En el corazón de la capital madrileña trabaja de forma incansable un equipo de élite para garantizar la seguridad ciudadana, la Unidad Canina de la Policía Municipal. Entre sus filas se encuentran perros como Cachopo, Sam o Costa, cada uno especializado en la detección de drogas, explosivos o búsqueda y rescate de personas. Sus compañeros y profesores explican que no se trata de simples animales, son mucho más, son "la última línea de defensa de la capital en la lucha contra los explosivos y el narcotráfico".
La Unidad Canina de la Policía Municipal de Madrid opera en dos turnos de mañana y tarde, y cuenta con 26 perros especializados en tres disciplinas clave, que son estupefacientes, explosivos y rescate. La mayoría de estos animales viven en las instalaciones de la unidad, aunque algunos residen con sus guías. Dentro de la especialidad de perros de drogas y explosivos hay casi los mismos efectivos, mientras que el número de perros de rescate es menor, aunque su participación en intervenciones ha aumentado recientemente.
El perfil del perro policía
La selección de un perro policía es un proceso meticuloso. "Se buscan ejemplares con un fuerte instinto de presa y recompensa", características comunes en razas como el Pastor Alemán y el Pastor Belga Malinois. Sin embargo, la unidad también incorpora perros de donación, provenientes de protectoras o de particulares que no pueden hacerse cargo de ellos. Estos perros pasan por un periodo de prueba y adaptación antes de integrarse plenamente en la unidad.
El entrenamiento de un perro policía “no tiene un tiempo fijo”, ya que depende de la capacidad de aprendizaje de cada animal. No obstante, se estima que un perro está completamente formado en un periodo de seis a nueve meses, y aunque es raro, hay veces que los animales no completan su formación.
Normalmente eso suele ser porque desarrolla miedos, viene con algún trauma anterior o “no se adapta a las exigencias del trabajo en entornos urbanos, con ruidos, luces y tráfico”. Como explica uno de los guías, "es raro, pero puede ser que al final perros que demuestran unas capacidades con el tiempo las vayan perdiendo".
Los guías: trabajo diario
El acceso a la unidad es, además, uno de los destinos más codiciados dentro del cuerpo. “Somos 14 policías aquí”, explican los agentes, en referencia a un equipo reducido en comparación con el interés que despierta esta especialidad. No basta con aprobar un examen, ya que el trabajo exige vocación, experiencia y una relación muy particular con el animal.
“No son perros de casa, es complicado de manejar”, reconocen, subrayando que el día a día implica asumir riesgos, “al que más y al que menos nos han mordido”. La preparación del guía es, por tanto, tan determinante como la del propio perro, en un trabajo donde la coordinación entre ambos resulta esencial.
La vida diaria de estos perros dentro de la unidad combina disciplina, juego y cuidados constantes en unas instalaciones que están adaptadas a sus necesidades. Cuentan con espacios propios y zonas de esparcimiento, como una piscina que utilizan en los meses de calor. “Aquí les tienen superbien en verano la piscinita”, relatan, en una rutina donde el entrenamiento se integra de forma natural con el ocio. Porque, como insisten, para ellos el trabajo no deja de ser un estímulo positivo, “para el perro es jugar”, explican, una filosofía que convierte cada intervención en una extensión de ese mismo entorno controlado en el que viven y se desarrollan.
Diferencias entre especialidades
Las diferencias entre especialidades marcan también el carácter y entrenamiento de los perros. En explosivos, por ejemplo, se exige un perfil muy concreto. “Se requiere que sea un perro independiente, que trabaje solo, y necesita esa obediencia para no tocar”, explican. En rescate, en cambio, prima la autonomía combinada con la marcación activa mediante ladrido.
Todo el aprendizaje se basa en un mismo principio, el del refuerzo positivo. “Aquí en la sección canina funcionamos todo mediante premio, no hay castigo”, recalcan, describiendo un sistema en el que el trabajo se convierte en un juego para el animal.
Esa dimensión lúdica explica, en parte, la eficacia de unos perros capaces de detectar lo imperceptible para el ser humano. “Un perro detecta cuatro partículas de olor entre un millón”, aseguran los agentes, frente a las enormes limitaciones del olfato humano.
En la práctica, esto se traduce en hallazgos sorprendentes, desde droga oculta en compartimentos imposibles hasta rastros que se desplazan por corrientes de aire. “Son capaces de oler y de ver cosas que nosotros no”, resumen. Una capacidad que, unida al vínculo con su guía —“al final es un binomio, es tu compañero”— convierte a estos animales en una herramienta clave en el trabajo policial diario.
Cachopo
Cada especialidad requiere un perfil y un entrenamiento específico. Los perros de estupefacientes, como Cachopo, son entrenados para detectar drogas. Su entrenamiento se basa en el juego, con actividades donde debe encontrar la sustancia en diferentes sitios y lugar y recibir un refuerzo positivo una vez lo encuentran.
Estos perros son capaces de encontrar rastros de todo tipo de estupefacientes en distintas superficies "campos, discotecas, donde lo sueltes... él sabe encontrarlo".
La forma que tienen los perros de avisar de que han encontrado la droga es activa, es decir, el perro ladra al encontrarla para avisar a su dueño. Cachopo, en particular, es descrito por su guía como "un perro peculiar", muy afable con niños y otros perros, lo que lo hace ideal para eventos públicos y residencias, además de su eficacia en la detección de estupefacientes en vehículos.
Sam
Los perros de explosivos, como Sam, requieren una independencia y obediencia aún mayores. Deben trabajar solos y, al detectar un foco de olor, deben marcarlo sin tocar el explosivo. Su entrenamiento también se basa en el juego y el cobro, con una progresión gradual que nunca expone al perro directamente a la sustancia. Se utilizan métodos como la impregnación de rodillos con olores que luego deberá buscar y la asociación directa, y cada guía elige el método que mejor se adapta a su perro.
Sam, un pastor alemán de cuatro años, es un ejemplo de esta especialidad. Su entrenamiento le permite detectar explosivos en cualquier lugar. Además, durante los entrenamientos, su guía puede dirigirlo con un láser para que haga búsquedas precisas en espacios concretos.
De esta forma, el agente no tiene que acercarse directamente al lugar. La distancia es crucial en esta especialidad, y los perros son entrenados para trabajar a grandes distancias de sus guías. "En trabajos explosivos, igual que en todo, se fomenta a través del juego", nos explica un guía, añadiendo que "nunca nunca nunca se le va a exponer al perro directamente al olor directo o a la sustancia directa".
Costa
Costa, una pastora belga malinois de seis años, es una perra de protección. Su entrenamiento se enfoca en la custodia de objetos y la defensa. Es capaz de morder si alguien se acerca demasiado al objeto que custodia, demostrando una gran fuerza y determinación. A pesar de su capacidad de defensa, Costa es descrita como una perra que disfruta del juego. Su entrenamiento incluye diferentes tipos de entrada, en agresión, defensa y deportivo, y se inicia con un guía para luego trabajar con diferentes figurantes.
Los perros policía suelen jubilarse “entre los siete y ocho años, aunque esto puede variar según la raza y el rendimiento individual”, explican los agentes. "La primera opción siempre cuando un perro se jubila es que se le da la opción al guía. El guía que ha pasado toda su vida laboral con el perro", nos cuenta un miembro de la unidad. Si el guía no puede hacerse cargo, se busca una adopción a través de fundaciones como "Héroes de Cuatro Patas", que se encarga de seleccionar adoptantes adecuados.
“Es fundamental encontrar familias que comprendan que son perros de trabajo y que, aunque jubilados, aún necesitan actividad física y un entorno adecuado”, explican. La unidad busca que los perros se jubilen en la plenitud de su vida, para que puedan disfrutar de una buena calidad de vida en su nuevo hogar. "En el momento que vemos que ya ha prestado un servicio que tal se aboga por decir que pase todavía un poco de la época de plenitud en la casa", explica un guía.
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