El narcotráfico en las costas andaluzas se ha consolidado “como una realidad constante”, pero la escena ha cambiado radicalmente. Lo que hace años era un juego del “ratón y el gato” para introducir droga en España, con trucos para distraer a los agentes, es hoy una “lucha” directa contra delincuentes “cada vez más agresivos y preparados”, que ya no se limitan a huir.

Durante años, la dinámica del narcotráfico en la costa funcionaba como un complejo juego de distracciones. Los narcos utilizaban llamadas falsas y obstáculos de diferentes tipos para obligar a los agentes a desplazarse y verificar alertas. “Empezaban con llamadas diciendo que había ganado suelto en la carretera o colocaban tablones con puntillas para que tuviéramos que ir y se nos pincharan las ruedas”, explica un guardia civil con 20 años de experiencia sobre ese terreno. Cada maniobra estaba pensada para permitir que la droga llegara a la costa con un riesgo mínimo.

Este periodo de “ratón y gato” permitía a las organizaciones criminales expandir sus redes y consolidar rutas y contactos sin necesidad de enfrentamientos abiertos. “Era un juego de ajedrez, siempre intentando que nosotros no los pilláramos en el acto. En ese tiempo ellos corrían cuando veían que había patrullas”, relata el agente. Cada maniobra también servía para entrenar a sus equipos, ya que aprendían de los movimientos de los guardias, ajustaban sus rutas y coordinaban mejor las embarcaciones.

Amenazar a los agentes

Pero la escena ha cambiado, los narcos han dejado de limitarse a huir y han empezado a amenazar directamente a los agentes. “Cuando no pueden comprar a una unidad con dinero, empiezan con amenazas: saben dónde están tus hijos en el colegio, dónde va tu mujer a entrenar, dónde aparcas el coche”, advierte el guardia civil. Esta escalada marca el paso del juego estratégico del “ratón y el gato” a un enfrentamiento más directo, en el que los delincuentes ya no solo transportan la droga, sino que la defienden con violencia.

“El cambio es brutal, ahora defienden la droga hasta última hora con ráfagas de disparos y no dudan en enfrentarse a patrullas incluso si van dos agentes con pistola frente a ellos con AK-47 y armas de gran calibre”, explica el guardia. La combinación de lanchas rápidas, armamento de guerra y amenazas personales convierte cada operativo en un riesgo extremo.

Esta escalada de violencia refleja un cambio de mentalidad total en los delincuentes. “Antes solo hacían trampas y se escondían, ahora disparan directamente he llegado a ver que envían fotos de familias para amedrentar a compañeros”, alerta el agente. La amenaza directa marca un nuevo escalón en la violencia en donde los narcos se sienten superiores en armamento y preparación.

Las embarcaciones son la clave

Las embarcaciones que utilizan los narcos también han evolucionado. “Ya no se esconden, saben que no podemos detenerlas fácilmente. Estas embarcaciones vuelan sobre el agua, superan los 130 o 140 kilómetros por hora”, explica el guardia civil. Antes, bastaba con la mera presencia de la Guardia Civil para disolver los desembarcos pero ahora, los narcos despliegan lanchas sofisticadas que desafían la intervención directa y obligan a los agentes a depender de helicópteros y unidades especializadas. “Si no tienes a un helicóptero o una unidad especializada, no puedes hacer frente a estas embarcaciones”.