Rodeado de unas Juventudes Socialistas incondicionales, que en su 27º Congreso han elegido a Aránzazu Figueroa como primera mujer secretaria general de su historia, y tras una semana crítica en la que la entrada de la UCO en la sede del PSOE se ha sumado a la crisis abierta con la imputación de José Luis Rodríguez Zapatero, Pedro Sánchez ha vuelto a hacer alarde de su proverbial capacidad de resistencia con un discurso hecho para galvanizar a su cantera, pero también para demostrar a sus votantes y sus adversarios que está dispuesto a seguir "hasta 2027 y más allá".

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En el auditorio brutalista de la sede de UGT en Madrid, sobre un escenario hecho a base de palés y vestido juvenilmente con una camisa azul con un botón rojo en el bolsillo y pantalones pitillo, el presidente del Gobierno se ha sumado implícitamente a las voces que sugieren la existencia de una conspiración de "la derecha y ultraderecha política y mediática" para derribar al Gobierno de "coalición progresista". Ha citado a "este expresidente Aznar", "un personaje que siempre se ha sobreestimado". Ha presumido de logros y de "determinación" para extirpar del partido los "comportamientos inapropiados", pero también para responder a "las malas artes" de una "oposición marrullera". Ha pedido más tiempo para que las reformas socialistas "echen raíces y formen parte del sentido común de la ciudadanía". Y ha explicitado que le sobran las "ganas" para seguir en La Moncloa. No hay mayor honor que ser el presidente del Gobierno "del mejor país del mundo", ha concluido antes de sumarse al protocolario canto de La Internacional junto a sus Juventudes, él sin el puño en alto.

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