La Policía Nacional vive un momento de exposición permanente. A la presión de las macrocausas judiciales, las acusaciones de injerencias políticas y el desgaste interno, se suma un fenómeno que preocupa especialmente a los mandos policiales: la sofisticación creciente del crimen organizado. “El crimen organizado siempre va un paso por delante de la Policía”, resume Daniel López, inspector jefe y presidente del Sindicato Profesional de Policía (SPP), en una entrevista concedida a El Independiente.
López dirige desde octubre el sindicato mayoritario entre las escalas de mando de la Policía Nacional. Habla con tono pausado, pero sin esquivar ninguno de los asuntos que atraviesan hoy a Interior como son el narcotráfico, la corrupción policial, la salud mental, la presión política o la violencia creciente de las mafias en el Campo de Gibraltar. Y aunque reivindica que el sistema policial “funciona” porque es capaz de detectar y expulsar a los agentes corruptos, admite que las organizaciones criminales se reinventan más rápido que las estructuras del Estado.
“Si fuésemos por delante no habría delitos”, sostiene. “Quien se reinventa es el crimen organizado. Si conseguimos atajar una forma de blanqueo, inmediatamente encuentran otra. Nosotros vamos siempre un pasito por detrás”, reconoce. Y parece lógico. Son los "malos" los que tienen que jugar a encontrar la trampa, la forma de esquivar a los agentes.
Corromper a policías y empresarios
El inspector jefe sitúa el problema especialmente en el narcotráfico y en las redes internacionales de blanqueo de capitales, dos fenómenos que, a su juicio, han evolucionado mucho más rápido que la capacidad de reacción de los Estados europeos. “Cada vez hay nuevas rutas del tráfico de drogas y del blanqueo. Y por desgracia hemos visto que esas estructuras incluso consiguen corromper”, explica. No habla únicamente de policías o funcionarios, sino también de empresarios, intermediarios logísticos o estructuras aparentemente legales que terminan siendo utilizadas para mover dinero o mercancía ilícita.
En su análisis aparece de fondo la preocupación creciente dentro de Interior por el avance de la denominada mocromafia, organizaciones criminales de origen neerlandés y marroquí que han convertido el narcotráfico en una estructura transnacional con ramificaciones en varios países europeos. Su capacidad económica, explica López, les permite operar casi como multinacionales del crimen: diversifican rutas, utilizan empresas pantalla, cambian rápidamente de métodos de blanqueo y desplazan sus operaciones allí donde encuentran menos presión policial o judicial.
“La famosa mocromafia tiene una capacidad económica y una capacidad de llegar a altos niveles de la administración que puede ser peligrosa”, afirma. “No puedes bajar nunca la guardia”.
Colaboradores del crimen
El dirigente sindical advierte además de que estas organizaciones ya no funcionan únicamente desde grandes puertos o enclaves históricos del narcotráfico. Según explica, las redes criminales han aprendido a fragmentar operaciones, utilizar pequeñas infraestructuras logísticas y apoyarse en colaboradores repartidos entre Europa, África y terceros países donde el control financiero es mucho menor. “Cuando consigues cerrar una vía, automáticamente buscan otra”, resume.
Ese escenario obliga, según López, a una adaptación permanente de las unidades policiales. Especialmente porque el crimen organizado ya no se limita al tráfico de drogas. “Todo lo que genere muchísimo dinero o muchísimo poder les interesa”, señala. Ahí incluye desde el tráfico de personas hasta el uso fraudulento de regularizaciones, documentación o sistemas de citas previas. “Las mafias intentan meterse allí donde detectan negocio”.
Además del dinero, preocupa especialmente la capacidad de influencia que llegan a acumular algunas organizaciones criminales. No sólo por su potencial para corromper estructuras, sino por el nivel de violencia que empiezan a desplegar. “Estamos viendo grupos cada vez más profesionalizados y con acceso a armamento más peligroso”, advierte. Una evolución que, sostiene, obliga a reforzar tanto la cooperación internacional como las capacidades de investigación financiera y tecnológica dentro de la Policía Nacional.
Unas cuantas "manzanas podridas" en la Policía
La entrevista llega en un momento especialmente delicado para la imagen del cuerpo, tras varios casos de policías investigados por vínculos con el narcotráfico o el blanqueo. López insiste en que esos episodios son “testimoniales”, pero evita negar el impacto interno que generan. “Para mí un sistema que tiene la capacidad de extirpar de la Policía las manzanas podridas es un sistema sano”, defiende. Y pone como ejemplo recientes detenciones de inspectores vinculados a redes criminales. “Hemos conseguido detectarlos, reunir carga probatoria, detenerlos y apartarlos”.
El presidente del SPP rechaza frontalmente que esos casos permitan extender sospechas sobre todo el cuerpo. “Decir que toda la Policía está corrupta es una irresponsabilidad brutal”, sostiene. “Uno o dos inspectores vinculados al narcotráfico no pueden empañar el trabajo de 70.000 policías”.
"Necesitamos que se nos deje trabajar"
La conversación deriva inevitablemente hacia las presiones políticas y las acusaciones cruzadas entre partidos sobre investigaciones judiciales. López reconoce que existen “injerencias”, especialmente mediáticas y externas, sobre determinadas causas sensibles. “Nuestro mayor valor es la neutralidad”, asegura. “Los mandos necesitamos que se nos deje trabajar y que sólo jueces y fiscales dirijan las investigaciones”.
Sin embargo, matiza que nunca ha visto órdenes directas de responsables políticos para frenar diligencias o investigaciones concretas. “Eso yo no lo he visto en mi vida”, afirma. “A nosotros quien nos dirige las investigaciones es al poder judicial”. Según explica, el funcionamiento ordinario de Policía Judicial depende de jueces y fiscales, especialmente en investigaciones complejas relacionadas con corrupción, crimen organizado o narcotráfico.
En paralelo a los grandes casos mediáticos, López dibuja también una Policía sometida a un desgaste silencioso. Habla de agresiones constantes a agentes, de presión psicológica acumulada y de una salud mental que, durante años, permaneció como un tabú interno.
La salud mental de los agentes
“Afortunadamente ya se reconoce la salud mental como una cuestión laboral”, señala. Explica que la Policía cuenta actualmente con mecanismos de seguimiento para agentes con bajas psicológicas y programas de prevención del suicidio. “Un policía vive constantemente los peores momentos de la sociedad: homicidios, accidentes, violaciones, asesinatos… todo eso acaba pasando factura”.
Aunque evita hablar de una crisis específica dentro del cuerpo, sí reconoce que la profesión tiene “un riesgo inherente” que muchas veces se mezcla con problemas personales o familiares. “Hay compañeros a los que la situación les supera”, admite.
Ese reconocimiento del riesgo conecta con una de las grandes reivindicaciones actuales de policías y guardias civiles: ser considerados profesión de riesgo a efectos de jubilación. López explica que sindicatos policiales y asociaciones de la Guardia Civil mantienen una negociación abierta con el Ministerio del Interior para avanzar en esa dirección.
Las mafias no tienen miedo
“Parece mentira que después de los muertos y las agresiones que estamos dejando encima de la mesa no seamos reconocidos como profesión de riesgo”, lamenta.
Pero si hay un territorio donde todas esas tensiones convergen, ese es el Campo de Gibraltar. Allí, explica, el narcotráfico ya no es sólo un problema policial, sino “estructural y social”. “Hay familias enteras que viven históricamente del narcotráfico”, afirma. “A un chaval joven le ofrecen 3.000 o 4.000 euros por descargar fardos durante una noche. Contra eso no basta sólo con detenciones”.
López describe un escenario donde las mafias han perdido el miedo a enfrentarse directamente con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Recuerda el asesinato de los dos guardias civiles arrollados por una narcolancha en Barbate o la muerte de agentes en actuaciones contra narcotraficantes.
“Cada vez son más violentos”, advierte. “Cuando les cortas financiación, rutas o medios, reaccionan con más agresividad”. Según explica, las organizaciones criminales están accediendo ya a “armas de guerra”, incluidas armas automáticas y fusiles de asalto. “Eso obliga a tener más formación, más medios y más seguridad jurídica”.
El líder sindical reclama un “plan de acción concreto” para el Campo de Gibraltar que combine refuerzos policiales, inversión y cooperación internacional. Especialmente con países africanos desde donde parten rutas de inmigración ilegal y tráfico de drogas.
Las mafias como franquicias
“Las mafias operan como franquicias”, resume. “Aunque estén en Europa, trabajan sobre el terreno en Marruecos, Argelia o países africanos”. Y ahí, insiste, la clave pasa por actuar también en origen.
Pese al diagnóstico duro, López rechaza cualquier idea de derrota. “El narcotráfico no va a ganar la batalla”, asegura. Pero inmediatamente vuelve a la misma idea que atraviesa toda la conversación: mientras las mafias innovan y se adaptan, el Estado necesita modernizarse más rápido. “Seguimos teniendo leyes y herramientas del siglo pasado”, lamenta. “Necesitamos una Policía del siglo XXI para combatir amenazas del siglo XXI”, concluye.
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