El miedo y la incertidumbre son los factores que a menudo hacen tambalearse la economía. La estabilidad requiere de certezas y en la crisis abierta este sábado tras el ataque de EEUU e Israel contra Irán apenas existen. Más aún, a medida que avanzan las horas y el conflicto se complica y extiende por la región haciendo de Oriente Medio una suerte de polvorín con consecuencias difíciles de prever. Los mercados dejaron ayer muy claro que tienen miedo, que el desarrollo del conflicto inquieta, fundamentalmente por su impacto en dos materias primas clave: el crudo y el gas, y con un foco crítico como es el estrecho de Ormuz.

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¿Es real un riesgo de colapso del mercado? Los expertos no se atreven a predecir casi nada. El pulso a la economía se tomará día a día, hora a hora, para concluir si la crisis en Oriente Medio es solo geopolítica o también económica, y de las graves.

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Por el momento, el primer día post ataque, los mercados dictaron veredicto: están asustados, pero no angustiados. El precio del barril Brent subió hasta un 10% en el peor momento, llegando a rozar los 80 dólares por barril. El viernes el precio de cierre fue de 72,4 dólares. El gas, el otro factor clave, en cambio, sí hizo disparar las alarmas. Lo que parecía ser un incremento inicial de entorno al 25% en el precio llegó a dispararse al 50% tras la decisión de Qatar de suspender la producción.

El estrecho de Ormuz, punto crítico

Finalmente, uno y otro, cerraron la jornada moderando sus incrementos, pero sin llegar a recuperar la calma de los mercados. En Europa hay países que ya han alertado de que nos debemos preparar para un importante incremento del precio del gas. En el estrecho de Ormuz, el punto de paso del 20% del crudo mundial y el 25% del GNL global, 150 grandes buques esperan a varias millas de distancia a que el escenario se desbloquee y el suministro no esté en peligro.

China ya había incrementado su suministro días atrás ante el riesgo de una crisis energética como la que finalmente ha sucedido. El 80% de los 3,2 millones de barriles diarios que produce Irán tienen como destino el mercado chino. Pero el gigante asiático seguirá requiriendo que Ormuz esté operativo y muchos expertos creen que eso puede primar: “El mundo entero quiere que siga abierto, nadie quiere que el estrecho esté cerrado”, asegura Antonio Aceituno, CEO y Director General de Tempos Energía.

El factor Trump y la inflación

Este experto en energía considera que por ahora los mercados están en ‘shock’ y que es eso lo que ayer reflejaron: “Ahora, en los próximos días lo que habrá que ver es si ese impacto inicial realmente se convierte en una crisis energética o si se revierte y se limita fundamentalmente a una crisis geopolítica”.

Recuerda que además de a China, es al propio Trump a quien tampoco le interesa precipitar una crisis económica mundial que pueda traducirse en incrementos de inflación, en dificultades para una bajada de tipos y en problemas para la economía de los EEUU, “no podemos olvidar que en unos meses tiene las elecciones de mitad de mandato”. Por ahora, el presidente de los EEUU ha insistido en que plantea una intervención corta. Incluso la ha estimado entre 4 y 6 semanas. Pero en los conflictos bélicos, una cosa son las previsiones iniciales y otra el siempre incierto desarrollo de una guerra.

Intereses regionales y suministro

Aceituno apunta que es compatible que se esté librando un conflicto en la región pero que “el estrecho de Ormuz siga operativo, les interesa a todos”. Añade que es la propia Irán la que de algún modo depende económicamente de Ormuz, una de sus principales fuentes de ingreso.

Otros países de la región, como Qatar, tienen interés por mantener ese flujo mundial de gas, del que produce el 20%. Sin embargo, las limitaciones provocadas por el conflicto bélico pueden dificultar la actividad de Ormuz. “Aún no sabemos cuánto más va a escalar el conflicto y eso va a ser determinante”, asegura Javier Díaz-Giménez, profesor de Economía en el IESE Business School de la Universidad de Navarra.

Reconoce que el estrecho de Ormuz, en el corazón de Oriente Medio, puede ser considerado “el punto del planeta con mayor impacto económico” en caso de colapso. Díaz-Giménez considera que aún habrá que esperar cuál es el desarrollo del conflicto iniciado este fin de semana en Irán, “hasta dentro de cuatro o cinco días no sabremos bien la dimensión, el impacto real que puede tener: Por ahora, la economía está alerta, pero la incertidumbre es máxima”.

Comparativa con la guerra de Ucrania

No oculta que la situación es más delicada que otros escenarios de conflicto vividos anteriormente. “¿Qué es peor, esto o la invasión de Ucrania por parte de Rusia? Todo depende para quién. En el caso de los alemanes, por ejemplo, Ucrania fue muy grave, lo peor que les podía pasar, pero para el conjunto del mundo, Ucrania no fue un impacto muy grande. Ahora, con Irán, veremos a quién impacta más o menos”.

Díaz-Giménez asegura que es difícil creer que China no conociera los planes de Trump, “o que al menos fuera avisada con antelación”: “Nosotros, el mercado, no lo sabremos, pero seguro que hay un ‘plan B’ para mantener el suministro a China”.

En el caso de nuestro país, la dependencia energética es muy importante. Si bien el impacto de una crisis en Oriente Medio no tendría unas consecuencias directas, sí lo tendría por el alza de precios a nivel global. España importó el año pasado 61,3 millones de toneladas de crudo, de las que apenas una pequeña parte procedían de mercados que cruzaron el estrecho de Ormuz: Arabia Saudí con 3,6 millones de toneladas e Irak 2,6 millones de toneladas, según datos de Cores.

Dependencia energética de España

En el caso del gas, Qatar es uno de los muchos países de procedencia del gas que importa España pero en un porcentaje mínimo, apenas un 4,5% del total. Argelia y Estados Unidos, con el 38% y el 30% del total del gas importado, encabezan los mercados de suministro de nuestro país.

En Europa la dependencia también es un factor de riesgo en un contexto de posible crisis energética global. En este caso Qatar, el segundo mayor exportador del mundo de GNL, aporta el 6% de lo que importa el conjunto de la UE. La mayor parte, el 60% procede de Estados Unidos, Argelia y Rusia.

Estas dependencias energéticas son un riesgo, según el analista energético, Roberto Cavero. “En España somos muy dependientes energéticamente de terceros países y eso es un riesgo”, asegura. Cavero afirma que hasta ahora las energías se habían comportado de modo razonable pero la crisis iraní podría complicarlo: “Pronto lo podríamos notar no solo en el precio de la luz, sino también de la gasolina o el gas”.

Riesgo en el precio de la cesta de la compra

Actualmente España recurre de modo importante y creciente al gas como fuente para la generación de energía a través de los ciclos combinados. El llamado modelo de refuerzo de la red que se aplica tras el apagón ha incrementado el peso del gas en el ‘mix energético’ y con él su coste.

Cavero apunta que si el temor que ayer reflejaron los mercados no se despeja cuanto antes la situación podría descontrolarse. Precios al alza en las energías supone “que pronto se nos encarecerá la cesta de la compra. Veremos qué ocurre”.

"Irán no es Venezuela"

El profesor de Economía del IESE, Mike Rosenberg, subraya que una de las claves que marca esta crisis es la incertidumbre: "Hay muchas cosas que no sabemos qué va a ocurrir. La incertidumbre es total. Irán no es Venezuela y el impacto de su producción sí puede influir en el precio del crudo en el mercado". Considera que uno de los riesgos es que Irán "vaya a por todas" e incluso llegue a fijar como objetivo "los buques que llevan crudo a China".

La estabilidad política puede ser determinante. Una vez desaparecido el líder Alí Jamenei y gran parte de su entorno de Gobierno, muertos por los ataques de EEUU e Israel, "la cuestión es saber cómo va a reaccionar el régimen": "No tienen muchas opciones de exilio, así que si deciden morir o gobernar por encima de todo, el desarrollo de los acontecimientos es muy incierto", asegura Rosenberg.

Señala que lo mejor que pudiera ocurrir es que todo quede resuelto y encarrilado en dos o tres semanas, con un nuevo liderazgo acordado con Estados Unidos, "eso es lo que quieren los Trumpistas, aunque yo lo veo muy difícil".