La guerra en Irán ha rebasado ya el primer mes de duración. Lo ha hecho con la incertidumbre sobrevolando la economía energética mundial. Casi siete semanas en las que el baile de discursos contradictorios por parte de EEUU ha sido constante y que hacen imposible predecir con cierta precisión cuál será el devenir a corto y medio plazo de la crisis en Oriente Medio. Ante este escenario, la Unión Europea ha decidido activar el ‘modo guerra’ y llamar a una contención en los consumos de energía y a mantener la producción de sus refinerías ante posibles problemas de suministro.
La confianza trasladada por los responsables de gobierno de la UE ha ido variando a medida que la guerra se complicaba y el horizonte sobre su desenlace se oscurecía. En los primeros días de la guerra en Irán, el mensaje fue de tranquilidad, de suministro asegurado y de confianza en un rápido desenlace. Ahora, el tono de los discursos ha variado.
Sin llegar a la alarma o a la preocupación extrema, a medida que el tablero se enrarecía y los precios de gas y petróleo se disparaban, se han ido activando las primeras medidas de urgencia. La Agencia Internacional de Energía (AIE) acordó el pasado 11 de marzo liberar 400 millones de barriles de crudo de las reservas estratégicas de sus 32 países miembros, muchos de ellos europeos. El desbloqueo de estas reservas se irá produciendo de modo dosificado a lo largo de los próximos tres meses. Los países europeos aportarán el 20% del total. España liberará 11,6 millones de barriles.
Ahorrar queroseno y diésel
Pese a esta medida extrema, la mayor liberación de crudo de la historia de la AIE, los precios no han dejado de subir, manteniendo la cotización del barril Brent en torno a los 110 dólares.
Ahora, la Comisión Europea quiere aplicar medidas que blinden el impacto sobre la economía europea. Por el momento es una propuesta de aplicación voluntaria para los 27: ahorrar consumo de queroseno y de diésel. El consejo pasa por abstenerse de tomar medidas que puedan aumentar estos consumos. Al mismo tiempo, se urge a no frenar la circulación de productos petrolíferos o la producción en las refinerías de la UE. Con un suministro afectado a nivel internacional, exprimir la capacidad de producción y de ahorro se antoja recomendable.
Así lo aseguró este martes el comisario europeo de Energía y Vivienda, Dan Jørgensen, en una carta remitida a los ministros de Energía de la UE: “Debemos estar preparados para una perturbación potencialmente prolongada del comercio internacional de la energía. Por eso tenemos que actuar ya”. El reto es asegurar de modo coordinado el suministro ante un posible escenario de prolongación del cierre del Estrecho de Ormuz.
Suministro en riesgo
La medida urgente es la contención del gasto de combustible en el transporte aéreo y terrestre. La AIE ya publicó semanas atrás un decálogo de ahorro en el que invitaba a los Estados a aplicar medidas como la reducción en 10 km/h de los límites de velocidad, compartir coche, el teletrabajo, la gratuidad del transporte público o alternar las autorizaciones de acceso de vehículos a las ciudades. También incluía reconsiderar el uso de aviones para rebajar en un 40% los vuelos.
Este lunes los países del G7 escenificaron la necesidad de contención, mostrándose dispuestos a “adoptar las medidas necesarias para preservar la estabilidad del mercado energético”. El petróleo y el gas ya no llegan como antes: la producción se ha visto dañada por ataques en el campo de gas de South Pars, la refinería Samref de Arabia Saudí o el campo de Shah en Emiratos. Ataques de los que en algunos casos algunas instalaciones tardarán años en recuperarse.
En este escenario, lejos quedan los 72 dólares por barril de antes del conflicto. En este mes de guerra se han alcanzado los 120 dólares. Los expertos de la AIE no descartan que se rebase el récord histórico de 2008 (147,5 dólares) y se superen los 150 dólares por barril.
Plan anticrisis: 2.500 millones menos de recaudación
El director de la AIE, Fatih Birol, aseguró que el volumen de gas perdido ahora es el doble de lo que perdió Europa en 2022 tras la invasión de Ucrania, y que el petróleo que ha dejado de entrar es superior al de las crisis de los años 70.
En el caso de España, las consecuencias se traducirán en una caída de la recaudación. El plan de ayudas anticrisis, que incluye la reducción del IVA de los combustibles del 21% al 10% y la rebaja del Impuesto Especial de Hidrocarburos, beneficiará a 20 millones de hogares y 3 millones de empresas con un valor de 5.046 millones de euros, pero provocará una caída en las arcas del Estado estimada en 2.500 millones de euros.
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