En pleno siglo XXI, con el Ártico convirtiéndose en un tablero de ajedrez geopolítico, la base de Pituffik emerge como uno de los activos más sensibles de Estados Unidos. Desde su remota ubicación en el norte de Groenlandia, esta instalación no solo vigila el cielo y el espacio, sino que también aviva algunos debates sobre la soberanía y poder global, especialmente ahora con las declaraciones incendiarias del presidente Trump.
Ubicada en un paraje gélido y hostil, Pituffik representa mucho más que una base militar. Es un símbolo de la Guerra Fría que perdura y un foco de tensiones que están ligadas incluso a la reciente crisis venezolana.
Pituffik, antes conocida como Thule Air Base, se construyó en 1951 en pleno apogeo de la Guerra Fría. Estados Unidos, con el beneplácito de Dinamarca (de la que depende Groenlandia), erigió esta fortaleza a 950 kilómetros del Círculo Polar Ártico, en un sitio donde las temperaturas caen por debajo de los -40°C y la noche polar dura meses. El nombre actual, adoptado en 2023, rinde homenaje al término inuktitut "Pituffik", que significa algo así como "el gran lugar", un guiño a los indígenas groenlandeses que habitan la zona desde hace siglos.
Hoy alberga alrededor de 200 efectivos y personal civil estadounidense, equipados con radares de última generación como el Upgraded Early Warning Radar (UEWR), Este sistema detecta misiles balísticos en cualquier rincón del planeta, desde Corea del Norte hasta submarinos rusos en el Atlántico Norte. Pero no se queda ahí. Pituffik también rastrea satélites, comunica con naves espaciales y sirve de apoyo logístico para operaciones en el Ártico.
Su evolución ha sido constante. En los 80, con el programa "Guerra de las Galaxias" de Reagan, se modernizó para el espacio. Y ahora, con el deshielo ártico abriendo rutas marítimas y exponiendo minerales raros, su rol se ha multiplicado.
Una soberanía compartida y complicada
Formalmente, Pituffik pertenece a Dinamarca, pues Groenlandia es un territorio autónomo danés desde 1953, pero hoy es un territorio autónomo dentro del Reino, con autogobierno ampliado desde 2009. Sin embargo, tratados bilaterales de 1951 (renovados en 2021) ceden el control operativo y financiero a Estados Unidos. Washington paga la factura, decide las misiones militares y mantiene la seguridad, mientras Copenhague supervisa lo civil y ambiental.

Esta dualidad no está exenta de roces. En 1968, un bombardero B-52 se estrelló cerca, esparciendo plutonio que contaminó el hielo durante décadas. Dinamarca lo encubrió inicialmente, pero el escándalo estalló años después, dejando un trauma en la memoria local. Los groenlandeses, unos 56.000 en su mayoría, dependen económicamente de subsidios daneses (que cubren el 20% de su PIB), lo que limita su voz. Aun así, el parlamento local exige más transparencia y rechaza explotación petrolera por motivos ecológicos.
Por qué Pituffik es tan crucial en el Ártico de hoy
Groenlandia, con sus 2,1 millones de kilómetros cuadrados de hielo, ofrece una latitud privilegiada (76° norte) para vigilar el Ártico entero. Pituffik cubre el 30% de la alerta misilística global de EE.UU. Sin Pituffik, la OTAN perdería ojos y oídos en una región que define el futuro energético y militar del mundo.

¿Qué más presencia estadounidense hay en Groenlandia?
Además de Pituffik, Estados Unidos colabora con Groenlandia en instalaciones científicas y logísticas limitadas, principalmente a través de apoyo a proyectos civiles. Pituffik actúa como hub principal para estas operaciones, sin bases militares adicionales activas en el territorio.
La estación Sondrestrom Upper Atmospheric Research Facility, cerca de Kangerlussuaq, operó hasta su cierre en 2018 facilitando estudios atmosféricos y polares con radar incoherente scatter. Gestionada por SRI International para NSF y el Instituto Meteorológico Danés, contribuyó a investigaciones sobre la ionosfera y misiones espaciales civiles, aunque su infraestructura principal se demolió en 2023.
Estaciones como Summit Station, en el centro de la capa de hielo groenlandesa, reciben apoyo logístico estadounidense estacional para investigaciones glaciológicas y climáticas. Operada por NSF con vuelos de reabastecimiento de la Guardia Nacional Aérea de Nueva York (desde Pituffik), recopila datos sobre deshielo y atmósfera en colaboración con NASA y socios europeos como GEUS de Dinamarca
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