Entre enero de 2025 y el mismo mes de 2026, el número de parados que han nacido en España se ha reducido en todas las franjas de edad, según los datos que ha publicado el Ministerio de Trabajo este martes a través del SEPE (Servicio Estatal Público de Empleo). Sin embargo, entre los extranjeros, la evolución no ha sido igual de homogénea: se ha reducido el desempleo en todos los tramos de edad, menos entre los menores de 25 años. Un matiz relevante en un mercado laboral que continúa absorbiendo mano de obra foránea, pero que tarda más en integrar a los perfiles más vulnerables, es decir, los inmigrantes jóvenes.
En concreto, el paro extranjero entre los mayores de 25 años se ha anotado un descenso de 17.533 personas en los últimos doce meses. En cambio, entre los menores de 25 años se ha registrado un incremento de 723 nuevos parados. Así, el saldo final arroja una reducción neta de 16.810 desempleados menos respecto de enero del año pasado pero que sólo se explica por el descenso del desempleo entre las edades adultas, que han compensado el repunte del tramo juvenil.
Así, el paro extranjero se ha reducido hasta los 343.693 desempleados, de los que 102.363 son ciudadanos procedentes de la Unión Europea y 241.330 son extracomunitarios —lo que refleja también el mayor peso de la inmigración procedente de fuera de la UE, principalmente hispanoamericanos—. Por su lado, el paro entre extranjeros y nacidos en España se ha reducido en 160.381 personas: desde los 2.599.443 desempleados de enero de 2025 hasta los 2.439.062 actuales, lo que sitúa a los extranjeros como el 14,1% del total de demandantes de empleo registrados por el SEPE.
¿Dónde se encuentra el paro extranjero?
Por sectores, en los últimos doce meses, la caída del paro extranjero se ha concentrado principalmente en el sector servicios (-9.602), seguido por el sector de la construcción (-2.793), la agricultura (-2.031), la industria (-1.011) y el colectivo de "sin empleo anterior", que se ha anotado un descenso de 1.373 parados menos.
En conjunto, esta tendencia se encuadra en un patrón más amplio, donde la mejora se extiende por los grandes sectores donde habitualmente se concentra una parte relevante del empleo extranjero: actividades intensivas en mano de obra y muy ligadas al pulso del ciclo económico, especialmente el terciario y la construcción.
Además, este reparto sectorial encaja con otro patrón: el territorial. Los parados extranjeros se concentran, principalmente, en las comunidades autónomas con mayor volumen de actividad económica, es decir, donde hay más oportunidades de encontrar trabajo rápidamente. Así, Cataluña, la Comunidad Valenciana, la Comunidad de Madrid y el País Vasco agrupan el 55,6% del total. Y, si se añade Andalucía —donde el sector primario mantiene un peso estructural en su modelo productivo y concentra una parte relevante del empleo extranjero— el porcentaje de desempleados foráneos en estas cinco comunidades autónomas alcanza al 70% del total.
No obstante, en los últimos años se está produciendo un fenómeno de extensión territorial. La población inmigrante no se dirige únicamente a los grandes núcleos urbanos, sino que comienza a repartirse con más intensidad por el conjunto del país. Un movimiento que cobra especial relevancia en un contexto de relevo generacional cada vez más tensionado. De hecho, el último Observatorio Trimestral del Mercado de Trabajo —elaborado por Fedea y BBVA Research— advertía de que en varias comunidades autónomas envejecidas, la población joven nativa no era suficiente para reemplazar las pérdidas de empleo asociadas a las jubilaciones, y en este contexto, la inmigración estaba contribuyendo a compensar parcialmente la brecha.
En esta misma línea, la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) señalaba en septiembre que el envejecimiento de la población iba a ser un problema en las próximas décadas de cara a la sostenibilidad de las cuentas públicas: la tasa de dependencia —es decir, el índice que mide la proporción de personas dependientes (menores de 16 años y mayores de 66) respecto de la población en edad de trabajar (entre 16 y 66 años)— crecerá hasta cerca del 70% en 2050, frente al 47,8% actual, lo que reducirá el número de trabajadores por pensionista y tensionará la sostenibilidad del sistema. Ante ello, desde la AIReF subrayaban que, para mantener esta ratio en niveles similares a los actuales, sería necesario un flujo migratorio superior al millón de personas al año durante las próximas décadas, de tal forma que España necesitaría que el 45% de la población fuese inmigrante en 2050 para poder mantener el gasto asociado al envejecimiento.
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