El secuestro de un perro por parte de la organización criminal sueca 'Dalen' asentada en España no ha sido un hecho aislado ni una excentricidad violenta. Según fuentes policiales, esto forma parte de un ajuste de cuentas dentro de la propia banda. 

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“Es la primera vez que se nos da el tema de que secuestren a un perro”, explican fuentes cercanas al caso. "Lo que sí es normal ahora es el secuestro dentro de las propias organizaciones”, matizan. Ya no se trata de raptar a desconocidos para obtener dinero, sino de utilizar el secuestro como una herramienta interna de control. “Gente de la propia organización que les debe dinero o no ha cumplido y le secuestran para que pague”.

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Estas fuentes cercanas al caso han explicado a El Independiente que este suceso además, acompaña un “cambio de patrón” que los investigadores consideran relevante. El secuestro ya no se utiliza principalmente para obtener dinero de terceros, sino como una herramienta de presión entre miembros de las organizaciones criminales para saldar deudas o castigar.

El robo del perro: el primer caso

En ese contexto, los autores, integrantes de una organización criminal sueca llamada 'Dalen', comenzaron robando los perros de la víctima para exigir un pago por su devolución. Ante su negativa, decidieron secuestrar al propio hombre, un ciudadano noruego vinculado a ese mismo entramado criminal.

Imagen de la Policía Nacional sobre el secuestro por parte del grupo 'Dalen' | PN

El uso de los animales como presión ha llamado la atención de los investigadores. “Es la primera vez que se nos da el tema de que utilicen a los animales”, reconocen. No obstante, insisten en que lo verdaderamente relevante no es el método, sino el motivo. “No es un rescate”, remarcan. El objetivo no es obtener dinero nuevo, sino recuperar una deuda pendiente.

Según explican los agentes, este tipo de secuestros internos es hoy más frecuente que el secuestro clásico. “Está siendo más común eso que el secuestro al uso de una persona que no conocen, cuyo único fin es un fin económico”, señalan. El secuestro se convierte así en una forma de ajuste interno y de disciplina.

“El jefe lo que quiere es cobrar” 

La violencia, explican, responde también a esa lógica. “Al final el jefe quiere cobrar, no le interesa tanto matarlo como amedrentarlo, meterle miedo y que al final le pague”, relatan las fuentes conocedoras del caso. Se trata de presionar, no de martar. “Además saben que no van a denunciar”, añaden, en referencia al silencio que rodea a este tipo de casos.

Ese silencio es uno de los elementos que más preocupa a los investigadores. Al tratarse de secuestros entre miembros de la misma organización, muchas veces no trascienden. “Si no hay comunicación externa, habrá muchos de los cuales ni nos enteremos”, reconocen.

Cuando el aviso llega, suele hacerlo a través de familiares o personas del entorno que no forman parte directa de la organización. En este caso, según la información policial, los secuestradores enviaron vídeos a familiares de la víctima en los que aparecía siendo golpeado y amenazado de muerte si no se pagaban unas 800.000 coronas noruegas. 

La investigación se inició tras una llamada del oficial de enlace de Noruega en España al grupo de Secuestros y Extorsiones. A partir de ese momento, los negociadores de Policía Nacional comenzaron con el control de comunicaciones y el manejo de los tiempos "teníamos que hacer pensar que sí iban a pagar". Mientras tanto, trabajaban en la localización de la víctima.

Durante el cautiverio, la intimidación fue constante. “Con la mera presencia de ellos ya hay una intimidación ambiental”, explican los agentes. Es más, en este caso, en el último momento la víctima ni siquiera está encerrada. “Estaba solo en su casa y le dicen:‘como salgas, te matamos’”. El control se ejerce a través del miedo y del conocimiento previo entre ellos.

La violencia física aparece como un elemento de presión gradual, describen las fuentes. El mensaje es doble, ya que los secuestradores buscan que se pague lo debido y servir de ejemplo para el resto. “Muchas veces es para aleccionar para que otros no lo hagan”, añaden.

Este tipo de secuestro es común

La Policía subraya que este tipo de secuestros internos es especialmente habitual en determinadas zonas. “Sí es generalizado en zonas de Levante, zonas costeras”, indican, donde aseguran que estos episodios “están siendo muy generosos últimamente”. Son entornos donde operan organizaciones criminales internacionales y donde los conflictos internos afloran con mayor frecuencia.

Según las fuentes, cuando el secuestro se produce dentro de la misma organización, el riesgo de un desenlace mortal es menor. “Cuando son de la misma organización no es tan peligroso”, explican. El escenario cambia cuando el conflicto es entre bandas distintas. “Ahí puede acabar mal, puede venir homicidios”, advierten.

Imagen de la Policía Nacional sobre el secuestro por parte del grupo 'Dalen' | PN

En el caso de Alicante, el operativo concluyó con la liberación de la víctima en menos de 72 horas sin que se llegara a pagar el rescate. Los cuatro presuntos autores fueron detenidos en el aparcamiento de un centro comercial, y tres de ellos ingresaron en prisión. La víctima presentaba lesiones en la cara y el tórax.

Secuestros “al uso”, cero

“El secuestro al uso se nos ha dado muy poquito”, explican las fuentes, que destacan que este tipo de raptos prácticamente ha desaparecido en su ámbito de trabajo. “En 2024, cero”, señalan de forma tajante, antes de matizar que únicamente recuerdan “algún caso muy puntual, uno relacionado con Colombia”, siempre fuera del patrón habitual. Para los investigadores, estos datos refuerzan la idea de que el secuestro clásico con fines económicos ya no es una práctica extendida.

“Ahora se raptan entre ellos, no por dinero”, insisten, y explican que el secuestro se ha convertido en un mecanismo interno dentro de las propias organizaciones criminales.