Con motivo del Día Mundial del Lavado de Manos, que se celebra cada 15 de octubre, B. Braun pone el foco en la importancia de mantener este hábito más allá de momentos excepcionales o situaciones de alerta sanitaria y convertirlo en una práctica cotidiana de prevención. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) y Unicef, una correcta higiene de manos puede reducir las enfermedades digestivas en un 30 % y las infecciones respiratorias agudas en un 17%, poniendo de manifiesto el impacto que un gesto cotidiano puede tener sobre la salud de la población.
De acuerdo con las recomendaciones de la OMS y Unicef, hay cinco momentos clave en los que una correcta higiene de manos resulta especialmente relevante: antes de preparar alimentos, antes de comer o de dar de comer a otra persona, después de ir al baño o de cambiar un pañal, después de toser, estornudar o sonarse la nariz y siempre que las manos estén visiblemente sucias.
El doctor Manuel Cortés Blanco, médico del Servicio de Medicina Preventiva y corresponsable del Programa de Higiene de Manos del Complejo Asistencial Universitario de León, explicó que “en prevención, a veces las medidas más sencillas son también las que generan un mayor impacto. La higiene de manos es un claro ejemplo: un gesto cotidiano que, cuando se realiza correctamente, ayuda a reducir infecciones, proteger a los pacientes y mejorar la calidad de la atención sanitaria”.
Para conseguir una higiene eficaz, es importante mojar las manos con agua, aplicar jabón y frotar toda su superficie, sin olvidar las palmas, el dorso, los espacios entre los dedos, los pulgares, las puntas de los dedos y la zona alrededor de las uñas. Además, conviene dedicar el tiempo suficiente al proceso. Organismos como los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) recomiendan frotar las manos con jabón durante al menos 20 segundos. Después, deben aclararse y secarse completamente.
Inmaculada Fernández Moreno, enfermera de Prevención y Control de Infecciones en el Hospital Parc Taulí y presidenta de la AEEPyCI, señaló que “uno de los errores más frecuentes es lavarnos las manos de forma automática, sin prestar atención a todas las zonas. Los pulgares, los espacios entre los dedos, las uñas y el dorso de las manos suelen ser las partes que más olvidamos. Por eso, es fundamental dedicar el tiempo suficiente y seguir una técnica ordenada que permita eliminar eficazmente los microorganismos”.
Cuando no se dispone de agua y jabón y las manos no presentan suciedad visible, una solución hidroalcohólica con una concentración de alcohol de al menos el 60 % puede ser una alternativa eficaz. En este caso, debe aplicarse una cantidad suficiente para cubrir toda la superficie de ambas manos y frotarlas hasta que estén completamente secas. En ambos casos, la clave está en cubrir correctamente todas las zonas de las manos y completar el proceso, evitando hacerlo de manera rápida o incompleta.
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