La fulminante destitución del consejero de Educación, Ciencia y Universidades de la Comunidad de Madrid, Emilio Viciana, ha destapado la existencia de un clan interno del PP madrileño que hasta ahora se movía en la penumbra: los llamados “Pocholos” y quién es su líder. Este grupo de jóvenes dirigentes, unidos por una lealtad férrea a su mentor, ha convertido un relevo en el Gobierno regional en una crisis política de primer orden para Isabel Díaz Ayuso.

Quiénes son los Pocholos 

Bajo el apodo de “Pocholos” se agrupa a un núcleo de treintañeros del PP madrileño que aterrizó en bloque en la Consejería de Educación y en la Asamblea de Madrid tras las elecciones autonómicas, liderados por el dramaturgo y profesor Antonio Castillo Algarra. Se les reconoce por su perfil social de “niños bien”, formación universitaria, discurso culturalmente conservador y un fuerte sentido de grupo cerrado, hasta el punto de que en los pasillos del Gobierno y de la Asamblea se les mencionaba con sorna por ese mote, siempre bajo la influencia directa de su líder Castillo.

Este clan no es un simple corrillo generacional, sino una red organizada con acceso directo a poder real: cargos intermedios en la Consejería, actas de diputado y capacidad de influir en la agenda educativa de la región, todo tejido por su líder ideológico. Su cohesión ideológica y personal ha sido precisamente lo que ha transformado el cese de Viciana en una reacción en cadena de dimisiones y desafío interno al liderazgo de Ayuso.

En el centro de este grupo aparece Emilio Viciana, hasta ahora consejero de Educación, Ciencia y Universidades, un alto funcionario que se convirtió en el referente político de este grupo dentro del Gobierno madrileño y protegido clave de su líder. Su destitución, en plena polémica por la nueva ley madrileña de enseñanza superior y su choque con el mundo universitario, ha sido percibida por los Pocholos como una humillación y una ruptura de acuerdos internos impulsados por Antonio Castillo Algarra.

Entre los rostros más visibles del clan destacan los diputados Pablo Posse, Mónica Lavín y Carlota Pasarón, que han dejado -o han anunciado su intención de dejar- sus escaños como gesto de lealtad hacia Viciana y su líder común. Posse ejercía como portavoz de Educación del PP en la Asamblea, Lavín pilotaba el área de Política Social y Pasarón era la voz de Juventud, todos ellos con discurso alineado con el endurecimiento ideológico en el campo educativo bajo la tutela de Castillo.

La red se completa con altos cargos de la propia Consejería: Nicolás Casas, director general de Universidades, y María Luz Rodríguez Lera, directora general de Secundaria y Formación Profesional, también alineados con el equipo de Viciana y vinculados al mismo entorno intelectual y académico de su líder. Ambos presentaron su dimisión justo antes del cese del consejero, anticipando el terremoto político que se venía.

El líder de los Pocholos: Antonio Castillo Algarra, el ‘Rasputín’ de Ayuso

El hilo que cose el relato de los Pocholos lleva directamente a su líder, Antonio Castillo Algarra, dramaturgo, profesor y hasta ahora director del Ballet Español de la Comunidad de Madrid. Se ha convertido en la sombra que explica el salto de este grupo desde las aulas y los escenarios a la primera línea de la política educativa, ganándose el apodo de “Rasputín” de Ayuso por su influencia discreta pero decisiva sobre la presidenta y su equipo. 

En su entorno formativo y teatral se fue cocinando, durante años, una comunidad de jóvenes con un ideario religioso y conservador muy marcado, que algunos ex alumnos describen como un espacio de fuerte adoctrinamiento. De ahí emerge la cantera de los Pocholos, a quienes su líder impulsó y colocó en puestos estratégicos de la Administración educativa y en las listas del PP para la Asamblea.