Desde las horas posteriores al accidente de Adamuz, la escena que se ha repetido entre los familiares de las víctimas no ha sido sólo la del dolor, sino también la de la indignación. Una indignación nacida de la incertidumbre, de la espera prolongada y de la ausencia de respuestas inmediatas. En ese escenario, Cruz Roja se ha convertido en uno de los principales diques de contención emocional, tratando de sostener a unas familias exhaustas y necesitadas de certezas mientras se esclarece una tragedia que deja ya 43 fallecidos según las últimas informaciones oficiales.

La confirmación del último fallecido, localizado en uno de los vagones a los que no se había podido acceder hasta ahora durante las labores de despeje de las vías, ha cerrado el número de denuncias por desaparición registradas tras el accidente. El descarrilamiento de un tren de Iryo y el posterior impacto de un Alvia de Renfe, ocurrido el pasado domingo 18 de enero, ha causado además 152 heridos. Mientras las grúas trabajan día y noche y la investigación sigue abierta, el desgaste emocional de los familiares se ha ido acumulando.

Agua, mantas y cargadores de móvil

En este contexto, la labor de Cruz Roja ha ido mucho más allá de la asistencia básica. Tal y como explica Daniel, miembro de la Unidad de Emergencias de Cruz Roja Española, el despliegue se concibió desde el primer momento como una "intervención integral". "Desde el minuto uno hemos estado en Adamuz como punto de atención a los familiares", señala, subrayando que la organización fue activada a través de la Junta de Andalucía.

La intervención no se limitó al municipio cordobés. Cruz Roja desplegó equipos en todas las estaciones relacionadas con los trenes, Huelva, Málaga, Sevilla, Jaén, Córdoba y Madrid-Atocha, ante la previsión de que allí se concentraran familiares y pasajeros afectados por la paralización de la línea.

El centro neurálgico de la atención a los familiares se estableció inicialmente en Adamuz. Allí, Cruz Roja desplegó "equipos psicosociales y de habitabilidad", facilitó agua, mantas y estaciones de carga para dispositivos móviles. “Entendíamos que la comunicación iba a ser clave para las personas afectadas”, apunta el responsable de emergencias.

La tarea emocional

Sin embargo, la tarea más compleja no ha sido logística, sino emocional. La identificación de víctimas y heridos ha resultado especialmente difícil debido a la gravedad del accidente, a la existencia de personas inconscientes en centros hospitalarios y a la protección de los datos sanitarios. “La centralización de esas informaciones es muy compleja”, admite Daniel. Y esa complejidad ha tenido un reflejo directo en el ánimo de los familiares.

La indignación, lejos de ser una reacción aislada, ha sido una constante. “No se trata de paciencia”, explica Daniel. “En ese momento la gente necesita respuestas, necesita certezas”. Desde Cruz Roja insisten en que su papel ha sido agarrarse a las pocas certezas disponibles para no generar falsas expectativas ni, al mismo tiempo, cerrar esperanzas sin fundamento. “No se quiere dar falsas esperanzas y tampoco cortar unas esperanzas porque no es verdad, porque no se sabe”, resume.

Esa tensión permanente entre lo que se sabe y lo que aún no puede confirmarse ha convertido la intervención psicosocial en una labor de auténtica contención. “Ese malestar es normal, ocurre en la grandísima mayoría de las emergencias”, recalca Daniel, que insiste en que no se puede exigir comprensión a quienes acaban de perder a un familiar o llevan días sin saber nada de él. “Ellos al final necesitan esa información”.

Los familiares están "muy cansados"

Este miércoles, Cruz Roja ha vuelto a poner el acento en el agotamiento emocional de las familias. La psicóloga María Eugenia Castro, integrante del equipo que asiste a los allegados en el Centro Cívico Poniente Sur de Córdoba, ha advertido de que los familiares ya “están muy cansados” y necesitan “toda la información” para poder “cerrar” el proceso de duelo, informaba Europa Press. Castro ha explicado que el acompañamiento psicológico se mantiene “durante todo el proceso, en la notificación de aquellas noticias que tengan que comunicar a las familias, en la gestión de la incertidumbre”, con el objetivo de que este proceso sea “lo menos doloroso posible”.

La psicóloga ha detallado que el duelo va evolucionando desde el shock inicial hasta la necesidad de asimilar lo ocurrido y buscar explicaciones, y ha subrayado que estas reacciones “son normales” dentro de un suceso que no lo es. Especialmente complicada, ha señalado, es la situación de quienes aún no tienen noticias sobre sus familiares, ya que “la gestión de la espera y de la no información” resulta extremadamente difícil.

Los que ayudan también necesitan ayuda

Tras la atención a las familias, la intervención no termina para quienes han estado en primera línea de la emergencia. Desde Cruz Roja subrayan que el impacto emocional de una tragedia de estas dimensiones también alcanza a los propios intervinientes. “Nos pasa también a los equipos, es decir, a los intervinientes”, explica Daniel, quien reconoce que, aunque estén formados y cuenten con experiencia, el shock acumulado durante los primeros días acaba pasando factura. La exposición continuada al dolor ajeno, a escenas traumáticas y a una alta carga de estrés hace necesario un acompañamiento posterior específico.

En este sentido, Cruz Roja Española cuenta con un sistema de apoyo psicosocial destinado a sus propios equipos una vez finalizada la intervención. Daniel recuerda que este modelo se estableció de manera permanente tras grandes operaciones anteriores y contempla espacios de atención y desconexión para los profesionales y voluntarios. “Necesitamos apoyo psicosocial, necesitamos que una vez terminado todo esto nos sienten”, señala, incidiendo en que el cuidado de quienes intervienen es “tremendamente importante”, ya que la preparación y la experiencia no inmunizan frente al impacto emocional de una catástrofe.