España está interceptando más cocaína que nunca, pero esa presión policial no refleja una reducción del negocio, sino todo lo contrario, evidencia su expansión. En 2024, las fuerzas de seguridad incautaron 124.040 kilos de cocaína, un 112,6% más que en 2022, según el informe anual del Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones, basado en datos del Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado (CITCO). Nunca antes se había alcanzado una cifra tan alta.

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Sin embargo, el mismo observatorio explica que el consumo interno de cocaína en España se mantiene estable, con una prevalencia del 2,5%, lo que confirma que España es cada vez más un territorio de "tránsito", un punto logístico de entrada de las drogas desde el que se distribuye hacia otros países europeos.

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“La situación del narcotráfico va in crescendo. Esto es como una tela de araña, si tú a la araña le das espacio y no la molestas, la tela de araña cada vez es más amplia”, explica un agente. Esa expansión no es solo territorial. Es estructural, operativa y económica.

Las narcolanchas y los contenedores

El mar sigue siendo el punto de entrada prioritario. Desde Marruecos llegan cargamentos de hachís por una ruta que se lleva utilizando mucho tiempo, mientras que la cocaína utiliza tanto esa vía como rutas transatlánticas desde América Latina. Cada sustancia sigue su propia logística.

El hachís, por su proximidad geográfica, permite operaciones rápidas, directas y constantes. “El hachís es un atajo”, explica un agente. “Embarca en Marruecos y va directamente a las manos del que lo compra”. Según el mismo guardia, “de Marruecos aquí son 15 minutos, bueno, ¿10? quizá incluso en 5 minutos han cruzado el estrecho con ese tipo de embarcación”.

Estas embarcaciones, conocidas como narcolanchas, han cambiado la dimensión del fenómeno del narcotráfico, ya que su potencia hace que muchas veces sea muy difícil que los agentes consigan detenerlos. “Son embarcaciones que alcanzan 130 o 140 kilómetros por hora. Eso es un cohete en el agua”, afirma el guardia civil. “No tenemos capacidad nosotros para detenerla”, confiesa.

Un mes y medio para un cargamento

Cuando la droga procede de Sudamérica, principalmente cocaína, el proceso es mucho más lento y complejo que el de las narcolanchas. Según explica el agente, estos cargamentos suelen viajar en grandes buques o contenedores y requieren una estructura internacional completa. “La cocaína normalmente llega por vía marítima, llega por contenedores”, señala. Ese trayecto puede prolongarse durante semanas, “desde que sale, por ejemplo, de Sudamérica hasta que llega aquí, a lo mejor pasa un mes y medio”.

Cada etapa del transporte requiere protección y coordinación para evitar incautaciones, por lo que, destacan los agentes, “tienen que tener comprados a la gente que hace falta, tanto policía como personal del puerto, para que embarque esa droga y gente que la está esperando en España”, explican.

“Implica policía, policía portuaria, gente de la administración, etc”. Precisamente por esa complejidad, las narcolanchas han ganado protagonismo como alternativa más directa. “Utilizando la ruta del hachís, eliminan gran parte de ese protocolo tan complicado que lleva el tema portuario”.

Garajes y escondites

Además de las embarcaciones, las organizaciones cuentan con infraestructuras diseñadas para ocultarlas, almacenar droga y preparar su distribución. “Hay viviendas que tienen como una especie de garaje que da al río y las guardan ahí” las narcolanchas. Estas bases no se limitan a un solo punto geográfico. “Puede que tengan bases en Marruecos y en Algeciras… también en la parte de Portugal pueden tener sitios para meter las embarcaciones”.

Los ríos también forman parte del sistema logístico. La Policía Nacional desarticuló en Sevilla recientemente una organización que introducía droga utilizando el Guadalquivir como vía de acceso. Según la portavoz policial, los agentes detectaron que se podría estar traficando con sustancias que “habrían sido introducidas por el río Guadalquivir”. En el primer registro, los agentes intervinieron “cerca de media tonelada de hachís además una furgoneta que figuraba como sustraída”.

Coches caleteados

Una vez que la droga llega a territorio español, comienza su transporte terrestre. Las organizaciones criminales utilizan “furgonetas, coches robados y vehículos adaptados con compartimentos ocultos”, conocidos como caletas, que permiten trasladar la sustancia de manera discreta hacia centros de almacenamiento y distribución.

En una operación reciente que desmanteló una red que operaba entre Andalucía y Madrid, los agentes intervinieron “más de 460 kilos de cocaína, la gran mayoría escondidos en caletas, dinero y vehículos con sistemas complejos de accionamiento para acceder a estos compartimentos”, han deteniendo a 26 personas, de las cuales 12 ingresaron en prisión.

Los vehículos recorren distintas ciudades, incluyendo Madrid, donde la droga se entrega a otros integrantes de la organización y se distribuye a puntos estratégicos. La Policía Nacional detalló que la red “alquilaba villas en Málaga y Sevilla desde donde la transportaban hasta Madrid para realizar el intercambio en garajes de hoteles y viviendas y distribuirla a todo el país”.

Este sistema permite fragmentar los cargamentos y reducir riesgos, garantizando que la operación siga funcionando mientras otras fracciones de droga continúan su traslado hacia almacenes y centros logísticos en diferentes provincias. Los registros en Madrid y otras localidades, como Majadahonda y Guadalajara, confirmaron que los vehículos caleteados eran utilizados para trasladar cientos de kilos de cocaína.

Helicópteros desde Marruecos

El uso de helicópteros ha abierto un nuevo frente en el tráfico de drogas entre Marruecos y España, aumentando la capacidad y velocidad de transporte. En la operación “Giro”, la Guardia Civil detuvo a seis personas que formaban parte de un grupo especializado en introducir hachís mediante aeronaves. Según los informes policiales, los envíos podían transportar entre 500 y 900 kilos de droga, descargados en fincas y naves de Málaga, Almería y Murcia antes de continuar su traslado por carretera hacia Europa.

Durante los registros se intervinieron 657 kilos de hachís, cinco armas de fuego y uno de los helicópteros utilizados, además de dinero en efectivo y vehículos empleados para la logística de la operación. Los helicópteros tomaban tierra en zonas despobladas, donde esperaban varias personas para descargar los fardos de droga y transportarlos en furgonetas hacia diferentes “guarderías” y almacenes.

Una estructura criminal

El crecimiento de la cocaína ha transformado profundamente el equilibrio del narcotráfico en España. "La cocaína multiplica por 100 al hachís o más en ganancias”, lo que convierte cada cargamento en un objetivo de máxima prioridad. Este valor económico tan elevado no solo aumenta la presión sobre los grupos para proteger la mercancía, sino que también intensifica los riesgos de enfrentamientos y violencia.

El valor económico refuerza la estructura criminal y explica la escalada de violencia que acompaña a su transporte y distribución y de la que están siendo víctimas los agentes. La necesidad de proteger cargamentos que pueden mover "cientos de miles de euros en minutos" incentiva el uso de armas de guerra, sistemas de vigilancia y rutas aéreas, marítimas y terrestres altamente organizadas.