Entre Madrid y Teherán hay más de 5.500 kilómetros y un mundo cultural y económico de distancia. Hasta hace solo unas semanas, las movilizaciones y la represión que agitaban la sociedad iraní no afectaban el día a día de los españoles. Sin embargo, el sábado a primera hora eso cambió: los misiles que han encendido la guerra y que hacen tambalear Oriente Medio también amenazan nuestra economía.

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Nuestra luz, nuestro gas, nuestros alimentos y nuestros combustibles se verán repercutidos por lo que ocurra las próximas semanas en Irán y su entorno. La clave está en el Estrecho de Ormuz. Hasta que Trump decidió atacar Irán, por ese punto pasaba el 20% del crudo mundial y el 25% del gas. Ahora, por esta ruta marítima por la que cada día circulaban entre 18 y 20 millones de barriles, el flujo se ha detenido. Las navieras tienen miedo e Irán ya ha advertido que da la ruta por cerrada.

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Dependencia energética en España

En España, la exposición directa a Oriente Medio no es elevada. Apenas un 10% de las importaciones de crudo proceden de allí (Arabia Saudí e Irán) y el 4,5% del gas llega desde Catar, cuyo suministro se suspendió ayer. Pero el temor es que una crisis mundial genere daños colaterales en otros mercados con los que la dependencia es mucho mayor: Estados Unidos es actualmente nuestro primer proveedor de petróleo y el segundo de gas.

El impacto en la factura de la luz

Los expertos temen que la electricidad sea una de las principales víctimas. Tras el apagón del pasado 28 de abril, el uso del gas para producir electricidad en la red se disparó. Los ciclos combinados de gas han ganado desde entonces mucho peso en el mix energético. Si el precio del suministro se ve afectado, producir electricidad será más caro y, con ello, subirá la factura de la luz. Ayer, los mercados de futuros de gas registraron incrementos de hasta el 50% en el precio.

Gasolina y diésel: los primeros damnificados

Los combustibles serán, sin duda, los primeros afectados. El sector anunció ayer posibles impactos en el precio de la gasolina y el diésel en España. Los expertos aplican una estimación clara: por cada diez dólares que suba el precio del barril de Brent —de referencia en Europa—, el coste del litro de combustible se encarecerá unos 5 céntimos. Solo ayer, el Brent aumentó en torno a 7 dólares (pasando de 72,8 a casi 80 dólares), lo que sitúa el incremento estimado en 4 céntimos por litro.

La cesta de la compra y la industria

El incremento de los combustibles repercute directamente en todos los elementos de consumo, siendo la cesta de la compra el punto más sensible. No solo el transporte se ve afectado; también la producción. El campo sufre por el alza en el coste de los fertilizantes, un sobrecoste que acaba repercutiendo en el precio final de los alimentos.

Además, las primas de riesgo de guerra de los seguros para los barcos que transitan la zona en conflicto añaden un coste extra. Este valor se traslada directamente al precio de cualquier producto procedente de Asia, fundamentalmente en sectores como la tecnología, componentes o el textil.

Vuelos y rutas aéreas

A la crisis bélica le ha acompañado el cierre del espacio aéreo sobre países como Irán, Irak o Jordania. Esta decisión obliga a las aerolíneas a desviar las rutas entre Europa y Asia, lo que supone más horas de vuelo y un mayor consumo de queroseno. Este combustible, que ya sufre un sobrecoste por la subida del crudo, terminará por encarecer el precio de los billetes de avión.