El descarrilamiento y choque de dos trenes de alta velocidad en el término municipal de Adamuz (Córdoba) se ha convertido en el siniestro ferroviario más grave en España desde el accidente de Angrois, ocurrido en 2013. Entonces, un tren Alvia que cubría la ruta Madrid–Ferrol descarriló en una curva a la entrada de Santiago de Compostela y causó 80 muertos y más de 140 heridos.
El suceso de Adamuz se ha producido en un contexto de descenso sostenido de la siniestralidad ferroviaria en las últimas décadas, pero vuelve a situar el foco en la seguridad del transporte por ferrocarril y, en particular, en la alta velocidad, que apenas había registrado accidentes mortales de gran magnitud desde el caso de Angrois.
Ajenos a la alta velocidad desde 2013
Tras 2013, los accidentes con víctimas mortales han sido menos frecuentes y, en su mayoría, ajenos a la alta velocidad. En septiembre de 2016, cuatro personas murieron al descarrilar un tren regional que cubría la ruta Vigo–Oporto en O Porriño (Pontevedra), a escasos metros de la estación. En noviembre de 2018, un tren de la línea R4 de Rodalies descarriló en Vacarisses (Barcelona), causando la muerte de un pasajero y dejando más de 40 heridos leves.
En febrero de 2019, una colisión frontal entre dos trenes de la línea R4 provocó la muerte de la maquinista de uno de los convoyes. En junio de 2020, el choque entre un tren Alvia y un vehículo que cayó a la vía desde un paso elevado se saldó con dos fallecidos, mientras que en mayo de 2022 un tren de mercancías colisionó con otro de pasajeros en Sant Boi de Llobregat (Barcelona), con un balance de un maquinista muerto y decenas de heridos leves.
De Torre del Bierzo a Chinchilla
Antes de la implantación de la alta velocidad, los accidentes más graves se concentraron en colisiones y descarrilamientos en líneas convencionales o en pasos a nivel. En junio de 2003, el choque frontal entre un Talgo y un tren de mercancías en Chinchilla (Albacete) causó 19 muertos. Tres años después, en agosto de 2006, un Intercity que cubría la línea A Coruña–Hendaya descarriló en Villada (Palencia), con siete víctimas mortales.
El último accidente de gran impacto antes de Angrois se produjo en 2010, cuando doce personas murieron al ser arrolladas por un tren en un paso indebido en Castelldefels (Barcelona).
El balance más grave de la historia reciente del ferrocarril en España sigue siendo el accidente de Torre del Bierzo, en 1944, cuando la colisión de varios trenes en un túnel de la línea Madrid–Galicia dejó decenas de muertos, con cifras oficiales que superaron los 70 fallecidos. En 1972, el descarrilamiento de un ferrobús en la línea Cádiz–Sevilla provocó 77 víctimas mortales.
En el ámbito europeo, el accidente de Angrois figura entre los más graves de los últimos 25 años, junto al incendio del funicular de Kaprun (Austria) en 2000, con 155 muertos, o el descarrilamiento de un tren de alta velocidad en Eschede (Alemania) en 1998, que causó 101 fallecidos. También destacan el descarrilamiento de un tren en Montenegro en 2006, con al menos 45 víctimas mortales, y varios choques en Italia, Turquía y el Reino Unido con balances superiores a la treintena de muertos.
El accidente de Adamuz se ha situado así, por su número de víctimas y por afectar a trenes de alta velocidad, en un nivel de gravedad que no se registraba en España desde hace más de una década, y reabre el debate sobre los sistemas de seguridad, la gestión del tráfico ferroviario y los protocolos de prevención en la red de alta capacidad.
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