunas y tratamientos.
Mpox, 2024
La segunda, entre agosto de 2024 y septiembre de 2025, fue un repunte de una variante más grave (clado I/Ib), concentrada en la RDC y países vecinos, con mayor letalidad y un impacto desproporcionado en niños y poblaciones vulnerables, que volvió a tensionar sistemas sanitarios ya frágiles.
Ébola, 2006
La última de las emergencias de salud pública de importancia internacional (PHEIC) acaba de producirse con la comunicación de OMS y alcanza, de momento a Congo y Uganda, donde es esperable que aumenten los casos las próximas semanas ante la dificultad de las autoridades de hacer seguimiento de los contactos.
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