El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha provocado otra sacudida en el tablero geopolítico y económico mundial al ordenar a su Armada el inicio de un cierre perimetral del estratégico estrecho de Ormuz. Esta medida, que busca bloquear una vía por la que circula una cuarta parte del crudo y el gas global, ha disparado de inmediato los precios del petróleo en los mercados internacionales ante el temor a una crisis de suministro.
En las primeras horas de este lunes, el precio del barril de Brent, de referencia en Europa, escaló cerca de un 7,3% hasta situarse por encima de los 100 dólares, una cifra significativamente superior a los 72 dólares en los que cotizaba antes de los recientes ataques. Por su parte, el crudo West Texas Intermediate (WTI), referencia en EEUU, registró un encarecimiento de casi el 8,5%, alcanzando los 104,7 dólares por barril.
El Mando Central de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos (CENTCOM) ha precisado que el bloqueo de todos los puertos iraníes entrará en vigor a las 16:00 horas en la España peninsular. Según el comunicado oficial, la operación se aplicará de forma "imparcial" contra buques de todas las naciones que intenten entrar o salir de las zonas costeras iraníes, aunque se ha aclarado que las fuerzas militares no impedirán la navegación de aquellos barcos que se dirijan hacia puertos que no sean de Irán.
Esta decisión drástica es la respuesta directa al fracaso de las negociaciones mantenidas este sábado en Islamabad (Pakistán), donde, tras más de 20 horas de diálogo, no se logró un acuerdo sobre el programa nuclear. Trump ha acusado a Teherán de ejercer una "extorsión mundial" mediante la colocación de minas y el cierre de la vía marítima, asegurando que su administración "jamás será extorsionada" y que los iraníes solo buscan dinero y capacidades nucleares.
El mandatario estadounidense ha endurecido su discurso advirtiendo que la Armada interceptará en aguas internacionales a cualquier buque que haya pagado peajes a Irán para transitar por la zona. Además, ha amenazado con utilizar una fuerza devastadora contra las infraestructuras energéticas de la República Islámica, afirmando que podría "acabar con el país en una hora" si fuera necesario, una acción que, según él, les costaría diez años reconstruir.
La respuesta desde Teherán ha sido de absoluto rechazo; el jefe del Estado Mayor de la Armada iraní, Shahram Iran, ha calificado de "ridículas" y "divertidas" las amenazas estadounidenses. El alto mando militar aseguró que sus tropas están monitorizando y supervisando minuciosamente todos los movimientos del ejército estadounidense en la zona, al que calificó de "agresivo" tras su supuesta derrota en lo que denominó la "Tercera Guerra Impuesta".
Pese a la volatilidad actual, Trump confía en que los mercados se recuperarán a corto plazo y que esta presión máxima obligará a Irán a volver a la mesa de negociaciones bajo sus términos. Asimismo, el presidente ha anunciado que comenzarán a destruir las minas colocadas en el estrecho y ha mencionado una posible participación de buques dragaminas del Reino Unido, mientras advierte que cualquier ataque iraní contra sus fuerzas será respondido con contundencia.
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