Todo comenzó en el pueblo. En Deba todos se conocen, salvo en verano, cuando las playas y los veraneantes lo saturan. En este municipio costero de Gipuzkoa, de apenas 5.500 habitantes, los Aperribay son una institución. Su fama viene de atrás, mucho antes de que se vincularan a la Real Sociedad o a la industria armamentística. El origen está en la piedra, en la cantera del valle de Lastur. Allí, en los años 20 y 30 del siglo pasado, el abuelo de la saga, Joaquín Aperribay Zubiaurre, junto a su hermano José Mari, comenzó a explotar aquella piedra caliza con la que después se levantaría el santuario de Arantzazu.

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‘Cantera Lastur’ fue el inicio que marcó el camino que luego seguirían sus herederos, los ‘Joaquines’: su hijo primero y su nieto después. Una combinación de negocios y política, de contactos e influencias que sus herederos replicarían. En distintos periodos, los dos Aperribay Zubiaurre, los ‘canteros’, demostraron dotes de gobierno como alcaldes de su pueblo. Años después, el hijo Joaquín Aperribay Elosúa, les seguiría los pasos como primer edil entre 1967-1976. Fue él quien en 1983 abrió la puerta al nuevo círculo de negocios en el que se ha convertido el fútbol. Ocupó la vicepresidencia de la Real Sociedad junto con Iñaki Alkiza. El nieto, Jokin Aperribay Bedialauneta, profundizó esa vía accediendo en 2008 a la presidencia del club txuri-urdin, cargo que aún hoy ocupa.

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La herencia de los 'Joaquines'

El olfato para los negocios no les faltó nunca a los ‘Joaquines’. Primero en las canteras, después en la industria de las armas y la defensa. En ambos campos han acreditado capacidad para detectar oportunidades y aprovecharlas. Tras su muerte en septiembre de 2018, a los 86 años, Joaquín Aperribay Elosúa dejó a su hijo ‘Jokin’ el legado en el que había trabajado desde 1985: SAPA, Sociedad Anónima Placencia de las Armas.

Los hermanos Jokin e Ibon Aperribay, durante un encuentro con Pedro Sánchez en La Moncloa el noviembre de 2025.

Aquella empresa nada tenía que ver con el pasado de la familia. El paso que entonces dio el padre del actual presidente de la Real fue arriesgado económica y personalmente. Pero aquella sociedad histórica en riesgo de desaparición parecía una oportunidad para perpetuar el apellido familiar y apuntalar el patrimonio.

A mediados de los años 80, las pérdidas de la fábrica de armas de Andoain se habían hecho insoportables para el hasta entonces accionista mayoritario, el Banco Hispano Americano. La entidad quería tirar la toalla. Fue la oportunidad para entrar y demostrar que los Aperribay serían capaces de volver a hacer grande a un emblema con tanta historia. El origen de la Fábrica de Armas Portátiles de Fuego y Blancas de Guerra de la Villa de Placencia se remonta nada menos que a 1573. Sirvió a Felipe II, colaboró con 12.000 mosquetones con George Washington y hoy, casi cinco siglos después de su fundación, sigue prestando sus servicios a los organismos bélicos del momento: el Pentágono, la OTAN o el Ejército español.

La amenaza de ETA

A Joaquín Aperribay, como a otros muchos empresarios vascos, el éxito pronto le situó en el punto de mira de ETA. En los 80 y 90 los empresarios vascos se esforzaban por pasar desapercibidos, por no dar muestras de holgura económica. Pero reflotar con éxito una compañía tan emblemática como esta lo hacía difícil. Quienes le conocieron aseguran que supo moverse en todos los ambientes políticos, los más nacionalistas y los no tanto.

El 29 de junio de 1989 ETA lo había señalado como el día para secuestrarle a la salida de su casa en San Sebastián. Su chófer, Gregorio Caño, lo impidió al acercarse al terrorista –Francisco Javier Balerdi– cuando se acercó al portal. Lo pagó caro, el etarra le asesinó de varios tiros. La banda terrorista no cejó en su empeño criminal. Meses después, le envió un paquete bomba para matarlo. El artefacto pudo ser detectado y desactivado. La familia Aperribay abandonó por un tiempo Euskadi. Regresó poco después. Escoltados y amenazados, ni siquiera la exigencia del pago del llamado ‘impuesto revolucionario’ les hizo renunciar.

El reto empresarial en el que se habían implicado continuaba dando empleo a cientos de personas en Andoain. Hoy, Placencia de las Armas se llama Soraluze y la fábrica y centro de desarrollo está en Andoain. En el pueblo pocos sabrían descifrar la sigla, SAPA. En la localidad los vecinos y los casi 300 trabajadores la conocen como “bombas”. Quizá muchos también desconozcan cómo Joaquín Aperribay logró reflotar la compañía, o que hoy se ha convertido en un grupo líder a nivel internacional en el desarrollo de innovaciones en el campo de la defensa.

Tecnología propia y expansión global

Una de las claves de la transformación de SAPA fue reconducir el objeto de la empresa: dejarían de fabricar para terceros y se centrarían en desarrollar tecnología propia. En la operación de rescate le ayudarían sus hijos Ibon y Jokin. Hoy SAPA se ha convertido en una empresa de referencia en campos como la tecnología de transmisiones o los sistemas de movilidad. Se ha expandido a Estados Unidos y China.

El presidente de la Real Sociedad ha cambiado el Joaquín por su denominación en euskera, Jokin. Gran aficionado al fútbol, jugó como portero en varios equipos y tiene a uno de los históricos del club, Luis Miguel Arconada, como uno de sus amigos. El regreso a Primera División, salvarle de un concurso de acreedores, ganar una Copa del Rey o remodelar Anoeta son algunos de los logros que le han hecho revalidar sus presidencias, la última en 2022.

Jokin Aperribay durante un evento de SAPA Transmission.

Como es norma en el sector, la discreción es el modus operandi. La empresa evita responder a muchas preguntas y limita sus comunicaciones hasta el extremo. En su página web es complicado ver imágenes de su presidente. SAPA forma parte ya de sociedades importantes como Indra, con cerca del 8% del accionariado. También está presente en ITP. Por el momento la facturación y los beneficios han sido discretos, cuando no inexistentes. El desarrollo de su tecnología y su expansión a EE. UU. es lo que les ha abierto la puerta de un salto cualitativo muy relevante. Si Aperribay fue capaz de sanear las cuentas de la Real Sociedad y subirla de segunda a Primera División, ahora está inmerso en un proceso similar con SAPA.

El salto al mercado estadounidense

El pasado mes de octubre la empresa comunicaba que su filial en EE. UU., SAPA Transmission, había sido elegida por General Dynamics Land Systems (GDLS) para participar del ambicioso proyecto de renovación de uno de los carros de combate históricos del ejército estadounidense, el M2 Bradley, que data de los años 80. La sociedad radicada en Andoain será la encargada de suministrar los sistemas de transmisión de los nuevos vehículos de combate, el XM30 diseñado por GDLS. Se trata de un contrato global de nada menos que 5.000 millones de dólares y que contempla la fabricación de 7.000 unidades en los próximos 14 años. Las primeras ya están en fase de pruebas. Sin duda, la planta de desarrollo y fabricación de 10.000 m2 que SAPA inauguró en Michigan en 2021 le ha permitido asentarse en un mercado al alza como el norteamericano en materia de defensa.

En España el futuro de SAPA también es de claro crecimiento. Forma parte del consorcio Tess Defence junto con Indra, Escribano y Santa Bárbara. A ellos corresponde el contrato por valor de 2.000 millones de euros adjudicado por el Ministerio de Defensa para fabricar 348 unidades del nuevo vehículo blindado del Ejército de Tierra, el 8x8 Dragon.

Jokin e Ibon, dos hermanos en La Moncloa junto a Sánchez

El pasado mes de noviembre Jokin y su hermano Ibon, consejero delegado y vicepresidente de la compañía respectivamente, fueron recibidos por el presidente del Gobierno en La Moncloa. Pedro Sánchez quería conocer de primera mano los planes de desarrollo y expansión de la compañía vasca en EE. UU. y Europa. Entre ellos, el proyecto de centro tecnológico de I+D que SAPA quiere construir en Jaén. Con una inversión de entre 12 a 18 millones de euros, este centro estará operativo este año y generará 60 empleos.

El Plan Estratégico de la compañía contempla potenciar la participación de SAPA en los procesos de contratación de los ejércitos de los EE. UU. y España. Solo en las últimas dos décadas ha participado en 17 programas de los ejércitos de ambos países. El director ejecutivo de desarrollo de negocio del grupo, Ignacio Almaraz, ha subrayado que en veinte años la empresa ha pasado de “comprar tecnología a vender tecnología española a todo el mundo y a estar presentes en los principales programas de la UE y la OTAN”.