Google negocia con SpaceX un acuerdo para lanzar centros de datos orbitales, según ha adelantado The Wall Street Journal citando a personas conocedoras de las conversaciones. La operación situaría a las dos compañías en una posición paradójica: dos compañías rivales que se asocian para los lanzamientos de una tecnología cuya eficacia a escala industrial todavía no ha sido probada, pero en la que el fundador de Space X, Elon Musk, sitúa el futuro de la inteligencia artificial.
El plan se inscribe en la carrera por llevar al espacio parte de la infraestructura física de la IA. Google ya anunció el año pasado su intención de lanzar satélites prototipo en 2027 dentro de Project Suncatcher, una iniciativa desarrollada con Planet Labs. Sundar Pichai, consejero delegado de la compañía, explicó en noviembre en Fox News que el primer paso será enviar “pequeños racks de máquinas” en satélites para probar su funcionamiento y escalar después el sistema. “No tengo ninguna duda de que en una década más o menos lo veremos como una forma más normal de construir centros de datos”, afirmó.
SpaceX, por su parte, ha situado los centros de datos orbitales en el centro de su relato ante los inversores, en vísperas de una salida a bolsa prevista para este verano y que, según el diario estadounidense, aspira a convertirse en la mayor de la historia. La compañía de Elon Musk presentó este año una solicitud ante el regulador federal para lanzar hasta un millón de satélites vinculados a sus planes de computación en órbita.
Ventajas e incógnitas de una tecnología
La lógica técnica es conocida, y evidente para la inteligencia visionaria de tipos como Musk: sacar de la Tierra una infraestructura cada vez más condicionada por el suelo disponible, el consumo eléctrico y la capacidad de las redes. Los centros de datos orbitales estarían alimentados por paneles solares, sin noches, nubes ni atmósfera, y reducirían una de las restricciones principales de los complejos terrestres. El espacio es “el lugar más barato para poner IA será el espacio”, resumió Musk en una entrevista en febrero. Entonces insistió en que el cuello de botella no son los chips, sino la electricidad necesaria para encenderlos.
El proyecto, sin embargo, acumula incógnitas. La refrigeración, la latencia, el mantenimiento, la vida útil del hardware y el coste de reposición convierten la idea en una apuesta de ingeniería extrema. SpaceX cuenta con una ventaja evidente: es el principal proveedor comercial de lanzamientos y opera ya una constelación de miles de satélites con Starlink. Cualquier compañía que quiera ensayar centros de datos en órbita debe considerar, de un modo u otro, trabajar con Musk.
Google tiene además una relación previa con SpaceX. Fue uno de sus primeros inversores y posee el 6,1% de la compañía, según documentación regulatoria citada por el Journal. Don Harrison, ejecutivo de Google, forma parte del consejo de SpaceX. Aun así, la tecnológica también mantiene conversaciones con otros proveedores de lanzamiento, según una de las fuentes consultadas por el diario.
El espacio, territorio de Musk
El movimiento llega después de que SpaceX haya anunciado acuerdos vinculados a la inteligencia artificial en tierra. La semana pasada cerró un pacto para vender capacidad de computación a Anthropic. En ese acuerdo, la empresa de IA expresó interés en trabajar con SpaceX en centros de datos orbitales. La compañía de Musk se comprometió además a suministrar 300 megavatios de nueva capacidad de cómputo, con más de 220.000 GPUs de Nvidia, antes de finales de mayo.
La ambición empresarial acompaña al salto técnico. A finales de enero, SpaceX y xAI se fusionaron en una compañía valorada en 1,25 billones de dólares. Esa operación ha convertido la infraestructura de cohetes, satélites y computación en una sola apuesta corporativa: hacer de SpaceX no solo un proveedor de lanzamientos, sino un hiperescalador de inteligencia artificial fuera de la red eléctrica terrestre.
Por ahora, los centros de datos orbitales siguen más cerca de las presentaciones a inversores y de los prototipos que de una industria operativa. Google quiere probar satélites en 2027. Musk ha hablado de un horizonte de dos o tres años. Entre ambos plazos se abre una carrera en la que el próximo gran centro de datos podría no tener dirección postal, sino coordenadas orbitales.
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