La situación de Javier Ortega Smith dentro de Vox es complicada. Aunque sigue como vocal dentro del máximo órgano del partido, el Comité Ejecutivo Nacional (CEN), la relación con el núcleo duro es distante. Se aprecia, por ejemplo, por los pasillos del Congreso, donde hace piña con diputados como Tomás Fernández, su ex mano derecha en la secretaría general del partido hasta finales de 2022, cuando fue sustituido por Ignacio Garriga. Es tal el grado de fricción entre Ortega y Abascal que, como publicó El Independiente en octubre, no volverá a ser candidato en Madrid para disputar las municipales al PP de José Luis Martínez-Almeida.

Entre los motivos, como explicó este digital, están los distintos desplantes realizados en los últimos meses por Ortega, desde la asistencia a la tribuna de autoridades en el desfile militar del 12-O, cuando Abascal se negó a compartir espacios con el Gobierno, o la presencia en la presentación de Atenea, el think tank de el exdirigente y portavoz de Vox, Iván Espinosa de los Monteros. Antes, el también diputado había cuestionado el seguidismo internacional y a Donald Trump; se mostraba preocupado por el riesgo de abandonar el atlantismo, o criticaba que las siglas habían pasado a ser "una agencia de colocación" desligándose de sus metas iniciales.

Fuentes próximas al diputado y portavoz municipal creen que eso, a lo que se une un empeoramiento de la relación personal con Abascal, incapacita del todo a Ortega. Hasta el punto de que alejan una 'rehabilitación' o reparación de los daños. Creen que su baja como portavoz adjunto en el Congreso y el ascenso de Carlos Hernández Quero a ese puesto, "es más que una evidencia". Ello lo denunció públicamente en redes o frente a los micrófonos de COPE. Lo calificó de "injusto". Lejos de los cambios que ha habido en los últimos años en distintos puntos, en Vox, Ortega viene siendo candidato desde el primer momento. Fue cabeza de lista en 2015 -también al Senado-, las primeras tras la creación del partido. Se acreditaba, como miembro fundador, un papel clave como hombre fuerte de Abascal. Algo que ya no es así pero que a la vez dificulta su relevo. El encaje con el nuevo discurso de Vox en Madrid también es complicado, mucho más juvenil y lepenizado.

Desde el entorno de Ortega afirman que más allá de las cuestiones personales, desde hace tiempo tampoco hay confianza política. "No están contentos con las proyecciones electorales. En las últimas elecciones conseguimos doce concejales, y ahora estamos en unos diez", acreditan hablando de los sondeos públicos del ultimo año sin precisar si cuentan con mediciones internas. Esos escaños los conseguiría el PP. Esa imagen contrasta con la comunidad, dicen. Si bien Isabel Díaz Ayuso sigue fuerte, Vox pasa de once a estimaciones de 13-14 en este instante. Se comenta una encuesta de SigmaDos para Telemadrid de principios de noviembre.

Esa falta de confianza y escoramiento al ser "un verso libre" -las fuentes consultadas afirman que Ortega intentará aguantar hasta final de legislatura- obligarán al partido a buscar una alternativa a lo largo del próximo año y medio, algo difícil. Primero por la ausencia de nombres llamativos sobre el terreno que puedan dar un relevo directo y diferenciado a Ortega, con peso. Por ejemplo, como en Castilla y León, donde está por dilucidar si en sustitución de Juan García-Gallardo se presentan como cabeza de cartel el actual portavoz del grupo en las Cortes, David Hierro, o el presidente de la Cámara, Carlos Pollán. Ambos han adquirido reconocimiento en esta legislatura. Eso no ha pasado en la capital madrileña.

Es más, es previsible que se produzca una limpieza de candidatos para 2027. Al menos a la segunda de Ortega, la portavoz adjunta Carla Toscano, quien viene siendo crítica con algunos ejes discursivos de la organización desde su baja en el Congreso en enero de 2024, a las puertas de la reelección de Abascal como presidente. Lo que amplifica la labor: encontrar un relevo al portavoz y a la vez que se renueva la lista.

Cualquier movimiento tardará en llegar, eso sí, con Vox en precampaña en Extremadura y perfilando los trabajos y las decisiones para Castilla y León, aún con Andalucía por delante. Al partido, como viene demostrando hasta ahora, no le preocupan los nombres, dado que consideran que tiran más las ideas y las propias siglas. La opción más clara que tiene Vox delante es promocionar a alguien del propio Comité Ejecutivo Provincial (CEP) de Madrid creen fuentes cercanas al grupo del Ayuntamiento. Lo lidera José Antonio Fúster, quien ejerce, además, de portavoz nacional del partido. Y aunque no se atreven a darlo por descontado como próximo candidato, creen que es la principal opción que tendrán sobre la mesa en Bambú.

Desde la experiencia con Olona en Andalucía Vox huye de candidatos paracaidistas. Prioriza las siglas y los perfiles de los comités provinciales

Se estima que Fúster parte con ventaja, dada su visibilidad semanal en las ruedas de prensa del partido. Destacan la lealtad que profesa a Abascal y, de la misma manera, creen que su relevo a Rocío Monasterio en el CEP hace un año no puede limitarse únicamente a trabajos de fontanería. Actualmente, es diputado autonómico en la Asamblea de Madrid, y segundo portavoz adjunto. Sin embargo, en la comunidad, salvo sorpresa, la candidata a promocionar frente a Ayuso es Isabel Pérez Moñino, por lo que el otro gran espacio de poder que queda, de rehusar hacer tándem con ella, es aspirar al Palacio de Cibeles.

En su defecto, la elección difícilmente vendría de alguien de fuera de ese CEP. Otro de los pesos pesados es Íñigo Henríquez de Luna, quien ejerce de segundo de Pérez Moñino en la Asamblea. Desde la experiencia andaluza de 2022, con el salto de Macarena Olona como candidata paracaidista, el partido huye de improvisaciones y prefiere la promoción de gente de los aparatos provinciales.

En paralelo a la 'miamización' de Madrid

Esta tarea pendiente de búsqueda de relevo se da cuando el partido en Madrid viene intentando hacerse hueco en los barrios y en los caladeros de voto tradicionales de la izquierda madrileña. Aprovechando la crisis de los proyectos progresistas y la incertidumbre por los rápidos cambios sociales que experimenta la capital en los últimos años. Con un enfoque cada vez mayor para los negocios y la inversión al mismo tiempo que se expulsa a las clases más humildes al extrarradio por la escalada de precios o de alquileres. El avance hacia un modelo elitista, globalizada y cosmopolita, de apertura al extranjero y al turismo.

Es lo que Vox denuncia y denomina Miamización, vinculándolo con la inmigración y el anti elitismo -aunque se limita a lo extranjero, no lo nacional-, incluido las grandes fortunas y el lujo, y la competencia por los recursos públicos. Culpan a Ayuso de esas dinámicas frente a los madrileños y saben que apelando a su mismo voto, a esa clase media y media-alta, apenas arañarán apoyos.

La apuesta por Pérez Moñino frente a Monasterio fue clara: dar paso a un perfil más votable en los barrios humildes, sin aires de élite, y con un discurso que no omita el ideario de Vox pero que sea atractivo en las zonas populares, golpeadas por el empeoramiento de los servicios sanitarios, la educación y la escalada del precio de la vivienda. En ese giro lepenista, Ortega, un perfil ultraconservador más clásico similar a Monasterio, no encajaría para Vox. Además, el diputado no ha abierto ese melón estratégico que promociona el aparato provincial, y sigue con cruzadas locales contra Almeida como el de la zona de bajas emisiones o abordando la inmigración o la inseguridad en términos más clásicos que encajarían en otros feudos de Vox.