La Comisión Europea anticipa que las empresas españolas subirán salarios en 2017 empujadas por el repunte del IPC, lo que, unido a un muy bajo crecimiento de la productividad, disparará inevitablemente sus costes laborales unitarios.

Es justamente lo que están tratando de evitar las patronales CEOE-Cepyme en sus negociaciones con los sindicatos CCOO y UGT para cerrar las recomendaciones de subida salarial para este año.

Mientras que las previsiones apuntan a una inflación algo inferior al 2% –Bruselas anticipa un 1,9%– por el repunte de los productos energéticos, la patronal ha planteado subidas salariales para este año de hasta el 1,5% con un margen hasta el 2% en función de la evolución de la productividad.  En frente, los sindicatos hablan de subidas entre el 1,8% y el 3%. Ante esta disparidad, las negociaciones se encuentran paralizadas.

Sin embargo, la comunicación sobre el semestre europeo publicado estos días por la Comisión Europea da por hecho que el IPC empujará al alza los salarios y recalca que esto ocurrirá con independencia de que la productividad se mantendrá en niveles bajos.

En primer lugar espera que la inflación suba por el repunte de los precios de los carburantes. De este modo, el IPC pasará en España de una media del 0,3% en 2016, al 1,9% en 2017 y al 1,7% en 2018, una vez se debilite el empuje de los precios de la energía.

En esta evolución, Bruselas anticipa que se produciría un efecto de segunda vuelta, pues prevé que, al mismo tiempo que subirán los salarios en el corto plazo por el repunte de la inflación, también la inflación subyacente  (más ajustada al consumo real, al descontar los precios más volátiles) «se incrementará gradualmente durante los próximos dos años, al tiempo que suben los sueldos».

Más allá de estas cuestiones más técnicas, la Comisión Europea resume que «en línea con la subida progresiva de la inflación, los salarios previsiblemente crecerán».

Pero no crece la productividad

Esta evolución, en sí misma, no es perjudicial para las empresas si es que se ve acompañada de un incremento similar o mayor de la productividad. Pero no es así.

Bruselas anticipa que la subida de los salarios, «junto a un muy bajo crecimiento de la productividad, probablemente supondrá un incremento de los costes laborales unitarios».

Este indicador es el cociente entre el gasto salarial total que soportan las compañías por sus trabajadores y su productividad, los dos factores del trabajo entre los que, según Bruselas, se agrandará la brecha este año por el efecto del IPC.

El cuadro de previsiones que se incluye en el documento refleja la dimensión del problema que se le avecina a las empresas, ya golpeadas en 2017 por la decisión del Gobierno de hacer recaer sobre ellos el grueso del ajuste fiscal  previsto para este año para cuadrar el déficit público, con una subida de impuestos de unos 4.600 millones de euros.

La Comisión Europea proyecta que los costes laborales unitarios crecerán un 1,1% en 2017, frente al 0,2% de 2016. Se trata de un repunte que además tendrá continuidad en 2018, con un avance del 1,2%, lo que sitúa a este indicador próximo a las tasas de crecimiento de 2009, cuando era del 1,6%.

En esos primeros años de la crisis, la CEOE insistía en vincular los salarios a la productividad bajo el argumento de que su indexación sin más al IPC, sin contar con esta variable, afectaría a la actividad de las empresas y generaría más paro. No es de extrañar, por tanto, que la patronal vuelva a poner la cuestión sobre la mesa.