Es probable que los drones se hayan convertido en la tecnología militar más revolucionaria del siglo XXI. Pero hay un tipo de armamento que, aunque lleva décadas desarrollándose, está experimentando un gran auge gracias, en gran parte, a su potencial para misiones antidrones. Hasta ahora, los desafíos técnicos han impedido su uso operativo generalizado. Pero pronto esto podría cambiar.

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Hablamos de las armas láser, que forman parte de las llamadas armas de energía dirigida (DEW, por sus siglas en inglés), que también incluyen las armas de microondas de alta potencia. Un tipo de armamento que podría complementar al convencional, ayudando a contrarrestar las amenazas menos avanzadas y permitiendo reservar las mejores capacidades para los ataques más sofisticados y rápidos.

De acuerdo con el Departamento de Defensa de los EE. UU., las DEW pueden ser especialmente útiles para combatir amenazas de movimiento más lento y enjambre, como drones, cohetes, artillería y morteros, al interrumpir o destruir sus componentes electrónicos y sistemas de guía. Y aunque en el futuro también podría explorarse su potencial contra misiles, incluso contra misiles balísticos intercontinentales (ICBM), los desafíos tecnológicos para tales aplicaciones "son actualmente prohibitivos".

Al utilizar energía en lugar de balas o misiles, su atractivo reside en la promesa de disparos prácticamente ilimitados, a la velocidad de la luz y con un coste por uso ínfimo en comparación con la munición tradicional. Su auge militar se explica por los avances tecnológicos, que han permitido desarrollar láseres más pequeños y seguros de operar, así como portátiles y prácticos. Y, por el camino, la investigación en este tipo de armamento también podría beneficiar a los usos civiles. Por ejemplo, el desarrollo de láseres de mayor energía podría impulsar proyectos que utilizan energía dirigida para transportar o "emitir" energía a zonas remotas y desfavorecidas.

Ventajas y desventajas de las armas láser

Las armas láser funcionan produciendo un haz de luz muy estrecho y concentrado, generalmente en la región infrarroja-visible. El haz puede ser pulsado o continuo, generando una potencia de salida de al menos 1 kilovatio, una fuerza 200.000 veces mayor que la de un puntero láser típico, que es capaz de fundir acero, plástico y otros materiales. Pero, como siempre, la clave será utilizarlas en contextos donde sean verdaderamente útiles, porque presentan pros y contras a partes iguales.

De entrada, las ventajas parecen claras. La luz de un rayo láser puede alcanzar un objetivo casi al instante, y dependiendo de su potencia puede causar un daño incapacitante "en cuestión de segundos", antes de redirigirse hacia otro objetivo. Además, son armas de precisión. Y es que el área irradiada por el láser, que puede tener un diámetro de varios milímetros a varios centímetros, afecta al objetivo que alcanza sin dañar al resto de objetos cercanos.

En paralelo, requieren menos requisitos logísticos, y pueden programarse para ofrecer "respuestas graduadas", que van desde advertir a los objetivos hasta bloquear de forma reversible sus sistemas, causar daños limitados pero no incapacitantes y, finalmente, causar daños incapacitantes.

Pero también hay desventajas, claro. Empezando por su línea de visión, porque, dado que la luz láser atraviesa la atmósfera siguiendo una trayectoria prácticamente recta, estas armas no podrían contrarrestar objetivos más allá del horizonte u ocultos por objetos intermedios. Asimismo, las sustancias presentes en la atmósfera (arena, polvo, humo, etc.) pueden desenfocar el rayo láser, algo especialmente problemático si se utilizan a bordo de buques, ya que los entornos marinos se caracterizan por la presencia de cantidades importantes de vapor de agua en el aire. De la misma forma, la nieve o la lluvia puede provocar que den fallos o incluso no funcionen en absoluto. 

Hay más problemas. Si un láser que continúa disparando en la misma dirección exacta durante un cierto tiempo puede calentar el aire por el que pasa, lo que a su vez puede desenfocar el rayo. Además, aunque actúe muy rápido, un arma láser solo puede atacar un objetivo a la vez, lo que limita su potencial cuando se reciben ataques desde múltiples frentes. Y por último, los láseres menos potentes (aquellos que solo alcanzan kilovatios en lugar de megavatios) pueden ser mucho menos eficaces contra determinados objetivos, lo que implicaría la necesidad de invertir en armas más pesadas y más caras. 

Las armas láser también suelen tener un alcance menor que las convencionales. Y, en caso de utilizarse para inutilizar o dañar satélites y sensores, podrían interferir en las operaciones de recopilación de inteligencia, las comunicaciones militares y los sistemas de posicionamiento, navegación y cronometraje utilizados para la orientación de las armas. Y por último, la incertidumbre sobre sus efectos a largo plazo en la salud de las personas expuestas, de manera intencional o no, a energía dirigida ha generado un debate ético sobre su uso.

Los planes de España con las armas láser

Actualmente múltiples países emplean sistemas láser para múltiples aplicaciones ligadas a la seguridad y la defensa. Entre ellos están muchas de las principales potencias mundiales, como Estados Unidos, Reino Unido, Israel, Australia o China.

En España has bastante secretismo sobre el tema. Entre el año 2019 y 2022 se desarrolló el Programa Sigilar, que buscaba "estudiar, diseñar y desarrollar un sistema guiado por láser pulsado de alta potencia para uso militar". El proyecto, que contó con una financiación de 450.000 euros, buscaba crear un equipo operativo de primera generación (demostrador) basado en tecnología láser de más de 15 kW de potencia pico que disparara de forma estable. Su diseño también debía permitir su acoplamiento a una plataforma con un sistema de control y direccionamiento del haz láser.

El programa finalizó en octubre de 2022, cuando finalizaron "con éxito" las pruebas, según indicó el Centro de Láseres Pulsados de Salamanca (CLPU), la entidad designada por el Ministerio de Defensa para el diseño del arma, que aseguró que se cumplieron todos los objetivos e incluso se sobrepasaron en términos de potencia pico, llegando a alcanzar los 40 kW.

El CLPU manifestó por entonces que estaba "convencido" de que este proyecto podría tener continuidad para acercar esta tecnología al mercado y que pronto pudiera ser comercializada. En noviembre de 2023 saltó la noticia de que el Ministerio había adjudicado al consorcio formado por Indra y Escribano Mechanical & Engineering un contrato de casi 11 millones de euros para desarrollar un Demostrador Instrumental de Arma Láser (DIAL) de hasta 35 kW, capaz de derribar drones o neutralizar minas marítimas, que debería estar listo en diciembre de 2027.

Más recientemente, en mayo de este año, se supo que España trabajará de manera conjunta con Italia para desarrollar un arma láser antiaérea, en el marco de la Cooperación Estructurada Permanente de la UE. Una tecnología que alcanzaría potencias de entre 10 y 100 kW, para poder adaptarse a los distintos teatros de operaciones.

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