Todos los movimientos de EEUU en las últimas semanas, desde el ataque de Venezuela a su aspiración por Groenlandia son interpretados para fortalecer el poder de EEUU sobre la constante ampliación de influencia China por el mundo. Trump se ha inventado la mentira de que en Groenlandia había tropas chinas y rusas para justificar la necesidad de hacerse con el territorio.

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No hay tropas chinas en Groenlandia, pero sí el legítimo interés de empresas chinas por invertir en Groenlandia. Esa es en verdad el arma que emplea China para expandir su influencia en el mundo y le viene funcionando. Su crecimiento económico y la dependencia del mundo sobre China son la fortaleza con la que el país paró, sin alharacas, los desproporcionados aranceles que anunció Donald Trump.

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“La base de toda la estrategia de incremento de presencia e influencia internacional de China gira en torno al comercio”, afirma en conversación con El Independiente el sinólogo Xulio Ríos. “El comercio requiere sobre todo estabilidad. Cada vez que hay un conflicto en Ucrania o  donde sea, eso afecta a sus intereses comerciales y de inversión. En ese sentido es una garantía, es muy previsible la política de China en este sentido. En un mundo tan volátil es todo un activo”, añade. La China comunista se presenta en estos tiempos como un socio comercial capitalista más consistente que el EEUU de Donald Trump. 

Un aviador del equipo de control aéreo táctico de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, en Finlandia. | Ejército de EEUU

Ruta de la Seda polar, minerales y mariscos

El Ártico, para Pekín, es una oportunidad para ampliar y mejorar su capacidad comercial. “Su interés es fundamentalmente económico. Como potencia exportadora, le resulta estratégico participar en la apertura de nuevas rutas comerciales y por eso aprobó su primer Libro Blanco sobre el Ártico. No es un actor militar en la zona, ni pretende serlo. Ha venido reclamando siempre que el Ártico es un bien público global. Su aproximación es la de siempre: economía, comercio, infraestructuras, no son bases militares”, afirma Ríos. Una visión que confirma a este diario Victor Gao, vicepresidente del Center for China and Globalization (CCG), un “think tank” con sede en Pekín: "China es país observador en el Consejo Ártico, y tiene la intención y la capacidad de colaborar con todos los países miembros pertinentes del Consejo Ártico con fines pacíficos".

“Pekín considera el Ártico como una nueva frontera estratégica y una importante fuente emergente de recursos y comercio”, señala a este diario con Marc Lanteigne, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Ártica de Noruega y experto en China. “Durante los últimos quince años, China se ha descrito a sí misma como un 'Estado cercano al Ártico' y una parte interesada en la región, argumentando que el extremo norte debería estar abierto a la actividad económica y científica internacional. Pekín desea desarrollar una 'Ruta de la Seda Polar' como parte del eje norte de la Iniciativa del Cinturón y Ruta de la Seda, lo que incluye el desarrollo de la energía, el comercio marítimo y las infraestructuras. Sin embargo, China también considera que el Ártico se está militarizando cada vez más y le preocupa que se vea expulsada de la región debido a las crecientes rivalidades entre Rusia y Occidente”, agrega.

China se ha descrito a sí misma como un 'Estado cercano al Ártico' y una parte interesada en la región, argumentando que el extremo norte debería estar abierto a la actividad económica

En su política sobre el Ártico, difundida en 2018, China declara el objetivo estratégico de comprender mejor la región a través de investigación científica avanzada, con el fin de profundizar en el conocimiento de su entorno natural y de los cambios climáticos globales que tienen impacto en sus propios intereses nacionales, incluidos los agrícolas, pesqueros y forestales. El gigante asiático se muestra especialmente interesado en usar “de manera legítima y racional los recursos naturales y las oportunidades económicas de la región dentro de los marcos del derecho internacional”, con el horizonte puesto en el desarrollo de rutas de navegación árticas pero “respetando la soberanía, los derechos soberanos y la jurisdicción de los Estados árticos”.

Cómo sería la posible ruta en el Ártico central con el deshielo
E.I. Gráficos

A juicio de Lanteigne, el régimen comunista chino tiene tres tipos de intereses en el Ártico. “El primero es desarrollar un mayor conocimiento científico en la zona, especialmente en lo que respecta a cómo el cambio climático en el Ártico afectará directamente a China (cambios en los patrones climáticos, contaminación, efectos en el PIB, etc.)”, detalla. “El segundo es desarrollar iniciativas económicas en la zona, incluyendo el aprovechamiento de las rutas marítimas del Océano Ártico, como la Ruta del Mar del Norte y, eventualmente, los tránsitos por el Ártico Central. China también ha tratado de invertir en petróleo, gas, minerales y pesca, así como de ampliar el comercio general con los Estados árticos”.

Una estrategia, constata el académico, que “ha tenido un éxito desigual, sobre todo porque muchos gobiernos árticos están preocupados por la estrecha relación entre China y Rusia en el extremo norte”. “En tercer lugar, China está interesada en tener más peso en la gobernanza del Ártico, especialmente ahora que más Estados no árticos tratan de desarrollar su presencia en la zona. Pekín está preocupado por la supervivencia a largo plazo del Consejo Ártico y se ha mostrado abierto a otras formas de cooperación ártica, incluyendo potencialmente a través del BRICS+”.

En Groenlandia -donde su presencia es una de las razones por las que Trump ha lanzado una ofensiva que cuestiona abiertamente la soberanía danesa-, China ha puesto su objetivo en la minería. En 2016 la compañía china Shenghe Resources se convirtió en accionista minoritaria de la entonces Greenland Minerals, rebautizada hoy como Energy Transition Minerals con vista a explotar Kuannersuit, uno de los mayores yacimientos potenciales de tierras raras, pero el proyecto fue bloqueado en 2021 tras la decisión del Gobierno groenlandés de prohibir la explotación de minerales con contenido significativo de uranio, una medida con amplio respaldo social y ambiental.

Una de las misiones científicas de China en el Ártico

“China ha estado esperando invertir en minería en Groenlandia, y durante un tiempo hubo cuatro proyectos mineros potenciales en Groenlandia, incluyendo uranio, zinc y tierras raras, que estaban vinculados a empresas chinas”, admite el experto de la universidad noruega. “Sin embargo, ninguno de estos proyectos se ha materializado, debido a preocupaciones medioambientales o políticas”.

La realidad actual es que Pekín no opera ninguna mina en producción en un territorio con potencialidad pero donde la tecnología actual de extracción y las implicaciones medioambientales hacen altamente inviable el negocio. De hecho, todas las aventuras recientes han acabado en fiasco. Proyectos como Wegener Halvo -cobre- o Maniitsoq -níquel- fueron descartados por los costes económicos, según un informe de 2025 del Oxford Institute for Energy Studies. China llegó a interesarse y firmar un acuerdo preliminar en el fiordo Citronen, uno de los mayores yacimientos no explotados de zinc y plomo del Ártico, pero la promotora australiana que se hallaba detrás de la iniciativa terminó vendiendo el activo a un fondo emiratí hace dos años.

“Aunque el Gobierno de Groenlandia abrió recientemente un consulado en Pekín, en la actualidad los intereses económicos chinos en Groenlandia están relacionados principalmente con el comercio de productos del mar”, desliza Lanteigne. China es uno de los principales mercados para el marisco groenlandés -langostino ártico, fletán, bacalao o cangrejo-, con la existencia de empresas locales que adaptan formatos, etiquetado y canales de venta al consumidor chino.

“Tanto Dinamarca como EEUU se han mostrado cautelosos ante cualquier inversión china importante en Groenlandia por temor a que se vea afectada la soberanía económica de la isla. Hace unos años, cuando una empresa china presentó una oferta para un contrato de modernización de varios aeropuertos de Groenlandia [Nuuk, Ilulissat y Qaqortoq], Copenhague intervino para bloquear el proceso”. Sin embargo, el Gobierno de Groenlandia ha subrayado que la isla está abierta a los negocios y considera a China un socio económico importante, junto con la UE, Estados Unidos, Canadá y Japón”, subraya Lanteigne, editor del blog Over the Circle sobre información del Ártico.

China y su alianza con Rusia también se ha desplegado en la región ártica, con limitaciones y recelos mutuos. “China y Rusia han firmado varios acuerdos sobre el Ártico, entre los que se incluyen la cooperación económica, científica y en materia de seguridad, y se han llevado a cabo maniobras conjuntas entre los ejércitos y las guardias costeras de ambos países”. “Sin embargo, Rusia se ha mostrado cautelosa a la hora de permitir a China un acceso excesivo a las aguas árticas rusas y a lugares sensibles de Siberia. China también está preocupada por depender demasiado de Moscú para acceder al Ártico, y ha intentado establecer relaciones más cordiales con el norte de Europa, con resultados dispares”.

Barco de la OTAN patrullando el Ártico | OTAN

La paciencia de China

Según Wang Yiwei, director del Center for European Union Studies de Pekín, “la importancia geopolítica de la región ártica es cada vez mayor”. “Al mejorar la cooperación económica y científica con Groenlandia, China busca aumentar su participación en los asuntos árticos y promover un sistema de gobernanza abierto e inclusiva para la región”, apostilla.

Desde la perspectiva occidental la política americana es toda una afrenta a los intereses de los chinos y cabría esperar una respuesta inmediata, pero Xulio Ríos considera que ese es un error común, creen que China actúa como una potencia occidental. “Indudablemente la presión de Estados Unidos puede afectar a su estrategia, pero lo que se plantea China en términos tácticos, en lo inmediato, no va a sufrir grandes cambios. El enfoque que están planteando las autoridades chinas para la gestión del horizonte inmediato es la prioridad para los asuntos propios, hacer bien todo el trabajo económico, comercial, tecnológico y esa es la mejor garantía para abordar el reto estratégico con Estados Unidos. Cuanto más fuerte sea China, más difícil lo tendrá Estados Unidos para revertir esta situación”, asevera.

China es para Europa una garantía de estabilidad porque Estados Unidos no lo es en absoluto

Con esa paciencia estratégica, según Ríos, habrá que ver si la expulsan de Venezuela o de Perú, donde es el principal socio comercial del país. “Ya se planteó sacar a China de Panamá y ahí está el tema, en tablas. Los chinos tienen sus recursos y no van a entrar en grandes alarmas, ni van a plantear ni un ultimátum”. 

Los movimientos de Trump, fuera del orden internacional posterior a la II Guerra Mundial, también suponen una oportunidad para China. “Ellos van a seguir apostando por las Naciones Unidas y los organismos multilaterales. De hecho en  los últimos tiempos han cubierto algunos  algunos huecos dejados por EEUU en estos organismos”, afirma Ríos. Pero por sí sola China no va a poder ocupar todo el poder que está abandonando EEUU en organismos internacionales. En este sentido la situación actual empuja a Europa, según Ríos, a acercarse más a China.

“La posición de Europa como siempre es frágil y muy muy fragmentada, pero en estos momentos China es para Europa una garantía de estabilidad porque Estados Unidos no lo es en absoluto”, afirma el Xulio Ríos. “Si la relación con Estados Unidos es inestable, añadir más inestabilidad situando en un limbo de turbulencias la relación europea con China es realmente suicida”, añade.