El 23,4% de los asalariados con bajo nivel formativo, casi uno de cada cuatro, accede al empleo con un contrato temporal, frente al 14% de los titulados que inician su carrera profesional con ese tipo de relación laboral.

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Así se desprende del estudio ‘El valor de la contratación temporal en España’, elaborado para Asempleo a partir de los microdatos de la Encuesta de Población Activa (EPA) del Instituto Nacional de Estadística (INE), que analiza la evolución del empleo temporal desde 2005 hasta el segundo trimestre de 2026.

El nivel de estudios también repercute en el desempleo. El 21,8% de las personas con estudios primarios o menos está en paro, una situación que solo afecta al 12% de quienes tienen estudios secundarios y a un 6,2% de los titulados superiores.

Asempleo defendió que el contrato temporal ofrece una vía de entrada al empleo a aquellas personas con menos formación y que, por tanto, tienen más dificultades para incorporarse al mercado de trabajo. El presidente de Asempleo, Andreu Cruañas, señaló que la temporalidad no es “una anomalía” del mercado laboral, sino “una parte estructural” y recalcó que los contratos temporales “no pueden verse como un problema”.

“Esta modalidad ofrece posibilidades para colectivos que tienen más complicado su encaje en el mercado laboral”, subrayó, y recordó que casi tres millones de personas en España tienen un contrato temporal.

El análisis de los microdatos de la EPA del estudio de Asempleo evidenció que el empleo temporal ha dejado de encajar peor que el indefinido con el nivel de educación de quien lo ocupa. Durante casi veinte años, la sobrecualificación fue siempre mayor en el empleo temporal.

En 2005 y 2006, la diferencia llegó a superar los 12 puntos porcentuales en contra del contrato temporal. Después empezó a cerrarse, año tras año, hasta desaparecer en 2023. En el promedio del último año, las dos tasas están prácticamente igualadas, con un 35,3% en el empleo indefinido y 34,9% en el temporal. En el segundo trimestre de 2026, el contrato temporal quedó por debajo, con un 33,0% frente al 35,5% del indefinido.

Asempleo explicó que este cambio coincide con una transformación profunda de la contratación temporal en España. Tras la reforma laboral, la tasa de temporalidad cayó hasta el 15,1%, cuando en los 16 años anteriores nunca había bajado del 22%.

“Hoy un trabajador temporal encaja con su puesto igual o mejor que uno indefinido. Detrás de ese cambio, hay un sector que ha profesionalizado la intermediación laboral. Las ETT y Agencias de Empleo seleccionan, forman y colocan perfiles cada vez más ajustados a lo que las empresas necesitan realmente, y eso se nota en la calidad del empleo que se genera”, comentó Cruañas.

Asempleo advirtió de que el hecho de que el empleo temporal haya igualado al indefinido no significa que el problema esté resuelto. Los datos recopilados por la patronal mostraron que más de un tercio de los titulados universitarios que trabajan en España lo hace en un puesto para el que están claramente sobrecualificados. Esta situación apenas se ha movido en 20 años, y ha oscilado entre el 31,9% y el 38,3% desde 2005.

Salir del empleo

El estudio de Asempleo también incidió en que no es lo mismo salir del empleo que ser despedido. Cuando una persona pasa del empleo al desempleo, la EPA permite distinguir entre el fin del contrato en la fecha prevista o un despido.

Entre 2021 y 2026, el 84,0% de las personas que entraron en el paro no fueron despedidas. El 70,2% había llegado al desempleo al final de un contrato temporal y el 13,9% dejó su empleo por causas ajenas a la relación laboral, como estudios, enfermedad, responsabilidades familiares o jubilación. Solo el 16,0% señaló un despido o la supresión de su puesto.

Cruañas instó a abordar el reto de fondo del mercado laboral desde la capacidad del tejido productivo para generar empleo cualificado y desde la calidad para mediar entre quienes buscan y ofrecen trabajo. En su opinión, los problemas del mercado de trabajo español, como el desempleo de larga duración, las dificultades de acceso para los jóvenes y el colectivo de mayores de 50 años “no se resuelven limitando herramientas” sino “con mejores políticas activas de empleo y con un marco que permita al sector poner toda su capacidad al servicio de quien busca empleo”.