La Organización de Naciones Unidas ha confirmado la muerte de seis cascos azules desde el inicio de la guerra en Líbano, en una escalada que ha impactado de lleno en la misión internacional desplegada en el sur del país y que ya había dejado episodios previos de militares heridos y posiciones atacadas.

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El balance oficial, difundido por la Fuerza Provisional de la ONU en Líbano (UNIFIL), consolida un goteo de incidentes que, tal y como adelantaba El Independiente, reflejan el deterioro de la seguridad sobre el terreno y la creciente exposición de los contingentes internacionales a los combates.

En las últimas semanas, varios destacamentos de cascos azules habían resultado afectados por explosiones en las proximidades de sus bases, impactos en instalaciones y ataques en áreas donde operan patrullas de la misión de paz. Algunos de estos episodios dejaron militares heridos y obligaron a reforzar las medidas de protección en posiciones consideradas hasta ahora relativamente seguras.

Seis militares "asesinados"

La confirmación de seis fallecidos, y varios en estado grave, eleva la magnitud de una situación que ya preocupaba en el seno de Naciones Unidas y entre los países que aportan tropas, ante el riesgo de que la misión quede atrapada en un escenario de conflicto abierto.

En este contexto, el Jefe de Misión de la UNIFIL y Comandante de la Fuerza, el Mayor General Diodato Abagnara, ha rendido homenaje a uno de los últimos militares fallecidos, Corporal Rico Pramudia, en un mensaje que pone el acento en el coste humano de la operación.

“Corporal Rico Pramudia, su lugar permanece con nosotros, en nuestras acciones, compromiso y sentido del deber”, señaló Abagnara, en una declaración difundida por los canales oficiales de la misión.

El mensaje añade que, “con seis fuerzas de paz asesinadas recientemente y varias otras heridas en medio de las hostilidades en el sur del Líbano, honramos su último sacrificio”, en referencia al conjunto de bajas sufridas por la misión desde el recrudecimiento de la violencia.

Una misión atrapada

A finales de marzo, al menos cuatro cascos azules murieron en ataques consecutivos —uno por el impacto de un proyectil en una base y otros tres en un convoy,—, en episodios que también dejaron heridos graves y que elevaron la preocupación en Defensa y en la propia ONU.

Días antes, otros tres militares ghaneses resultaron heridos tras un ataque contra su base en Al Qawzah en medio de intensos intercambios de fuego. Además, la misión había denunciado impactos de metralla en sus instalaciones, proyectiles cayendo a escasos metros de patrullas y ataques previos que obligaron a los cascos azules a refugiarse en búnkeres, en una secuencia que confirma que no se trata de hechos aislados sino de una exposición creciente y sostenida de la UNIFIL al conflicto.

Tal y como ha venido recogiendo este medio, los incidentes no se limitan a episodios aislados, sino que forman parte de una dinámica más amplia en la que las posiciones de la ONU han quedado expuestas a los efectos colaterales de los combates e incluso a acciones directas en zonas de fricción.

La misión, encargada de supervisar el cumplimiento de la Resolución 1701, opera en un entorno cada vez más hostil, donde los movimientos de tropas, los intercambios de fuego y la proximidad de actores armados multiplican los riesgos para el personal desplegado. Pese a ello, Naciones Unidas insiste en mantener su presencia sobre el terreno, reivindicando el papel de los cascos azules como elemento de contención en una de las fronteras más sensibles de Oriente Próximo.