La irrupción de la agrupación Se Acabó La Fiesta (SALF), liderada por Alvise Pérez, ha tenido un impacto determinante en el reparto de escaños de las elecciones autonómicas de Castilla y León. Aunque la formación no logró representación propia en las Cortes, sus votos en varias provincias fueron clave para que Vox perdiera tres procuradores adicionales que, finalmente, terminaron en manos del PSOE.
Este fenómeno de dispersión del voto se dio especialmente en las circunscripciones de Valladolid, Segovia y Zamora. En estos tres casos, el número de papeletas obtenidas por SALF superó con creces la diferencia de votos que separó a la formación de Santiago Abascal del último escaño en liza frente a los socialistas. En Valladolid, por ejemplo, los de Alvise sumaron 4.436 apoyos, mientras que Vox se quedó a solo 1.680 de alcanzar su cuarto representante.
La situación fue todavía más ajustada en Zamora, donde apenas 284 votos privaron a Vox de un procurador que finalmente conservó el PSOE, frente a los 895 obtenidos por la candidatura de Pérez. En Segovia ocurrió algo similar: los 1.195 votos de SALF habrían bastado para cubrir la brecha de 1.068 que impidió a los de Abascal arrebatarle el escaño a la candidatura socialista.
Pese a la pérdida de estos representantes estratégicos, la cúpula nacional de Vox ha evitado las críticas directas hacia la nueva formación. Santiago Abascal ha manifestado que no tiene "ningún reproche" hacia los votantes de Se Acabó La Fiesta, defendiendo la libertad de los ciudadanos para elegir la opción que prefieran en las urnas.
Por su parte, el candidato de Vox a la Presidencia de la Junta, Carlos Pollán, ha reconocido abiertamente que estos "restos" de voto sin representación han permitido que el PSOE retenga escaños que, en otras condiciones, habrían ido a parar a su partido. No obstante, Pollán ha zanjado la cuestión respetando el "juego electoral" y la libertad de cada sigla para concurrir a los comicios.
Te puede interesar