Con la puntualidad de quien no olvida que un día fue ministro, José Luis Ábalos ha iniciado su declaración ante el Tribunal Supremo este lunes por la mañana. Gesto serio, manos entrelazadas y dos carpetas sobre la mesa que anticipan una comparecencia larga. En ese arranque el que fue el responsable del ministerio con más peso económico del Gobierno, ha reconocido que sabe que él es “carne de meme” después de todo lo conocido durante esta causa y que se ha sentido "muy dolido" al ver a su expareja, Jéssica Rodríguez, comparecer contra él.  

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A partir de ahí, la sala ha entrado en el terreno en el que Ábalos se mueve con más comodidad: el del relato político. No hay titubeos ni pausas significativas. Habla con un tono contenido, el ceño fruncido al principio, y construye su explicación desde un origen concreto: la crisis interna del PSOE y su llegada a la Secretaría de Organización. “El partido estaba en una situación muy delicada”, recuerda, y en ese contexto dice haberse dedicado a “recomponerlo”.

Koldo estaba en su día a día

Ahí entra de lleno al que fue su asesor, amigo, confidente y compañero fiel, Koldo García, quien la semana pasada le agradeció delante del Tribunal Supremo a Ábalos "las cosas que hizo" por él. El exministro ha señalado rápidamente que fue Santos Cerdán quien le presentó a Koldo.

A partir de ese momento, Ábalos dibuja una convivencia política y logística casi permanente. “Necesitaba un conductor que soportara esos horarios”, explica, pero la frase se abre enseguida a algo más amplio: disponibilidad absoluta, presencia continua, acompañamiento en el día a día... No lo describe como un nombramiento más, sino como una figura central para él. Tanto es así, que el propio Koldo reconoció el jueves pasado que él llevaba las cuentas económicas personales del ministro porque "José Luis tenía mucho trabajo".

Los "vínculos singulares" de Ábalos y Koldo

Ábalos ha reconocido que su relación con Koldo García fue más allá de lo estrictamente profesional, hasta el punto de definirla como “vínculos singulares”. No se ha detenido demasiado en la expresión, pero sí en la idea. Tenían una cercanía personal que se fue haciendo más intensa con el paso del tiempo y que terminó impregnando su día a día político.

Esa relación la sitúa en un origen de confianza y gratitud. Explica que incorporó a Koldo a su equipo en el Ministerio como muestra de “agradecimiento” por su “entrega y lealtad” en etapas anteriores, y lo describe como alguien de presencia constante en su entorno. No hay distancia en su forma de narrarlo, reconoce que él le daba mucha confianza a sus trabajadores, que no estaba muy encima de los mismos y con Koldo esa confianza se traduce en funciones, decisiones y responsabilidades dentro del equipo más próximo.

El contraste en su relato, que había pasado a ser mucho mas distendido a lo largo de la mañana, ha llegado cuando el fiscal le ha preguntado por Víctor de Aldama. Ahí el tono ha cambiado por completo. Ábalos resta importancia a cualquier vínculo y lo despacha con ironía: conocerle, dice, no es “nada que celebrar”. Sitúa ese primer contacto a finales de 2018, y lo vincula casi a una relación incómoda, desconocida y de poca confianza.

De la confianza de Koldo a la pena de Jéssica

El tono cambia de nuevo cuando el fiscal jefe Anticorrupción, Alejandro Luzón, ha entrado en el terreno más personal, donde Ábalos ha bajado por unos momentos la guardia y ha mezclado su declaración con cierto desahogo emocional. Es ahí donde aparece Jéssica Rodríguez, su expareja, y con ella un relato que se mueve entre lo íntimo y lo judicial. “Soy carne de meme”, llega a admitir al inicio de la declaración, en referencia a todo lo publicado sobre su vida privada durante la instrucción. Y añade que le ha dolido verla declarar contra él. “La quise”, insiste, sin rodeos, al describir una relación que "fue real" y marcada por un contexto político especialmente intenso.

Ábalos encuadra aquella etapa como un momento de desbordamiento personal y profesional, explicando, con alguna que otra sonrisa, lo que fue su relación extramatrimonial. Habla de una relación que empieza en 2018 y que se prolonga hasta finales de 2019. Una relación tormentosa cuanto menos, en la que el exministro ha señalado que hubo episodios de distancia en los que Jéssica llegó a bloquearle en WhatsApp. Ábalos ha señalado que fue durante esa relación donde aprendió lo que es el “ghosting”. Con lo que da a entender que Jéssica dejó de contestarle en algunos momentos.

Del ghosting a las coacciones

Ábalos desliza también, sin desarrollarlo de forma directa pero dejando la idea flotando en varios momentos de su declaración, que el relato de Jéssica no sería completamente autónomo. Sugiere que podría haber habido conversaciones o presiones previas en el entorno de Víctor de Aldama, y apunta a que algunas de sus afirmaciones en el Supremo no encajarían con lo que él vivió. “No encuentro motivos para que niegue que conoce a Aldama salvo que haya algún asunto arreglado”, viene a insinuar en un momento del interrogatorio, y remata esa línea asegurando que no entiende determinados giros de su declaración si no es en un contexto de influencia externa.

Durante este brote de sinceridad amorosa, Ábalos ha defendido que intentó que la situación fuera lo más discreta posible y que incluso trató de ayudar en lo que describe como gestiones cotidianas, aunque siempre a través de terceros para que a ella le fuera bien.

En paralelo, el fiscal jefe ha abierto otro frente con Claudia Montes, a quien el exministro reduce a un contacto puntual y casi anecdótico. “No tengo ninguna relación con esta mujer”, sostiene con firmeza. Está enfadado. Jéssica fue su pareja, pero con Claudia no tuvo nada, explica. Afirma además que la vio en una ocasión al pedirle una foto y otra durante un acto de formación, y niega cualquier vínculo posterior. “Es un caso mediático, juzgado hace tiempo, con condena clara”, llega a decir, marcando distancia y situando su nombre en el mismo saco de exposición pública que, según él, ha acompañado todo el procedimiento.