Las asociaciones profesionales de militares miran con recelo la posibilidad de que España se sume a una misión en Groenlandia sin un refuerzo previo de personal y medios. No cuestionan la capacidad operativa de las Fuerzas Armadas ni la obediencia a la decisión política, pero sí advierten del “límite humano” al que se enfrenta un Ejército que ya acumula varios frentes abiertos y otros en perspectiva.
“Nosotros vamos donde nos manden”. Ese es el mantra más repetido entre los portavoces de las asociaciones de militares en conversación con El Independiente. “Pero otra cosa es que se pueda asumir todo sin que el personal se resienta”, explican. En estos momentos, recuerdan las asociaciones, España mantiene efectivos desplegados en distintas misiones exteriores y afronta además nuevos compromisos, como el mando en Irak, mientras sobre la mesa aparecen otros escenarios como Gaza, Ucrania o ahora Groenlandia.
“Si se suman a los más de 4.000 efectivos que ya están fuera, el esfuerzo humano va a ser enorme”, alerta un representante de una asociación militar. “La preocupación no es coyuntural ni ideológica, es estructural”, sentencia.
“Otro más” en una cadena de misiones
Desde el ámbito asociativo insisten en que el problema no es Groenlandia en sí, sino Groenlandia sumada a todo lo demás. “El Gobierno ha abierto tres vías posibles: Gaza, Ucrania y Groenlandia”. “No hablamos solo de mandar gente fuera, hablamos de preparación, despliegue y descanso. Eso es casi un año por cada misión”.
Ese ciclo de preparación, despliegue y recuperación rara vez se cumple de forma limpia. “Muchas veces el descanso se interrumpe por necesidades de la unidad en territorio nacional”, añade. En la práctica, los mismos efectivos encadenan misiones o son reclamados cuando deberían estar recuperándose.
Desde las asociaciones se pone un ejemplo recurrente en las unidades especializadas. “En EOD (Equipos de reconocimiento y de desactivación de explosivos, expertos en proteger a las tropas), por ejemplo, si hay una emergencia en España, acaban llamando al que está descansando”, explican. El resultado es un desgaste acumulado que no se ve en los balances oficiales, pero que pesa en las unidades.
Groenlandia no es una misión cualquiera
Las asociaciones reconocen que las Fuerzas Armadas están preparadas para operar en climas extremos. “Tenemos unidades como los cazadores de montaña, o la BRILAT, que están muy acostumbradas a trabajar en entornos difíciles”, explica Francisco, presidente de una asociación profesional. “Preparación del personal hay cien por cien”.
Pero Groenlandia añade un nivel de exigencia distinto. “Esta misión tiene sus inconvenientes, claro que todos estamos dispuestos a prepararnos para ello, pero es diferente al Líbano, por ejemplo”, subraya. Y eso tiene consecuencias directas sobre las condiciones de vida del personal.
“Hace falta ropa de abrigo para frío extremo, no vale la de montaña normal”, detallan. “También una alimentación especial, con mucha ingesta de proteínas, y alojamientos muy bien aislados y con calefacción”. Todo eso, advierten, tiene un coste logístico elevado y exige planificación. “No todo vale”, insisten.
El marco legal, clave también para el personal
Otro de los elementos que genera inquietud es la falta de definición sobre el marco jurídico de la misión. “No sabemos si sería OTAN, Unión Europea o un acuerdo bilateral”, explican las asociaciones, lo que supone un verdadero problema, ya que esa indefinición afecta directamente a las condiciones económicas y administrativas del despliegue.
“No es lo mismo irte al Líbano que irte a Groenlandia”, apunta Francisco. “En función de la misión, así te pagan”. Las asociaciones recuerdan situaciones pasadas en las que un cambio de paraguas durante una misión generó confusión en nóminas, dietas y reconocimientos.
Mientras no se aclare qué tipo de misión sería Groenlandia, tampoco se puede saber cómo se compensaría al personal. “El trabajo es el mismo”, subraya Francisco, “pero luego resulta que cambia el paraguas y un guardia civil que está contigo cobra casi el triple”.
“90 euros al día”
Las asociaciones insisten en que el malestar no es una cuestión de dinero, pero sí de justicia. “No vamos por dinero”, recalcan. “Pero perderse el nacimiento de un hijo o el fallecimiento de un familiar, jugártela a miles de kilómetros, no se compensa con una indemnización que en algunos casos no llega a 90 euros al día”.
A esto se suma un problema que, según explican, viene de base como son las retribuciones en territorio nacional. “Partimos de unas retribuciones que son ridículas”, denuncia Francisco. “Nuestro reglamento es de 2005 y seguimos igual”. Según explica, las dietas del exterior se calculan a partir de esos salarios base, lo que amplía la brecha.
“El riesgo y el sacrificio no se ven reflejados”, lamentan desde el entorno asociativo. Y eso, advierten, tiene consecuencias directas sobre el reclutamiento.
Falta de personal y sobrecarga
Las asociaciones coinciden en que las Fuerzas Armadas atraviesan una crisis de personal. “La tasa de reclutamiento es de las más bajas”, cuentan. “La gente no ve atractiva la carrera: salarios bajos, movilidad constante, poca claridad profesional”.
Muchos abandonan al poco tiempo, lo que provoca que los que se quedan tengan que asumir más trabajo. “Siempre van los mismos”, resumen desde las asociaciones. “Y eso quema”.
En este contexto, abrir un nuevo frente como Groenlandia genera inquietud. No porque no se pueda ir, sino porque no se sabe con qué músculo humano. “El mando en Irak es más fácil logísticamente porque es una misión estabilizada”, explican. “Groenlandia es justo lo contrario”.
No es un “no”, es un aviso
Las asociaciones dejan claro que su postura no es de rechazo a la misión. “Allá donde nos manden, allá vamos”, repiten. Pero sí reclaman realismo. “Que se respete al personal”, pide Francisco. “Que se le dote de material, que se le pague bien y que tenga una zona de vida digna”.
Groenlandia, insisten, no puede plantearse como “otra más”. Porque no lo es. Y porque llega en un momento en el que el Ejército arrastra un desgaste acumulado.El “sí” político puede llegar. Pero las asociaciones advierten de que, sin refuerzo de efectivos y sin garantías claras, el límite humano está cada vez más cerca. Y ese límite, recuerdan, también forma parte de la seguridad nacional.
Te puede interesar